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28 de enero 2023 - 5:00hs

La Organización Mundial para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sugirió en varias ocasiones que algunos insectos, ricos en vitaminas y proteínas, pueden ser una fuente de alimentos para las futuras generaciones. De hecho, unas 2.000 especies ya se consumen en algunos países de Asia, América y África. Hoy, que la agricultura y la ganadería son los principales factores de la pérdida de biodiversidad por el avance de la frontera agropecuaria e importantes contribuyentes a las emisiones de efecto invernadero, la producción a escala de alimentos a partir de insectos se perfila como un sector emergente.

En ese contexto, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) dio luz verde a la venta de larvas de gusano de harina y grillos en polvo, ya sea en forma de pasta, deshidratados o parcialmente desgrasados. Entre otras consideraciones, uno de los motivos aducidos por el organismo señala que entre el 35% y el 60% del peso seco de los insectos está constituido por proteínas. Otro argumento a favor: que los insectos son mejores que el ganado a la hora de transformar las calorías de su alimento en calorías en su cuerpo. Además, los insectos se reproducen y ganan peso con gran velocidad rapidez.

Aunque para la cultura occidental la idea de comer criaturas que se retuercen o arrastran no es precisamente atractiva, algunos insectos constituyen manjares en los restaurantes de lujo en muchas partes del mundo y forman parte normal y saludable de la dieta, como en México y Tailandia. Ahora, ante el reto de reducir las emisiones de gases invernadero, los insectos también captaron la atención de científicos y empresas que buscan sanear la agricultura y alimentar a la creciente población del planeta.

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"Nadie se verá obligado a comer insectos", aclaró la Comisión Europea (CE) poco después que la EFSA comunicara que había autorizado las larvas de gusano de harina y grillos para consumo humano. Aun así, la medida podría acelerar el cambio a dietas menos destructivas para el medio ambiente. En Alemania, por ejemplo, cerca de la mitad de la población tiene previsto comer menos carne; mientras que, en los Estados Unidos, aunque el consumo va en aumento, la gente comenzó a reemplazar la proveniente de ganado vacuno por la carne aviar.

Según los científicos, las proteínas de los insectos podrían ser una alternativa barata, sobre todo en los alimentos procesados. "Es un reto enorme hacer frente a la creciente demanda de productos ganaderos", afirma Tim Searchinger, director técnico del programa de alimentación del Instituto de Recursos Mundiales, una organización estadounidense de investigación medioambiental. "Prácticamente tenemos que buscar todas las vías de solución", afirmó en declaraciones a la cadena de noticias británica BBC.

Por lo pronto, hay varios estudios que tratan de calcular los daños medioambientales derivados del consumo de insectos para compararlos con los ocasionados por la agricultura y la ganadería. Una de esas investigaciones, publicada en 2021, calculó el ciclo de vida de los insectos aptos para consumos humano y lo comparó con la cría de pollos. El estudio reveló que la proteína de los gusanos requiere un 70% menos de tierra y emite un 23% menos de gases invernaderos que la misma cantidad de proteína obtenida de los pollos. Otra investigación, en esta caso de la Universidad de Wageningen, en Países Bajos, concluyó que los grillos producen hasta un 80% menos de metano que las vacas y de 8 a 12 veces menos amoníaco que los cerdos.

Quienes impulsan la producción a escala de insectos para consumo humano argumentan que su cultivo liberaría grandes extensiones de tierra que actualmente se destinan a la cría de animales y para la producción de alimentos para el ganado. Según un grupo de investigadores de la Universidad de Edimburgo, reemplazar la mitad de la carne que se consume en todo el mundo por gusanos de la harina y grillos tiene el potencial de reducir el uso de esas extensiones dedicadas a la agricultura en un tercio, dejando libres 1.680 millones de hectáreas.

"El cultivo de insectos utiliza alrededor de una octava parte de la tierra en comparación con la carne de res", afirma Peter Alexander, responsable del área de seguridad alimentaria de la Universidad de Edimburgo. Para Tilly Collins, investigadora principal del Centro de Política Ambiental de la Escuela Imperial de Londres, los insectos pueden satisfacer algunas necesidades que los alimentos de origen vegetal no son capaces. "Las dietas a base de vegetales a menudo conllevan una huella de carbono considerable. Muchas plantas que la gente quiere comer generan consecuencias ambientales desastrosas. Es preferible cultivar insectos en forma eficiente", afirma la investigadora.

Sobre la eficiencia, convertida en arte en algunos países asiáticos, nadie duda. En primer lugar, por la velocidad con que crecen. Los insectos alcanzan la madurez en días, en lugar de los meses o años que le toma al ganado, y pueden producir miles de crías. Además, son de 12 a 25 veces más eficientes que los animales en convertir la comida que consumen en proteínas. Según la FAO, los grillos necesitan seis veces menos alimento que el ganado vacuno, cuatro veces menos que las ovejas y dos veces menos que los cerdos.

Aunque los argumentos en favor de los insectos parecen concluyentes, quienes impulsan su integración a la dieta habitual admiten que convencer a los consumidores de ingerirlos puede resultar muy difícil. Coinciden en que el asco se considera el mayor obstáculo para su introducción en el mercado alimentario occidental, aunque las dietas occidentales ya incluyen alimentos asociados a la putrefacción, como el queso mohoso y los hongos. Advierten, además, que las investigaciones sobre si las barreras del asco pueden superarse están todavía en sus primeras fases.

Ante esta barrera cultural, los investigadores señalan que las proteínas provenientes de los insectos podrían ser una alternativa para alimentar el ganado. Además, explican que si los insectos se criaran con residuos orgánicos, como ocurre con algunos gusanos de la harina y larvas de mosca, el proceso podría reciclar parte de la enorme cantidad de comida que se desperdicia cada año. Sin embargo, la ecuación no es sencilla. Criar insectos para alimentar a animales supone un paso más en el proceso de producción de alimentos. Si se alimenta a los insectos con cultivos como la soja o el maíz, y esos insectos se utilizan después como pienso para el ganado, el planeta podría salir peor parado.

Por lo pronto, aunque parece lejana la posibilidad de que lo insectos se integren a la dieta occidental, y más lejano todavía que sustituyan el consumo de carne y vegetales, el documento difundido por la EFSA da cuenta de una actividad en pleno auge. Según estimó el organismo, el mercado de insectos podría alcanzar los US$ 4.630 millones anuales sólo en Europa hacia 2027. Las inversiones están en marcha y, según los expertos, sólo resta vencer el temor atávico a los insectos.

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