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Lali Espósito: "Si me guío por lo que quieren ver de mí, voy a estar siempre haciendo lo mismo"

En la previa a la participación de la película "Acusada" en la competencia del Festival de Venecia, Lali Espósito habló sobre su búsqueda por alcanzar la versatilidad como artista y mujer

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08 de septiembre de 2018 a las 13:02

Es pop. Está arriba del escenario, arengando a las masas, cantando estribillos pegadizos entre las luces y el humo, recibiendo aplausos y coros multitudinarios. 

Es activismo. Está presente en los medios reivindicando a la mujer (con polémica por sus dichos sobre el feminismo incluida), abogando por la despenalización del aborto, pidiendo que se escuche al pueblo, levantando el pañuelo verde y posteando la portada de la percha del New York Times en Instagram, donde más de cinco millones de usuarios la siguen todos los días. 

Es comedia. Desde las novelas de Cris Morena a su primer protagónico en el cine con Permitidos (2016) y la taquilla juvenil que arrastra.

Y es también drama judicial, thriller oscuro y denso, es un personaje varado en el infierno psicológico, es Festival de Venecia, se codea con los Coen, con Alfonso Cuarón, con el cine de alto nivel. 

Todo eso es Lali Espósito. Todo guardado en un cuerpo de apenas 26 años que nunca necesitó más de 1,54 centímetros de altura para destacar. No le importa caerle bien a todos, ni que la mayoría esté a gusto con sus decisiones artísticas y personales. Le importa convertirse en la mujer que quiere ser; le importa ser más que Lali. Quiere que se acuerden que también está Mariana, la mujer detrás de la artista. Y en esa búsqueda –que asegura que no está planeada a propósito y que es consecuente con su vida– apareció Acusada.

La película, que compite este sábado por el León de Oro en el Festival de Venecia, está dirigida por Gonzalo Tobal y es otra muestra de que las cosas le están saliendo bien al cine argentino. En Acusada Lali es Dolores, una joven a la que acusan de matar a su mejor amiga y que debe lidiar con un juicio de años y los ojos de todo un país que la señala en silencio y a través de la prensa. Es un giro oscuro y radical para alguien que se ha movido, mayoritariamente, entre rubros más amables con el espectador.

“Es un universo muy oscuro en el que tuve que estar metida por mucho tiempo”, dice Lali, que desde hace varias horas recibe a la prensa en la suite presidencial de un hotel de Buenos Aires. Junto a ella está su director, que asiente con la cabeza y la mirada. Es la previa al viaje a Venecia y, a pesar del cansancio, ambos transmiten energías y confianza en su trabajo. Y diversión, porque aunque tuvieron que descender a ciertos abismos individuales para la película, queda claro que la pasaron muy bien. Los chistes y las carcajadas espontáneas lo demuestran. También algún comentario jocoso y sorpresivo de la estrella a la que todos, en ese momento, miran. Porque todos, siempre, miran a Lali.

Pero a Lali parece no importarle lo que piensen allí en la habitación, ni tampoco lo que vayan a reproducir los medios. Como deja bien claro, ella es así. Y le guste a quien le guste, así va a seguir. Buscando lo que entiende es el secreto del arte: el cambio. 

 

 

La película rompe con su imagen más popular. ¿Fue algo buscado a propósito?

Lali Espósito: Creo que eso es más una mirada de afuera; de otros hacia mí. Porque ni siquiera tengo algo que quebrar. Mañana puedo hacer una comedia y para mí es una decisión artística. Sí soy absolutamente consciente de que es algo muy diferente a todo lo que hice y, de hecho, lo tuve que encarar de esa manera. Estuve atenta a que iba a hacer algo nuevo y que tenía que aprender un montón de cosas que no me eran tan cómodas y que nunca había transitado. Pero lo que más deseo es ser una persona versátil. La peli es una mega posibilidad que se me presentó, que busqué en el casting. Quise que Gonza (Tobal) me eligiera. Pero no lo hice para romper con mi carrera, si no para probar que podía salir de una zona que ya conocía y que me podía descubrir más como actriz. 

¿Siente que está construyendo esa faceta de artista versátil con éxito?

LE: En Argentina somos muy de encasillar al otro en lo que creemos que el otro es y punto. Pero, por ejemplo, si él mañana quiere actuar (señala a Tobal) lo puede hacer. El arte tiene tantos universos. A mí me gusta nadar en cosas que me resultan nuevas, me gusta la intriga de lo novedoso. No me encasillo, ni en pedo. Son los demás los que me encasillan. Yo me muevo libre para elegir.

"En Argentina somos muy de encasillar y yo no me encasillo, ni en pedo. Son los demás los que lo hacen" 

Para usted, como director, ¿esa postura era una oportunidad para explotar una faceta desconocida de Lali?

