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18 de julio 2023 - 5:03hs

El cruento conflicto bélico que golpea a Sudán desde el pasado 15 de abril entre al ejército comandado por el general Abdel Fatah al Burhan y los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), lideradas por el general Mohamed Hamdan Daglo, pone en riesgo la producción de cultivos básicos y amenaza con hundir a la nación africana en la hambruna.

Según agricultores, expertos y trabajadores que desempeñan tareas humanitarias, los retrasos en las siembras de los cultivos es consecuencia de la guerra civil que provocó la falta de crédito y disparó los precios de insumos clave, como fertilizantes, semillas y combustibles.

La situación, que se complica todavía más por las fuertes lluvias que se esperan para este mes, las que podrían impedir las siembras, sugiere que el empeoramiento de las condiciones para la agricultura podría desembocar en un escenario mucho peor que el estimado por Naciones Unidas (ONU) y las agencias internacionales.

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En el pasado mes de mayo, los expertos de la ONU calcularon que el número de personas que pasaban hambre en Sudán aumentaría a 19,1 millones en agosto próximo, unos tres millones más que antes que estallara el conflicto. La escasez de alimentos afecta tanto a las poblaciones urbanas como a las rurales.

Es el caso de Imad Mohammed, de 32 años y profesor en una escuela pública del estado de Al Jazirah. “Sólo comemos una vez al día ahora”, dice el hombre, con una familia de cinco personas a sustentar. “Y no sabemos cuánto va durar esto”, añade Mohammed, que se salvó de los brutales combates, pero no de la escasez provocada por la guerra.

Cuando los primeros combates sacudieron Jartum, la capital del país, los bancos cerraron sus puertas y las oficinas públicas del resto del país se vieron con dificultades para seguir funcionando porque quedaron desconectadas de sus sedes en la capital, lo que determinó el quiebre de la mayor parte de las cadenas de suministro.

Según los observadores internacionales, la escasez de productos básicos esenciales para la agricultura, exacerbada por el saqueo de almacenes, agravaría todavía más la crisis alimentaria estructural que afecta al país desde hace décadas, además de privar a Sudán de las divisas necesarias para importar productos básicos.

Según los registros oficiales, los cultivos comerciales como el sésamo, el sorgo, el mijo y el maní representaron unos US$ 1.600 millones en ingresos por exportaciones durante el año pasado en un país en el que, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el 65% de sus 49 millones de habitantes trabaja en el sector agrícola.

Si bien la ONU afirma que es demasiado pronto para declarar oficialmente una hambruna en Sudán, los agricultores locales creen que la situación se agravará y se dirige ya en esa dirección. Así lo señalan los líderes sindicales del sector, al tiempo que advierten que para esta época del año deberían haber comenzado las siembras de maní y sorgo, algo que no ocurrió en varias regiones del país, especialmente en el sudeste.

En un intento por mitigar la situación, que incluye desafíos logísticos y de seguridad, la FAO comenzó la distribución de emergencia de semillas de sorgo, mijo y sésamo con el objetivo de cubrir las necesidades alimentarias básicas de entre 13 y 19 millones de personas. Ayuda que, sin embargo, según muchos agricultores, llega tarde para poder sembrar.

Aunque los cruentos combates, que dejaron miles de muertos y casi tres millones de desplazados, no se extendieron a todas las áreas agrícolas, impactaron en los mecanismos de financiación, debido a que los bancos limitaron severamente sus operaciones, al tiempo que las cadenas de suministro centradas en la capital se vieron interrumpidas en muchos casos.

Incluso muchos depósitos de insumos, como fertilizantes, semillas y pesticidas, fueron saqueados. En este contexto, los agricultores suman a los tradicionales desafíos el reto de pagar los préstamos obtenidos antes del inicio de la guerra para obtener así nuevos fondos y continuar con los ciclos de siembra y cosecha.

Los que no dependen de los créditos, dependen de los ingresos por la venta de los cultivos cosechados en la temporada anterior, ventas que no pueden concretar debido a que el mercado agrícola está concentrado en Jartum, escenario de algunos de los más feroces combates entre el Ejército y los paramilitares de las FAR.

En mayo, el gobierno lanzó una serie de medidas para que los agricultores continuaran con los preparativos para la temporada de siembra de verano, medidas que incluyeron una promesa no concretada de proporcionar semillas e insumos a través del Banco Agrícola vinculado con el Estado.

Según advirtió el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU, incluso los pocos agricultores que pueden acceder a créditos se ven afectados por los fuertes aumentos en los precios de los insumos, incluidas semillas, fertilizantes y pesticidas. En el caso del combustible, su precio se triplicó desde que comenzó el conflicto.

El impacto de la guerra en el sector agrícola afecta no sólo a los pequeños agricultores, sino también a las explotaciones más tecnificadas, como las que cuentan con sistemas de riego y producen la mayor parte de las exportaciones del país, lo que augura una inminente falta de divisas para solventar la importación de alimentos y productos esenciales, ya obstaculizada por la guerra y el colapso de sistema bancario.

Según las agencias internacionales, la situación es tan compleja y la escasez de alimentos tan acuciante que muchos pequeños agricultores recurrieron a sus existencias de semillas para alimentarse, lo que reduce todavía más la cantidad disponible para sembrar, en especial en las regiones de Darfur, Kordofán, Nilo Blanco y Sennar.

Según la ONU, de no estabilizarse la situación política, unos 2,5 millones de personas dentro de Sudán enfrentarán hambre aguda en los próximos meses. Con la disparada de los precios de los alimentos, los servicios básicos cada vez más escasos, los salarios congelados y las cadenas de suministros casi paralizadas, más de la mitad del país, de 48 millones de habitantes, dependen hoy de la ayuda humanitaria.

(Con información de agencias)

 

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