Fútbol

Matías Ferreira, el mozo que está en el seguro de paro, que es amigo de De Arrascaeta y que banca a Cerrito

Matías Ferreira, zaguero de Cerrito, trabaja de mozo en la Junta Departamental de Montevideo, atiende a los ediles, pero está en el seguro de paro; en las inferiores de Defensor Sporting se hizo amigo de De Arrascaeta hasta hoy

Matías Fereira con su hija Ludmila de siete años

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18 de mayo de 2021 a las 05:01

Tenía 15 años y ya se destacaba en la zaga de Bella Vista de Dolores, su pueblo natal. Entonces lo habló en casa y decidió venirse a Montevideo para entrenar en las juveniles de Defensor Sporting.

Matías Ferreira, llegó a la casita del club en la que le daban todas las comidas diarias y al mismo tiempo, hacía el liceo. Primero concurrió al Zorrilla, y luego lo hizo en el Ibiray, el de Carrasco, debido a que la casa de los violetas estaba en la calle Coímbra en Punta Gorda.

En Defensor estuvo con Giorgian De Arrascaeta, Gastón Silva, Lucas Morales, Brian Lozano, el Toro Fernández, quienes son de su generación.

Con ellos hizo Quinta y Cuarta división, y en Tercera ya se sumaron Diego Rolan, Maximiliano Lemos y Diego Laxalt, entre otros.

El festejo de su gol para Cerrito ante River el domingo de noche en el Charrúa, en lo que fue, además, su primer partido en la Divisional A

“Casi todos ellos fueron subidos al plantel principal y yo quedé en Tercera. No veía la chance de jugar en Primera y decidí irme”, contó Ferreira a Referí.

Con Giorgian De Arrascaeta, el mismo jugador de la selección nacional y que el próximo fin de semana irá por su título 12 con Flamengo, con el cual, entre otros, ganó la Copa Libertadores de América, es con quien mantiene más contacto.

Recuerda claramente cuando se enfrentaron por primera vez. Giorgian defendía a la selección de Río Negro y él a la de Dolores.

“Nos conocimos antes de que llegáramos a Defensor porque nos enfrentamos con las selecciones de Río Negro y Dolores y cuando llegó al club me dijo que me conocía de algún lado, y ahí nos acordamos”, explica.

Matías dice que De Arrascaeta “ya la rompía en la selección de su departamento, y en Defensor, cuando llegó a Quinta, los demás parecíamos gurises chicos atrás de la pelota para tratar de quitársela. Era impresionante”.

De allí se fue para Cerrito porque quería jugar y lo hizo en la B. Lamentablemente le tocó descender y luego estuvo un año sin jugar profesionalmente, porque nació Ludmila, su hija, y tuvo que conseguir un trabajo fijo para pagar el alquiler de su apartamento junto a su pareja Victoria.

El zaguero de Cerrito debutó en la A y lo hizo con un gol

“Necesitaba dinero para mi familia y busqué trabajo fuera del fútbol. Hasta hoy sigo en él. Soy mozo en la cafetería de la Junta Departamental de Montevideo”, explica.

Allí, donde trabajan los ediles de todos los partidos políticos, es donde se mueve Matías.

Aunque, no obstante, el presente no le sonríe desde ese punto de vista.

“Soy mozo, aunque polifuncional, porque también se sirve almuerzo. Hay un saloncito y va gente a comer afuera y se otra se lleva pedidos. Hace cinco años que trabajo allí”, dice.

Y añade: “Por la pandemia, fui al seguro de paro cuando se cerró la Junta en enero, volvimos al seguro parcial en febrero, pero con las nuevas medidas, me enviaron nuevamente al seguro de paro total. Esperemos que se pueda volver cuanto antes”.

“Dicen que un hijo te cambia la vida. Yo soy un tipo tranquilo, no me cambió la vida en el sentido para bien o para mal, lo tomé con mucha tranquilidad y responsabilidad. Es otra manera de encarar la vida, me sentía capaz y maduro para afrontarlo y hoy en día estoy feliz”, expresó.

Matías espera volver cuanto antes se pueda del seguro de paro a su trabajo como mozo de la Junta Departamental de Montevideo

Durante ese año en el que no jugó profesionalmente, lo hizo en la Liga Montevideo en el club Old Sport Boys. “Había mejores canchas que en el fútbol profesional y un buen nivel futbolístico. Ahí me hacía el loco y jugaba de ‘5’”, dice con una sonrisa.

Al año siguiente lo llamó un conocido para ir a Canadian que estaba también en la B. Volvió a descender, tal como le había ocurrido con Cerrito.

Pero luego le tocó retornar al auriverde y tras un año en el que estuvieron a punto de ascender, finalmente en 2020 lo hicieron con Roland Marcenaro como técnico.

Justamente el técnico atravesó una semana muy difícil debido a que el pasado jueves falleció repentinamente su hermano Nelson, campeón de América y del mundo con Peñarol en 1982 y ganador de la Copa de Oro con la selección uruguaya.

“Roland es un hombre muy emocional, pero a la vez muy pasional, muy positivo, y siempre inculca que vive del fútbol y está para el fútbol. Perder a un hermano afecta. Pensé que no iba a ir al entrenamiento al otro día del fallecimiento, pero fue igual, llevó la práctica como de costumbre”, comentó Ferreira.

El domingo de noche, bajo el rocío que no perdonaba a nadie en el Estadio Charrúa, fue una jornada muy especial para el zaguero de Cerrito.

Es que jugó su primer partido en la A, pudo cumplir su sueño de debutar.

Matías Ferreira le dedicó el gol al técnico Roland Marcenaro, quien perdió a su hermano Nelson la semana pasada, y también lo celebró con el banco de suplentes de su equipo

“Era una oportunidad que venía deseando desde hacía años y se dio con un gol que siempre es bienvenido y más para un defensa. Fue mi primer partido en la A. Estoy feliz porque cumplí un paso muy importante en mi vida que era jugar en la mayor categoría del fútbol uruguayo y un plus por hacer un gol”, dice con orgullo.

Y agrega: “En mi gol señalé a Roland, se lo dediqué por todo lo que tocó vivir con la muerte de su hermano en la semana, pero no sé si me vio porque no me dijo nada”.

También sostiene que en el plantel no hay un líder. “El líder somos todos en el grupo”.

Entrenan normalmente en su cancha, en el Parque Maracaná, y él se va desde su casa en pleno centro de Montevideo, en el auto de dos compañeros. “Un día me lleva Julián (Perujo) y otro (el colombiano Brian) Perea, porque viven cerca. ¿Plata para la nafta? No, nunca les doy. Acá es como cuando eras chico y los más grandes te llevaban a algún lado. Ellos eran los que pagaban”, dice sonriendo.

Afirma que De Arrascaeta es el mejor amigo que hizo en el fútbol y que cuando viene por Uruguay, normalmente tratan de verse.

Los ratos libres luego de los entrenamientos los pasa con su hija Ludmila

“Siempre lo ando jodiendo para que me lleve a Rio con él. ‘Mirá que te limpio los zapatos igual’, le digo” y otra vez sonríe.

Como el presente, ese que le sonríe a él y a Cerrito que comenzó con todo en este Torneo Apertura, ganándole con propiedad a River Plate al que dirige un técnico del cual aprendió “mucho”, como el Chavo Díaz cuando lo tuvo en las inferiores de Defensor Sporting. Pero aquel niño ya creció, tiene 27 años, hoy es papá y la rompe en la zaga auriverde.

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