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14 de diciembre 2023 - 12:09hs

Por Gillian Tett

Hace dos décadas, Arturo Cifuentes, un financiero chileno, utilizó sus habilidades cuantitativas para analizar derivados financieros con impactante resultado: mucho antes de 2008, él advirtió de que se avecinaba una crisis financiera (lo que influyó en mi propio periodismo).

Actualmente, sin embargo, Cifuentes tiene otra misión: él está reposicionando sus habilidades para analizar el arte, explorando temas como el rendimiento relativo y el perfil de riesgo de las pinturas de Jean-Michel Basquiat. Los complejos cálculos del libro del que es coautor con Ventura Charlin, The Worth of Art (El valor del arte), sugieren que Basquiat no sólo supera a los valores estadounidenses, sino también a las obras de Renoir y Matisse.

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¿Es esto algo bueno? Es un asunto intrigante sobre el que podemos reflexionar conforme se pone en marcha la feria internacional de arte Art Basel Miami Beach, entre fiestas, chismes de celebridades y frenéticos debates sobre tendencias artísticas.

Anteriormente, los artistas y coleccionistas preferían pensar en este mundo en términos de creatividad, no de finanzas. Al fin y al cabo, los precios del arte se rigen por esquivas costumbres culturales, no por el valor utilitario; o, como cínicamente observó el sociólogo estadounidense Thorstein Veblen, por señales relacionadas con el estatus social. Éstos parecieran desafiar cualquier hoja de cálculo.

Sin embargo, Cifuentes no es el único que mira la creatividad a través de un lente cuantitativo. Un número creciente de coleccionistas de arte también están enfocados en un marco de inversión. Esto pudiera horrorizar a los artistas. Pero esta financierización podría proporcionar un gran beneficio: más transparencia. Y esto es sumamente necesario, dado que el mundo del arte ha sido tan turbio — y propenso al escándalo — como los derivados en décadas pasadas.

Así lo ponen de manifiesto recientes encuestas. Tomemos como ejemplo una encuesta bienal realizada desde 2011 por las consultoras Deloitte Private y ArtTactic sobre las "partes interesadas" en el arte, como los gestores de patrimonios, las oficinas de inversión familiar y los corredores de bolsa.

El informe de 2023 señala que se ha producido "un cambio significativo" en las actitudes hacia el arte durante la última década. En 2014, sólo el 53 por ciento de los gestores de patrimonios consideraba que la pericia en el ámbito artístico formaba parte de su industria. Sin embargo, en 2016 este porcentaje aumentó al 78 por ciento y ahora se sitúa en el 90 por ciento.

Tres cuartas partes de los gestores de patrimonios actualmente ofrecen servicios de arte, en comparación con una cuarta parte en 2011, mientras que el 41 por ciento de los coleccionistas ahora citan el valor financiero como "su principal motivación" para comprar obras de arte, el nivel más alto desde que comenzó la encuesta.

Otro estudio anual realizado por UBS y Art Basel, conducido durante una década, se hace eco de este tema, aunque con algunas diferencias en los detalles. Este año se encuestó a casi 3,000 personas con un alto patrimonio neto, quienes controlan unos US$2 billones que pudieran destinarse al arte. Los motivos financieros se citaron como la segunda razón más importante para comprar obras de arte, sólo superada por el "placer personal y la identidad" (excepto en Brasil y Japón, donde de hecho dominaron los motivos financieros).

El informe también señaló un aumento de las compras "basadas en la investigación", es decir, las que se realizan después de hacer cálculos en lugar de por impulso. Y, añade el informe, que ha habido una "explosión" en el uso del crédito: cerca de la mitad de los coleccionistas reportan haber comprado arte mediante préstamos, y el arte se utiliza cada vez más como garantía para obtener préstamos. En otras palabras, la financierización se está produciendo en varios frentes.

¿Por qué? Una probable razón es que las personas adineradas desean diversificar sus carteras en un momento en que las perspectivas de los activos tradicionales se están volviendo impredecibles debido a las oscilaciones de las tasas de interés y al riesgo geopolítico.

Puede que esta táctica no siempre sea tan eficaz como la gente espera. En la actualidad, los coleccionistas — o los inversionistas — parecen optimistas con respecto al mercado y ligeramente más alcistas de lo que son respecto a las acciones: el 77 por ciento anticipa que los precios del arte subirán el año que viene, según el informe de UBS.

Pero el creciente uso del crédito podría hacer que los precios del arte siguieran más de cerca el ciclo de las tasas de interés en el futuro. Y el comportamiento de los precios en el pasado ha sido muy desigual. El Índice Knight Frank de Inversiones de Lujo (KFLII, por sus siglas en inglés), por ejemplo, sugiere que los precios del arte subieron un 30 por ciento el año pasado, superando a la mayoría de los demás activos. Sin embargo, el informe de UBS muestra que algunos sectores, como el de los tokens no fungibles (NFT, por sus siglas en inglés), recientemente han experimentado un colapso de su valor.

Por su parte, el informe de Deloitte señala que el índice Artnet de bellas artes sólo registró una tasa de crecimiento anual compuesto del 2.5 por ciento entre 2008 y 2023. Esta tasa es inferior a la del S&P 500, a la del sector inmobiliario y a la del oro (8.5 por ciento, 3.8 por ciento y 4.9 por ciento, respectivamente).

La segunda cuestión que está impulsando esta financierización es la transparencia. Tal como lo señala el informe de Deloitte, más del 80 por ciento de los gestores de patrimonios creen que en el futuro habrá más visibilidad en torno a las operaciones, a las comisiones y a la proveniencia, debido a la rápida expansión del uso de la tecnología digital.

Las subastas de arte en línea, las cuales proliferaron durante la pandemia, son un ejemplo de ello. Otros son los registros digitales de ventas y precios, así como el uso de tecnologías de cadena de bloques para establecer la procedencia.

Hasta ahora los resultados han sido irregulares; algunos rincones del mercado siguen siendo muy turbios. Pero cuanto más creíble y transparente se vuelva, más probabilidades tendrá de atraer a nuevos inversionistas, quienes, a su vez, esperarán todavía más transparencia, en un ciclo que se autorrefuerza.

No esperes que esto suscite mucha discusión en las galerías de Miami esta semana. En las ferias de arte, "financierización" sigue siendo una mala palabra. Pero si esta tendencia lleva más dinero al mundo del arte, los artistas deberían tener motivos para brindar por ello. Como dice Cifuentes, incluso los algoritmos pueden crear belleza.

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