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Número 3 del Vaticano vuelve a Australia acusado de pedofilia

George Pell había sido designado para realizar reformas económicas

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30 de junio de 2017 a las 05:00

El próximo regreso a Australia del número tres del Vaticano, el cardenal George Pell, inculpado este jueves por abusos sexuales y convocado por la Justicia de aquel país, provocó una nueva crisis en la Santa Sede, que con el papa Francisco aumentó los esfuerzos contra esos casos, pero que de todos modos con frecuencia es señalada por falta de severidad.

Este jueves, uno de los más cercanos colaboradores del papa Francisco se tomó vacaciones en el Vaticano para viajar a su país, algo que evitaba hacer desde hacía varios años.

El religioso de 76 años, máximo representante de la Iglesia católica australiana, es sospechoso de haber abusado sexualmente de menores cuando era sacerdote en la ciudad de Ballarat (1976-1980), en el estado de Victoria, y cuando fue arzobispo de Melbourne (1996-2001), la capital estatal. De esos cargos tendrá que defenderse el próximo 18 de julio en un tribunal de Melbourne, en el sureste de Australia

Acusado desde 2002

Pell había sido acusado desde 2002 de abusos sexuales por esos presuntos hechos de larga data, pero fue declarado inocente (ver recuadro). En 2014 fue llamado a Roma por Francisco para ofrecerle dirigir una amplia e inédita obra de reformas económicas en el Vaticano, que podría sacudir los cimientos de la institución.

"Es un golpe duro para el papa", constata Iacopo Scaramuzzi, vaticanista de la agencia italiana Aska News.

El muy conservador australiano, paradójicamente, es una de las voces más críticas con el papa en cuestiones de sociedad. Sin embargo, habría jugado un rol fundamental durante el cónclave en que fue elegido el argentino Jorge Bergoglio, explica Scaramuzzi.

"No pienso que este papa no haga nada sobre la pedofilia, pero tampoco quiere focalizarse solo en este asunto. Él quiere reactivar la iglesia", subraya este observador. En el caso de Pell, el Sumo Pontífice decidió dejar que la Justicia australiana siga su curso, sin exigirle la renuncia.

Mientras tanto, el cardenal tiene prohibido asistir a actos litúrgicos públicos.

Y, al terminar el mandato de Pell al cabo de cinco años, es probable que el prelado australiano no regrese al Vaticano.

En 2015, monseñor Keith O'Brien, exarzobispo de Edimburgo, había renunciado a sus derechos cardenalicios tras haber sido objeto de denuncias por "actos inapropiados" menos graves.
"Una eventual condena criminal del cardenal Pell por abusos sexuales no tendría precedentes", subraya Francesco Grana, vaticanista del diario Il Fatto Quotidiano.

Esta semana, el papa Francisco redujo al estatuto de laico a Mauro Inzoli, un sacerdote italiano condenado por pedofilia y apodado "don Mercedes" por la prensa italiana por sus gustos lujosos.
Pero en un principio, Francisco se había mostrado más clemente con Inzoli.

El papa creó en 2014 la Comisión pontificia para la protección de los menores, con la finalidad de cambiar la ley de silencio de la iglesia respecto a los sacerdotes pedófilos y plantear propuestas para la prevención.

Pero esta iniciativa se vio enturbiada por las críticas virulentas, a comienzos de marzo, de la irlandesa Marie Collins, de 70 años, y víctima a los a los 13 de abusos sexuales consumados por un sacerdote.
La mujer se quejaba de los bloqueos constantes del Vaticano.

Después, dos miembros de la poderosa y conservadora Congregación para la Doctrina de la Fe, agobiada por los dosiers, habrían sido apartados de sus cargos, según Scaramuzzi.

Mayor transparencia

El papa Francisco, que aboga por "una tolerancia cero", recomendó a los obispos que hubieran protegido a pedófilos que renunciaran.

Pero la obligación de denuncia ante la Justicia civil por parte de la jerarquía eclesiástica no está incluida en el derecho canónico. Excepto en los casos en que la ley del país lo impone, muchos miembros del episcopado prefieren hacer oídos sordos.

Pero la fuerte mediatización de los casos de abusos sexuales en numerosos países exige hoy una mayor transparencia por parte de la iglesia.

El presidente de la Conferencia de Obispos de Francia, país salpicado por distintos escándalos, recientemente subrayó que "nada" podía dispensar a la iglesia "de ayudar a la Justicia" en la lucha contra los abusos sexuales.

Después que el filme Spotlight, sobre los sacerdotes pedófilos en Boston (Estados Unidos), recibiera el Oscar a Mejor película, la pedofilia es una incómoda espina clavada en el pie del pontificado, subrayan numerosos vaticanistas.

Una trayectoria ensombrecida

La trayectoria de George Pell, que ascendió de cura de parroquia rural a tesorero del Vaticano, fue ensombrecida en los últimos años por controversias del pasado.

Para quienes lo admiran, el cardenal Pell, de 76 años, es símbolo del tradicionalismo católico australiano. Para sus detractores, es el rostro de una institución que fracasó al enfrentar la pederastia.

Se le acusa de encubrir abusos sexuales cometidos por los curas en el estado de Victoria.

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