Por Arturo Vierheller (h), especial para El Observador
Por Arturo Vierheller (h), especial para El Observador
En ediciones anteriores, hemos hecho un recorrido básico hablando de los DEP (datos genéticos) y de la necesidad de medir para entender la evolución genética de nuestro rodeo. Si bien es cierto que, cuando miramos un animal lo que vemos se compone de aproximadamente un 30% de genética y un 70% de ambiente, no es menos cierto que solo ese 30% es lo único que se hereda, y de alli la importancia de la genética en la producción de carne.
Y en ese primer recorrido por los DEP hemos visto los diferentes grupos de indicadores: los de habilidad materna (peso al nacer, facilidad de parto, etcétera), los de performance (peso al destete/final, fertilidad/altura, etcétera) y los de calidad de carne, como medida del ojo de bife, peso de carcasa y marmoleado.
Todos atributos que se miden en forma independiente (aunque tienen diferente correlación entre ellos) y que se suelen agrupar para poder tener una visión digamos un poco más "totalizadora" que si tenemos que mirar la medición de cada atributo en forma independiente.
No podemos negar que esto, que es evidente que es sumamente valioso e interesante, para algunos criadores no deja de ser algo complejo. Vienen pues entonces los índices en auxilio de todos nosotros, que son en general indicadores donde se "pesan" económicamente las variables que más inciden en la rentabilidad del negocio ganadero y nos ofrecen en un solo número una síntesis de la información necesaria para evaluar un reproductor.
La Hereford ha desarrollado un índice de cría, la Angus en Estados Unidos tiene varios índices y el Angus Argentino Breedplan tiene el índice Pampa. A partir de la semana próxima, iremos viendo lo esencial de cada uno.