Lo que queda del 25 de agosto
Olvidado su significado original, bastante incierto, la fecha sirve de excusa para otros asuntos
Hace 192 años un pequeño grupo de orientales rebeldes, reunidos en un rancherío pomposamente llamado San Fernando de la Florida Blanca, declaró su independencia de Brasil, la unión con
Argentina y la adopción de la bandera de los "Treinta y Tres":
azul, blanca y roja, con la leyenda "Libertad o Muerte".
El villorrio de apenas dos o tres centenares de habitantes, cuyo nombre homenajeaba al rey español Fernando VII –un insigne canalla– y a un antiguo ministro, pasó a ser llamado Florida, a secas.
La unión de la Provincia Oriental a las demás Provincias Unidas, o Argentina, aunque hoy suene a herejía, fue aceptada con prevenciones entre 1811 y 1828. Los orientales, como otros provincianos argentinos, detestaban la arrogancia porteña y su vocación de mando, por lo que promovían una amplia autonomía confederada.
Una motivación urgente de los asambleístas de la Florida era embarcar al gobierno de Buenos Aires en la guerra contra Brasil, que Juan Antonio Lavalleja y los suyos llevaban en solitario desde la invasión de abril. Los rebeldes controlaban casi toda la campaña pero los brasileños eran dueños de Montevideo y Colonia, entre otros pueblos, y lo serían hasta bien entrado 1829.
El gobierno argentino, entonces en manos de los unitarios, tardó en aceptar la incorporación de los veleidosos orientales, que implicaba una segura guerra con Brasil. Al fin lo hizo el 25 de octubre, tras la batalla de Sarandí y espoleado por la presión popular y el orgullo nacionalista.
El 10 de enero de 1826 los orientales rebeldes enarbolaron formalmente la bandera argentina, celeste y blanca, en los territorios que controlaban. Después, en el seno del Ejército Republicano, los jefes orientales andarían a las patadas con los porteños –y también entre sí.
La bandera tricolor utilizada por los "Treinta y Tres" en la playa de La Graseada (luego embellecida como La Agraciada) fue portada por última vez por Lavalleja el 12 de octubre de 1852, durante un homenaje. Mucho después, en 1942, fue puesta en exhibición en una caja vidriada en la antigua casa de Lavalleja en Montevideo, propiedad del Museo Histórico Nacional.
El 16 de julio de 1969 fue hurtada por el grupo guerrillero OPR 33, de inspiración anarquista. Tras la derrota de 1972, muchos militantes de ese grupo se refugiaron en Buenos Aires, donde se financiaron con secuestros y fundaron el Partido por la Victoria del Pueblo (PVP). La bandera, de unos 70 por 125 centímetros, fue perdida durante la represión y la huída de 1976.
Si el 25 de agosto no es una fecha del todo acertada, ¿entonces qué día celebrar la independencia?
La jura de la Constitución fue sólo un paso formal, bajo tutela de Brasil y Argentina, para una independencia resuelta dos años antes.
(Se juró el 18 de julio sólo en Montevideo; en el interior, donde entonces residía la gran mayoría de la población, la ceremonia se hizo en los días siguientes debido al mal tiempo).
La independencia de "la Provincia de Montevideo" se acordó en Rio de Janeiro el 27 de agosto de 1828, cuando representantes de Argentina y Brasil firmaron la Convención Preliminar de Paz que acabó con la guerra. El nuevo Estado no tenía nombre ni límites precisos, y en la mesa de negociaciones no hubo un solo oriental.
Faltaron las firmas de los verdaderos gestores de la independencia: los paisanos del interior, que reclamaban "patria neta" y estaban dispuestos a pelear contra Brasil y después contra Buenos Aires, como había hecho
Artigas en 1814; Lavalleja, que lideró la revuelta y aceptó la tesis independentista; Fructuoso Rivera, que desequilibró una guerra estancada al conquistar las Misiones; Pedro Trápani, un empresario que financió a los "Treinta y Tres" y contribuyó a cocinar la independencia plena; y los diplomáticos británicos John Ponsonby y Robert Gordon, dos tipos cínicos y brillantes que, al convencer al ministro George Canning –y presionar impúdicamente a Pedro I y a Manuel Dorrego–, hicieron viable al pequeño Estado "tapón".
Ahora, olvidadas aquellas luchas, sustituidas por otras más pedestres, la fecha del 25 de agosto, aunque pueda cuestionarse, sirve de excusa para reunir a los orientales, en el país y en el exterior. Hoy, sábado, mientras usted lee estas líneas, casi un centenar de uruguayos y brasileños celebran en Salvador de Bahía un Asado de la Nostalgia, al son de Los Olímpicos.