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Las seis hipótesis sobre el crimen impune de Lola Chomnalez

El testimonio de un sospechoso abrió nuevos escenarios posibles en la investigación

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10 de abril de 2015 a las 20:34

Casi todos los días llegan personas a las seccionales policiales confesando algún delito. Algunos, por las más diversas razones, cuentan la verdad y son procesados. Otros fabulan, despistan, mienten. Distinguir a los primeros de los segundos es tarea de la Policía y de la Justicia. En ese cruce de caminos está la investigación del crimen de Lola Chomnalez. ¿Es cierto lo que dijo el hombre que confesó haberla visto desmayarse y luego muerta? El asunto es más complejo aún. ¿Cuál de todos sus relatos es el verdadero?

Los investigadores estaban convencidos de que se trataba del homicida, a pesar de que el indagado siempre negó haberla matado. En las primeras horas de la mañana, Policía Científica reveló que la sangre encontrada en la mochila no coincide con el ADN del hombre. El caso tuvo un nuevo tropezón, otra caída. “No sé si el hombre es culpable o no, pero es una aproximación muy grande”, dijo ayer en Rocha el ministro del Interior, Eduardo Bonomi.

A pesar de que el caso no está resuelto como esperaban la Policía y la Justicia, los investigadores consideran que están más cerca del homicida y que saber con precisión cuál fue la participación del riverense en la trama los acercará aun más.

Las pericias psicológicas y psiquiátricas realizadas concluyeron que es imputable y que no presenta anomalías psíquicas. De todas maneras, en las próximas 48 horas se le realizará otra pericia psicológica, informaron fuentes del caso a El Observador.

La Policía llegó al sospechoso, que hoy está en libertad pero emplazado por la Justicia, a través de una denuncia anónima y lo detuvo en Rivera. En la seccional, primero dijo que no había estado en Rocha en el mes de diciembre, pero luego reconoció que sí, que estuvo no solo en Rocha, sino en Valizas, donde mataron a Lola.

El hombre que tiene antecedentes por lesiones y denuncias por violencia doméstica fue trasladado al juzgado de Rocha, donde declaró que si bien estuvo en Valizas nunca había visto a la joven argentina. Sin embargo, luego admitió que sí, que la había conocido.

En el juzgado “modifica dos veces las declaraciones”, informó ayer Bonomi. “Reconoce haber estado con Lola y da detalles que hacen pensar que estuvo”, agregó el ministro. El hombre declaró, concretamente, que tomó agua de la botella que tenía Lola, un detalle preciso que le aportó verosimilitud a su relato.

“Declara que estuvo con ella en el lugar donde aparece luego muerta. (Declara que Lola) se desmaya y él se va. Luego vuelve, la encuentra muerta y se va (otra vez)”, agregó Bonomi.

Seis hipótesis
Luego de saber que la sangre encontrada en la mochila de Lola no le pertenece, este relato, con sus idas y venidas, sus agregados y desmentidos, generó en los investigadores seis escenarios posibles.

La primera: el hombre la vio desmayarse donde apareció muerta, pero nunca volvió. Esta hipótesis se basa en su primera declaración en el juzgado. Supone que un homicida mató a Lola durante su ausencia.

La segunda: la vio desmayarse, se asustó, se fue, volvió y la encontró muerta. Entonces, se fue otra vez. Se apoya en la segunda declaración del indagado. Otra vez, el homicida sería un tercero que la mató en su ausencia.

La tercera: encontró el cadáver de Lola y está fabulando sobre el supuesto encuentro inicial. Una vez más, no se trataría del homicida.

La cuarta: todo lo que plantea es mentira.

La quinta: es el homicida y la sangre que está en la mochila no le pertenece porque plantó la prueba después. Es importante recordar que la mochila apareció enterrada 17 días después del crimen, a pocos metros de donde fue encontrado el cadáver.

La sexta: participó del crimen junto con un cómplice, al que está ocultando, cuya sangre es la que aparece en la mochila.

Aunque el informe de ADN revela que la sangre no le pertenece, lo que coincide con todos sus relatos, esta prueba no descarta su participación en el crimen.

El examen de ADN es una prueba fundamental (más aun a falta de testigos del crimen), para culpar a alguien. Pero es, al mismo tiempo, una prueba más para desligar a un sospechoso del crimen.

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