“Pez-gato capturado en Beaver Pond”, 1909. Un hombre inspecciona un pez-gato que es trasladado en una carreta
"Papas gigantes", 1909
"La lubina que atrapé"
"Una mina de oro en la granja", 1911
"Llevando las gavillas", Kansas City, Missouri, 1908
"Zanahorias", 1913
"Esculpiendo sandías en Kansas", Arkansas City, Kansas, 1907
"Atrapado con los bienes", 1913. Un hombre pequeño es confrontado por una gallina gigante en Wisconsin
"Temprano en la mañana en la granja", 1909
“Fiesta de melones”, 1911. Una postal con fotomontaje ambientada en Waupun, Wisconsin
"Crecidas en Augusta, Wis", 1910. Fotomontaje de un grupo de frutillas gigantes
"Aeronave de Kansas", 1913. Fotomontaje de un saltamontes gigante llevando una canasta con una bebé adentro
"Enlazando un conejo"
"Nuestro maíz". Fotomontaje de un choclo gigante
Frutas y vegetales gigantes, gallinas del tamaño de elefantes y un pez con cabeza de gato son algunos de los (aparentes) disparates que se muestran en estas imágenes.
Se trata de una serie de postales de la década de 1900, recogidas por la revista Wired, donde la foto original ha sido manipulada.
Photoshop prehistórico
Aunque rudimentarias, las técnicas empleadas para alterar las fotografías son sorprendentes si se tiene en cuenta las herramientas con las que se contaba en esa época, en la que Photoshop todavía no era ni siquiera un sueño.
Exposición múltiple, perspectiva forzada, impresión combinada, pintar la imagen y retocar los negativos y revelados eran algunas de las técnicas a partir de las cuales nacieron estas postales.
En ellas se combinan elementos de la realidad con otros de ficción, por lo que también se las ha llamado “exageraciones”. En este caso, pretenden afirmar el mito de la abundancia que se vivía en la época, si bien muchas veces la realidad idealizada no coincidía con la falla de los cultivos.
De todas formas, fotógrafos como Alfred Stanley, Oscar Ericsson, M.W. Bailey, Edgard Mitchell y William Martin incluyeron en sus colecciones fotos semi realistas. Y otras que “jamás engañarían el ojo”, como dijo a Wired el escritor e historicista Jim Linderman.