Gonzalo Tobal: La posibilidad se dio casi de forma casual, pero cuando obviamente fue de gran interés de todas las partes. Para mí una de las cosas más interesantes que aparecieron fue que cuando ella iba a venir al casting le pedí que viniera a cara lavada, lo más natural posible y de vestuario muy tranquila.

LE: Y fui en culo (risas).

GT: El impacto de descubrirla como una chica por fuera de la imagen de estrella pop que conocía fue muy interesante y es un poco lo que le pasa a la gente cuando ve la película. Es un golpe de efecto para quienes la vieron siempre de la misma manera. Y creo que eso también tiene que ver con la película. Al personaje de Dolores la ven como una estrella, por las razones que sean. Los medios la retratan como una estrella y eso esta intencionalmente mostrado. 

Leonardo Sbaraglia y Lali, protagonistas de Acusada. Gentileza Warner Bros.

 

¿Cómo transita el artista la situación de estar tantos días metido en una historia así?

GT: Hay momentos y momentos, pero a veces se pone jodido. Me pasaba que después de algunos ensayos, la película me dejaba mal. Ahora uno ya la hizo, está ahí y todo, pero me acuerdo de que muchas veces me sentí contaminado, con la cara tensa o angustiado. Cuando encarás cosas así, por momentos te toman y uno tiene que poner algún tipo de barrera protectora, pero también te tenés que dejar afectar porque lo decidiste encarar de esa manera.

LE: Yo me obligo, por mi forma de ser, a cortar. Si no lo hiciera no sé qué me sucedería. Terminaba el rodaje y necesitaba hacer chistes, tomarme una birra, hablar de otras cosas. Era la primera vez que tocaba ciertas teclas o lugares tan darkies y me dejaban en un lugar muy subterráneo. Fue intenso tocar lugares tan densos del estado anímico de alguien. Ese fue uno de los aprendizajes más grandes de esta peli: que cuando tocás lugares que no conocés tanto, tenés que aprender a salir sola para tener tu vida y al otro día volver al trabajo. Yo quedaba exhausta a unos niveles enormes. Quedaba seca, como si hubiera corrido una maratón. Perdí mucha energía en la piel de Dolores.

"El impacto de descubrirla como una chica por fuera de la imagen de estrella pop que conocía fue muy interesante y es un poco lo que le pasa a la gente cuando ve la película. Es un golpe de efecto para quienes la vieron siempre de la misma manera"

¿Cómo espera que sean las reacciones de quienes vayan a ver la película pensando en la otra Lali, en la ídola juvenil?

LE: Me encanta que así como uno sale de ciertas zonas ya conocidas, el espectador también descubra a la actriz de otra manera. Para mí es muy obvio decir que el arte se trata de la versatilidad, yo encuentro en ello su explicación. Y esa versatilidad que busco tener me gusta transmitirla. Que haya público para esta película, para los shows, y para el resto de las cosas que haga el día de mañana. Y en cuanto a la gente más joven, me divierte que descubran este cine, a estos actores. Me gusta que se acerquen a ver algo diferente.

¿Esa versatilidad que menciona también tiene que ver con el feminismo y las luchas en las que se ha involucrado, como la despenalización del aborto?

LE: Todo depende de algo feo que voy a decir, pero que quiero que lo comprendan, y es que al público hay que educarlo. Si me guío por lo que quieren ver de mí, voy a estar toda la vida haciendo lo mismo. Y si pienso que a la gente le va a parecer un horror que me una a tal o cual campaña, me voy a volver un ser humano pobre. Sea abogada, cantante o lo que sea. Para mí, lo que viene con convicción va como piña. Después vendrán las reacciones, pero si al público le mostrás con cariño un proyecto, una cara nueva, y de pronto mostrás que te interesa el aspecto social, o que yo como Mariana sigo determinados temas y utilizo la ventana que tengo para ellos, aprenden a verte mejor. Por eso lo hago, pero es súper genuino. Nunca pienso cómo le va a pegar a la gente lo que hago.

"Si me guío por lo que quieren ver de mí, voy a estar toda la vida haciendo lo mismo. Y si pienso que a la gente le va a parecer un horror que me una a tal o cual campaña, me voy a volver un ser humano pobre. Sea abogada, cantante o lo que sea"

Lali en la llegada al Festival de Venecia. AFP

 

Volviendo a Acusada, ¿cómo se abordó el tratamiento judicial? ¿Cómo buscó hacer entretenido algo, a priori, tedioso?

