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María Inés Fariello en la Facultad de Ingeniería

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La biomatemática que juega entre disciplinas y asesoró “tras bambalinas” en las peores olas

Cruzó las fronteras de la matemática con la genética, consiguió su doctorado en Francia y jugó un rol protagónico en el asesoramiento durante las peores olas del covid-19

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05 de marzo de 2022 a las 05:00

Hubo momentos a fines del 2020 y mediados del 2021 en que los números mantenían en vilo a la agenda pública, y cualquier lectura podía estallar en los principales titulares o hasta tocar las puertas de Torre Ejecutiva. Expertos en datos del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) atendían las incesantes consultas periodísticas con cautela. 

"De repente yo tenía que decir: 'Estamos registrando un tercio de lo que está pasando y probablemente haya el doble de casos'. Eso podía sembrar mucho pánico si no tenías cuidado en cómo lo decías", recuerda María Inés ('Maine') Fariello, doctorada en Biomatemática, una de las voces más atendidas durante esas olas de covid-19. "No es lo mismo comunicar en una situación normal que en medio de una catástrofe", reconoce. 

"Arriesgaste y te salió bien", le comentó Rafael Radi, coordinador del GACH, luego de que ella estuviera en Polémica en el Bar en febrero del 2021. Fariello cuenta entre risas que la invitación para hablar sobre la mujer en la ciencia devino –indefectiblemente– en discusiones de pandemia. La experta forjada durante varios años de estudio en el "cruce de disciplinas" con la llamada "matemática aplicada" podía referir con autoridad a casi cualquier ítem sobre el coronavirus.

"La principal característica que tiene es que todos los temas le parecen interesantes", destaca en ese sentido el ingeniero Guillermo Moncecchi, hoy jerarca de la Intendencia de Montevideo, con quien compartió tareas en el Grupo Interdisciplinario de Análisis de Datos (Guiad). "Ella es matemática. Sin embargo, si querés hablar de cualquier cosa del covid, hablás con Maine", señala.

Del barrio a Toulouse

'Maine' creció en el Pocitos de los 80' y los 90'. "Vivíamos en la vereda", relata. Los niños jugaban en la calle y los equipos se formaban con la "pertenencia a la cuadra", a la altura de Bulevar España y Enrique Muñoz. En su caso coincidió que "las nenas eran tres años más grandes o más chicas", así que pasaba mucho entre varones. "Ella se mezclaba en los partidos. Era una más y repartía", se ríe el hoy periodista Juan Miguel Carzolio, en aquellos tiempos un "gran rival de la esquina del costado".

La escuela y el liceo los hizo en el Colegio Alemán, que tenía un séptimo año para bachillerato alemán. Después de 6° Arquitectura, inició en las mañanas esa recta final, al tiempo que arrancó con matemáticas en la Facultad de Ciencias por las tardes.

¿Por qué esa disciplina? "Me resultaba fácil y me gustaba", responde. "En Historia y Literatura del liceo no me iba mal, tenía 8 o 9. Pero con Biología, Física, Química y Matemática, cuando terminaba el año, las notas eran todas de dos cifras". La huelga del 2002 "coincidió justo" con los exámenes del bachillerato, que pudo dar con mayor soltura antes de retomar en diciembre la vorágine universitaria. 

"La crisis pegó súper fuerte en casa", y en esa fecha empezó a trabajar. A ella le tocó cubrir los costos de la luz y el teléfono. Empezó de 15 a 21 como promotora en el Montevideo Shopping. "Ahí perdí mi primer examen de la vida", confiesa, y el estudio se ralentizó un poco. Después pasó como ayudante de encargada en una peluquería de Punta Carretas. "Me iba a las 10 de la noche. Por momentos me levantaba a las 6 de la mañana, estudiaba hasta las 9 y me iba a trabajar", reconstruye.

Por cada dos sábados que trabajara, podía librar el otro. "Entonces salía los viernes de los fines de semana que me tocaba trabajar doce horas, porque igual era un día perdido como para estudiar. Pero cuando no trabajaba, achicaba para estudiar", asegura. En agosto de 2005 consiguió el Grado 1 y pudo entrar como asistente en las facultades de Ciencias e Ingeniería.

Sus aportes en el hogar los mantuvo religiosamente hasta 2010, cuando partió hacia Toulouse (Francia) para comenzar una maestría. 

Entre disciplinas

Mientras aún cursaba la licenciatura, el Grado 5 de Matemática, Mario Wschebor, le dijo que necesitaba saber más matemática para aplicar en modelos. El distinguido académico se sumó así a la materia de Probabilidad Estadística, una asignatura para segundo año de facultad, en la que compartió el semestre con Fariello.

"El último día nos dio una clase de cómo se aplicaban cadenas de Markov a la biología para reloj molecular. Si vos estudiás el ADN de dos especies diferentes, de acuerdo a la cantidad de diferencias que encuentres, podés estimar cuánto tiempo atrás se separaron. Nos contó todo el modelo de matemáticas que se aplicaba, y yo pensé: '¡Esto está buenísimo!'". 

Esa clase allanó el camino. 'Maine' se anotó en Evolución, pese a que era una materia de 3° de Biología, y luego en Genética. El propio Wschebor haría años más tarde el contacto con la Universidad de Toulouse, a donde se aventuró para una maestría en Matemática aplicada a Biología. Y ahí se quedó cuatro años hasta 2013, para consolidar un doctorado que combina a la matemática y la genética. 

María Inés Fariello en la Facultad de Ingeniería

 

"En ese momento un matemático en la industria era bastante impensable", sostiene. "Terminar la licenciatura era como tener 3° de liceo. No terminar el doctorado era como no haber terminado el liceo", compara. Su consagración académica estuvo acompañada hasta de una oferta laboral en Chicago, pero la vuelta al país pudo más. 

"Ella es alguien que surgió de la comunidad matemática uruguaya, se separó un poco, –hizo un doctorado por otra línea–, y después de eso se plantó fuerte con una línea de investigación. Eso es muy suyo, es su sello", subraya el ingeniero Federico Lecumberry, con quien trabaja codo a codo. "Es un diferencial y la define", afirma. "Es una persona que logra integrarse a grupos muy fácilmente y eso es parte de cruzar las disciplinas"

Hoy Fariello tiene dedicación total en la Universidad de la República (Udelar) y los dos expertos trabajan en un proyecto que permita, a través del genotipado de un toro Hereford, "saber qué tan buenas productoras de leche van a ser sus hijas". Otro proyecto con el virólogo Gonzalo Moratorio apunta a "predecir cómo va a mutar el virus" de manos, pies y bocas. "Eso sirve después para hacer una vacuna con un virus que sus mutaciones naturales lo lleven a morirse", resume. 

Y todo eso –la investigación y la docencia– en simultáneo con su ser madre de tres. "Es importante demostrar que hay gente haciendo matemática en Uruguay", sostiene. "Que es una ciencia que importa, que no es un mundo abstracto, que hay mujeres jóvenes".

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