30 de mayo de 2014 0:00 hs

Chile 1962. Uruguay enfrenta a Yugoslavia y Unión Soviética en el grupo, además de Colombia. Néstor Gonçalves, el Tito, recuerda sus vivencias al otro lado del teléfono. Es el Mundial de Alemania 2006 y la melancolía invade todo Uruguay.

"Chile 1962 fue una experiencia muy triste en lo personal que nos demostró que a un Mundial no se puede ir en forma improvisada", me contó. La preparación, gira por Europa incluida, se hizo bajo las órdenes de José Luis Corazzo. Pero cuando la selección retornó el DT fue despedido designándose en su lugar a un triunvirato: Hugo Bagnulo, Héctor Scarone y Juan López.

"La concentración la elegieron los enemigos: fuimos a un hotel en el medio del desierto de Arica", recordó. "Y Para colmo nos cruzamos con Yugoslavia y Unión Soviética".

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Los cuentos del fútbol de antaño me invitaron a preguntarle si no intentaron contrarrestar el poderío de esos equipos con pierna fuerte.

"Pero no, mijo", contestó con esa voz que fue -según cuentan- orden, corazón y mando en las canchas de América y del mundo. "Eran equipos que además de jugar mejor no se ablandaban con nada porque eran hombres formados en la guerra, el hambre y la miseria. Entonces aquello de los primeros 15 minutos de ablande no corría con ellos porque el miedo ya lo habían vencido antes".

El Tito recordó a Eliseo Álvarez, quien se fracturó la tibia contra los soviéticos: "Le pusieron anestesia en la pierna y volvió a jugar. Lo levantamos con otro compañero y lo pusimos en la punta izquierda, pero era algo inhumano y tuvimos que suplicar para que lo dejaran salir. Es que antes había otra mentalidad. Capaz que si abandonaba la cancha decían que era cobarde".

Álvarez era de Nacional. Él de Peñarol. ¿Cómo eran entonces esas convivencias? "Antes la cosa no era como ahora, porque había mucha rivalidad. No éramos enemigos pero nos mirábamos raro; se podía convivir, pero era bravo", contestó.

Otros que me contaron durante aquel Mundial de Alemania recuerdos de asperezas en la cancha fueron Juan Masnik y Luis Garisto, quienes jugaron en Alemania 1974.

"En la gira previa, en un partido con Hong Kong en una cancha embarrada barrí una pelota y me abrí la rodilla con una piedra. Me dieron 10 puntos. Después fuimos a Australia y antes de jugar, mientras me vendaban, el “Indio” Olivera le dice al médico: ‘No lo vende que se le va a abrir más ese tajo que la boca del Bombón González’. Y yo le retruqué: ‘A mí se me abrirá, pero a vos te saco quebrado’. Resulta que en el partido, faltando 10 minutos queda una pelota picando en el área y yo a dos metros de la jugada salto para trabar al rival y evito el gol, pero caigo y se me abren todos los puntos. Ensangrentado igual terminé el partido. Pero al Indio lo fracturó un australiano. Fue algo increíble porque nos predijimos nuestras propias desgracias”, me contó Masnik el de aquel cabezazo inolvidable ante Estudiantes para darle la primera Libertadores a Nacional en 1971.

Al que le tocó enfrentar en la revancha a los australianos fue a Garisto. ¡Para qué!: "Tuve un encuentro ‘casual’ con el centrodelantero de ellos (Ray Baartz)". El hombre terminó con una parálisis facial. "Hasta el día de hoy habla de la brutalidad de los uruguayos, pero se ve que lo atacó la amnesia con respecto a la fractura del Indio”, contó.

Si a Gonçalves le tocó enfrentar a yugoslavos y soviéticos, los de 1974 sufieron a Holanda, la Naranja Mecánica. El fútbol total.

“No sabíamos nada de de ellos. Antes de salir al campo lo miré feo a Cruyff, yo era el capitán, y ya sospeché que eran buenos por la confianza que demostraban. Y al empezar el partido nos desconcertaron. Metían pressing, jugaban sin puestos fijos y no aflojaban con nada. Recuerdo una incidencia en la que Rep me barrió y yo salté para evitar la falta y cuando caigo le doy terrible pisotón en la tibia, de pura rabia e impotencia. Pero siguieron jugando igual”, me dijo Masnik con su entrañable tono de voz.

Garisto conocía a algunos por haber enfrentado a Ajax con Independiente. "Me llamó la atención de que bancaran nuestro juego fuerte, es que eran compactos, potentes, y además retrucaban con cada patada bárbara que se hacían respetar”.

Patadas famosas si las hubo fue la de José "Charly" Batista en México 1986, que en el partido ante Escocia se fue expulsado antes del minuto de juego (56 segundos para ser exactos) en una incidencia récord en la historia de los mundiales.

"Es increíble pero cada vez que se me recuerda se menciona aquella roja. Una vez fui a hacer una entrega de premios de fútbol en Argentina y mientras me dirigía al estrado sentía como en los pasillos comentaban ‘este es el que echaron al minuto en un Mundial’. Y para peor fui expulsado injustamente porque fue una falta común", me contó.

En Italia 1990, Alfonso Domínguez me contó una anécdota de esas que se hacen para ambientar el clima de las concentraciones largas.

"Era el cumpleaños de Alzamendi y como siempre le decíamos que era el abuelo del grupo Ruben Sosa, Ruben Paz, Nelson Gutiérrez y Enzo Francescoli le regalaron un bastón coronado por la cara de un duende viejito y feo como él", reveló a las carcajadas el exlateral de Peñarol y Nacional.

El entonces puntero de Logroñés se emocionó pensando que era un taco de billar. Pero después festejó la broma. Es más, guardó el bastón y lo conservó con cariño. ¿Por qué? "Porque se parecía a ET y soy un gran admirador de ese personaje”, admitió entonces. Se viene Brasil. Como para generar nuevas anécdotas para el futuro.

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