Sabemos que el mundo en el que vivimos cambió sustancialmente en los últimos años, y teníamos varias señales para sospechar lo que se venía (ejemplo, la victoria de Trump y el Brexit en 2016). Sin embargo, la pandemia y posterior guerra en Ucrania aceleraron aún más el proceso, poniendo en cuestión el modelo de desarrollo y gobernanza global surgido tras el final de la Guerra Fría. Dicho modelo (grosso modo) tenía como pilares básicos los postulados del llamado “Consenso de Washington”, a saber: disciplina fiscal, gasto público focalizado, tipos impositivos moderados, liberalización financiera, tipos de cambio competitivos, liberalización comercial, globalización, desregulación y seguridad jurídica para los derechos de propiedad, etc.
- El problema del deterioro de la base industrial de los Estados Unidos, con cadenas enteras de suministro de bienes estratégicos que se trasladaron al extranjero.
- El problema de un tipo de crecimiento económico que privilegió algunos sectores de la economía, como las finanzas, en detrimento de otros, como los semiconductores y la infraestructura.
- Los riesgos de la idea de que la mayor integración económica haría a las naciones más responsables y abiertas, y que el orden global sería más pacífico y cooperativo, cuando es claro que la realidad no ha avanzado en ese sentido.
- El desafío de la interdependencia económica producto de la liberalización y la globalización y los riesgos que la misma terminó generando (incertidumbre energética en Europa, vulnerabilidades en la cadena de suministro de bienes críticos como equipos médicos, semiconductores, minerales críticos.
- La crisis climática que se acelera y la necesidad urgente de una transición energética justa y eficiente.
- Y, por último, aparece el desafío de la creciente desigualdad (real o percibida) y el daño que esta genera en las democracias.
Como resultado de todo esto, cada día es más nítido que transitamos hacia un mundo de creciente fragmentación económica, aumento del proteccionismo, etc., que no contribuirá para nada a hacer más eficientes las cadenas de suministros globales. De hecho, hoy la prioridad es más la resiliencia/confiabilidad que la eficiencia.