GT: Me fije en un montón de películas de juicios. Fue difícil encontrar referencias en el cine argentino, porque son pocas. Debe tener que ver con la modalidad de nuestros juicios, que son menos cinematográficos que en Estados Unidos. Probablemente tenga que ver, también, que en Hollywood se haya desarrollado tanto ese género. El desafío, en ese sentido, era poner en escena el juicio y filmarlo para hacerlo verosímil y atractivo al mismo tiempo. Si vos filmás un juicio tal como es en Argentina, es un embole infumable. Siempre tuve presente, sin embargo, que no quería que se viera como una imitación yankee. Vi muchos juicios locales en el proceso de investigación. 

Debe de haber sido un proceso bastante engorroso.

GT: No, fue muy interesante...

LE: De hecho, es su plan de todos los martes (risas).

GT: Acá hay juicios que son más dinámicos, con preguntas, respuestas y donde intervienen todos. También tenés otros juicios que son más técnicos, donde se leen 700 fojas y ahí si es imposible de seguir. Pero la verdad que es algo atractivo y lo recomiendo (risas). Son historias, al fin y al cabo. Son instancias muy teatrales.

Gonzalo Tobal, director de Acusada. Gentileza Warner Bros

 

Argentina logró aumentar la cantidad de estrenos al año y captar la atención de los estudios. ¿Cómo ve ese proceso?

GT: Es difícil clasificarlo, pero quizás después de muchos años la renovación de los 2000 en el cine argentino está dando frutos. Creo que hay una producción muy variada y sí, me parece que en los últimos años se estrenan unas 10 o 15 películas que son apuestas fuertes en términos de búsqueda de públicos y lanzamiento. Quizás lo que está más en crisis es el cine de autor, que necesita más apoyo y fomento.

En una entrevista habló de los problemas de distribución, ¿eso se ha aceitado?

GT: No. Sigue siendo el problema central. Obviamente existen estas películas que no lo tienen. Yo tuve la suerte, lo busqué y se dio que la película consiguió los apoyos, que se sumaron socios muy importantes que hicieron posible un lanzamiento tan grande, pero no es lo común. Hay muchas películas que producimos a las que le cuesta muchísimo llegar al público. Y es una pena porque son buenas y tendrían público potencial. 

¿Cómo van a vivir el Festival de Venecia, donde Acusada compite por el premio mayor?

GT: Vamos a ir a robarle los canapés a los hermanos Coen. (risas). Es increíble. Estar ahí es un honor.

LE: No se qué esperar. Bastante impacto me genera ya que hayamos entrado a la competencia oficial. La película está bárbara y capaz inconscientemente uno no se sorprende. Pero a la vez sí, porque que seamos nosotros la representación regional entre tanta película buena es increíble. Siento que lo merece. De verdad tiene condimentos que la hacen universal, no es una problemática netamente argentina. Eso quizás hizo que los que te ponen en el festival la hayan considerado. Y bueno, ahí estaremos. Chochos. Los Coen y nosotros.

 

Actuar, cantar, protestar y luchar

Lali Espósito no tiene, al menos a simple vista, ese velo impenetrable que se corre y oculta a las estrellas cuando aparece un periodista. Quizás –más que quizás; probablemente– esto se deba a que desde los 7 años las luces y los flashes están encima de ella. Verla moverse tan cómoda entre un séquito de maquilladoras y agentes de prensa es la confirmación de la aureola de estrella que carga desde hace años.

Su carrera delante de cámaras comenzó en 1998, cuando participó en el programa infantil Caramelito y vos. A partir de su debut en Rincón de luz, su rostro se convirtió en un producto más del catálogo de la telenovela juvenil argentina. Luego vendrían Floricienta, Chiquititas sin fin, Casi Ángeles, Cuando me sonríes, Dulce Amor, Solamente Vos y Esperanza Mía. Fueron ocho telenovelas en 26 años de vida.

En el cine debutó con un secundario en La pelea de mi vida (2012), con Mariano Martínez, luego participó de la película peruana A los 40 (2014) y tuvo un cameo en Me casé con un boludo (2016). Su primer protagónico llegó con Permitidos (2016), junto a Martín Piroyanski y del director Ariel Winograd.

Su carrera como cantante comenzó en el grupo musical derivado de Casi Ángeles, Teen Angels. De ahí, su salto solista en 2013, donde se metió varias veces en los rankings latinos. Su último  y tercer disco, Brava, salió este año. 

Y así como se ha convertido en una referencia del pop regional, también lo ha hecho en determinadas causas sociales, ya que fue una de las caras visibles en el grupo de famosas argentinas que trabajaron en pos de la despenalización del aborto. Espósito se presentó en las marchas a favor de la ley, portó el pañuelo verde en varias presentaciones –entre ellas los premios Martín Fierro– y se pronunció con fuerza cuando le dieron la oportunidad. Y cuando no, también. Porque lo que queda bien claro es que Lali Espósito hace lo que le gusta, lo que le parece y lo que quiere.

Sbaraglia y Lali en Venecia. AFP

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