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La guerra tecnológica

Toda la atención está en la guerra comercial entre China y Estados Unidos 

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22 de febrero de 2019 a las 05:03

El año pasado el presidente Trump impuso aranceles sobre la importación de acero y aluminio, forzó una renegociación del Tlcan, inició un conflicto aún no resuelto con la Unión Europea e impuso tarifas sobre las importaciones provenientes de China. Aunque no es de carácter mundial, es  una guerra comercial de proporciones. 
Pero entretanto, otras acciones de Estados Unidos contra China conforman una segunda línea de enfrentamiento entre ambos países, tan  importante como el comercial.

En el 2017, el gobierno estadounidense sancionó a la empresa china ZTE, y le prohibió la compra de chips fabricados por la firma estadounidense Qualcomm. Esta prohibición fue levantada poco tiempo después como consecuencia de un pedido personal del presidente de China  Xi Jinping al Presidente Trump y luego que ZTE pagara una multa importante por sus acciones. Pero fue un aviso de lo que estaba por venir.

En estos días, las exportaciones estadounidenses a otra empresa china, Fujian Jinhua, fueron puestas bajo control del gobierno de Trump. FJ es una empresa de propiedad pública especializada en la fabricación de chips de memoria de uso en iPhones y computadoras, que permiten un acceso instantáneo a la información archivada. En la actualidad está construyendo una fábrica de US$ 5.700 millones, la mayor de China, para una producción anual de US$ 1.600 millones de chips de memoria. 

Pero quizá la acción más importante en esta línea de control de las empresas tecnológicas chinas fue la que tuvo lugar a fines del pasado mes de enero, por la que el gobierno de EEUU acusó formalmente a la empresa china Huawei y a su principal gerente financiero de robar tecnología americana y de violar las sanciones contra Irán. Huawei es una empresa cada vez más importante en el mercado mundial de 5G, la próxima generación de la tecnología inalámbrica. 
Una primera acusación es el intento de robo de tecnología de T-Mobile, uno de sus socios americanos, de un robot relacionado con los teléfonos móviles. Otra acusación fue que en el 2013, una empresa propiedad de Huawei negoció la venta de equipos Hewlett-Packard a una firma de telecomunicaciones de Irán, violando las  leyes de embargo comercial vigentes en ese entonces.   

El caso es aún más grave porque el acusado gerente financiero de Huawei es Meng Wanzhou, la hija de Ren Zhengfei, el fundador de la empresa. Ella está detenida desde el pasado mes de diciembre en Canadá, a la espera del resultado del correspondiente pedido de extradición promovido por la justicia estadounidense.   
Tal como era de esperar, las autoridades de Huawei niegan las acusaciones en su contra. A su vez, el gobierno de China se ha pronunciado en su apoyo. 

La mayor preocupación del gobierno de Trump sobre Huawei es su relación y eventual dependencia del gobierno chino, que podría inducir  acciones de espionaje a través de sus actividades. Si bien la empresa alega que es independiente de Pekín, porque es propiedad de sus empleados y cada año se somete a una auditoría de  KPMG, también es cierto que Ren Zhengfei es miembro del Partido Comunista chino.
Al igual que en los otros casos, la acusación contra Huawei puede derivar, entre otras sanciones, en su inclusión en la lista de empresas cuyas compras de software e insumos americanos queden sujetas al control de las autoridades. 
Otros intentos del gobierno estadounidense tienen un alcance más amplio pero van en la misma línea de limitar el desarrollo de las empresas chinas en el sector de tecnologías avanzadas. 

La reciente ley de Reforma del Control de las Exportaciones aumentó el control oficial sobre la exportación de tecnologías que puedan tener importancia para la seguridad nacional. Lo mismo ocurre con el  control de las inversiones del exterior, sobre las que el gobierno tiene ahora una mayor supervisión, en particular en el caso del ingreso de los chinos en las empresas tecnológicas.  

Estados Unidos también busca persuadir a otros países desarrollados sobre la conveniencia de aplicar estas acciones preventivas, en particular la actividad de Huawei en el desarrollo de las redes de 5G. Así, países como Canadá,  Australia, Nueva Zelanda, Alemania, Francia y Noruega están cuidando la presencia de empresas chinas en la instalación de  comunicaciones móviles 5G, en especial porque están previstas varias subastas para el año en curso. En contraposición, por ahora el Reino Unido considera que está en condiciones de controlar el riesgo que puede derivar del uso de equipos de Huawei en sus sistemas 5G de telecomunicaciones.
De un modo u otro, Estados Unidos intenta trabar el desarrollo tecnológico chino para retener su supremacía en determinado sectores tecnológicos, en los que las redes 5G ocupan una posición determinante. Esa intención se ha actualizado ante la realidad de que las empresas tecnológicas chinas están recibiendo subsidios públicos bajo el programa China 2025, con el fin de ponerse a la vanguardia mundial.

Hasta ahora la atención pública se ha concentrado en la guerra comercial. En estos días hay distintas versiones sobre el fin de las negociaciones entre Estados Unidos y China para buscar una solución antes de fin de mes al conflicto entre ellos. Pero el enfrentamiento por el dominio de las tecnologías de avanzada sigue su curso. 

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