Opinión > COLUMNA/EDUARDO ESPINA

Otra vez el lado B se ve

En 2021 ha vuelto a la industria discográfica un concepto que se daba por finiquitado

Portada del disco Dangerous, de Morgan Wallen

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04 de abril de 2021 a las 05:05

Rock Around the Clock (Bill Haley and His Comets), Maggie May (Rod Stewart), Ruby Tuesday y You Can’t Always Get What You Want (The Rolling Stones), Unchained Melody (The Righteous Brothers), Black Water (Doobie Brothers), Revolution (The Beatles), Gloria (Them), God Only Knows (Beach Boys), Born on the Bayou (Credence Clearwater Revival), Hound Dog (Elvis Presley), Sweetest Thing (U2), Yellow Ledbetter (Pearl Jam), We Will Rock You (Queen), How Soon Is Now (The Smiths), 10.15 Saturday Night (The Cure), I’ll Be Around (The Spinners); Whatever Gets You Through The Night y Song for Guy (Elton John), y I Will Survive (Gloria Gaynor). Son canciones que deben figurar entre las mejores y más reconocibles de la historia de la música moderna con su variedad de géneros. ¿Qué tienen en común? En los tiempos no tan lejanos de los discos single, todas ellas fueron lado B, esto es, podrían haber estado condenadas, como miles de otras en similar situación, a carecer de difusión en radios, a pasar inadvertidas.  Sus casos destacan la arbitrariedad de las decisiones humanas. 

La arbitrariedad tiene tanta omnipresencia en nuestros días –no en vano la vida vive en estado de permanente vulnerabilidad– que cada individuo, gobierno, universidad, club, banco, institución benéfica, etc., es decir, todo lo que tenga existencia real, está obligado a contar con un plan B. Por las dudas. Antes, los discos single tenían algo similar, aunque no era el plan B del disco, sino el lado B (B-side), ocupado por una canción supuestamente de relleno. La gente compraba el disco por la otra canción, la principal, el plan A del lado A. Sin embargo, el hecho de estar ahí, por las dudas, indicando a los programadores radiales que esa era la canción a ser irradiada, no convertía automáticamente al lado A en éxito de ventas, ni siquiera le garantizaba tener una rotación regular en la programación radial. Los casos mencionados demuestran que la regla está hecha de excepciones.

Si bien, claro está, la infinita mayoría de los disc jockeys y programadores sólo prestaba atención a la canción principal, alguno muy de vez en cuando le daba una oportunidad al lado B, la otra cara de la moneda. Era infrecuente que eso sucediera, aunque la infrecuencia le otorgaba a la canción salvada del ostracismo radial una condición de rareza digna de celebrar. La convertía en exotismo. En ocasiones, dicha elección superaba las expectativas, aunque, a decir verdad, eran pocos los músicos y productores que creían en las posibilidades comerciales y artísticas del lado B. Por consiguiente, también ellos quedaban sorprendidos si este lograba tener difusión en las radios y cooperaba para que el single se transformara en éxito de ventas. Ni que decir si el lado B recibía mayor atención que la canción supuestamente principal y se convertía, contra todos los pronósticos y expectativas previas –o su falta–, en un hit.

En la historia del concepto B-side ha habido varios ejemplos notorios que debido al buen tino de algún programador radial, que los colocó en la rotación de la radio, o de un DJ, que comenzó a irradiarlos en su programa y tuvo inmediata recepción favorable por parte del público, se transformaron en clásicos. La historia de la música popular encuentra excepciones al respecto. Además de las ya mencionadas, merece especial destaque I Can’t Stop Loving You. En 1958 la canción fue editada como B-side de Oh Lonesome Me, interpretada y compuesta por Don Gibson. Oh Lonesome Me llegó a la posición 7 en el ranking de música country de Billboard. Ese mismo año, Kitty Wells, por entonces superestrella de ese género, grabó I Can’t Stop Loving You y ambas versiones, la de Gibson y la de Wells, compitieron al mismo tiempo en la onda radial. Cuatro años más tarde, Ray Charles le entregó su inconfundible voz a la balada, grabándola con fenomenal éxito. El cover –junto con Georgia on My Mind y Hit the Road Jack es posiblemente una de sus canciones más populares– se convirtió en la primera canción del repertorio de Charles disco de oro (gold record), al superar en pocos días la marca del millón de copias vendidas. Figura en la lista de las 500 mejores canciones de todos los tiempos (500 Greatest Songs of All Time) de la revista Rolling Stone y la han grabado infinidad de intérpretes, entre otros, Van Morrison.

En su especificidad, la denominación lado B refiere a la época de los discos de vinilo de 7 pulgadas y 45 revoluciones por minuto. Cuando a principios de la década de 1950 los discos singles con una canción de ambos lados comenzaron a editarse, el lado B era la canción que acompañaba a la principal. El lado A estaba ocupado por aquella canción que, por tener potencial de hit, se editaba separada del long play. El lado B, por su parte, era una canción que por lo general no había sido incluida en el LP. Podía ser una versión instrumental o en vivo del lado A, o bien una canción sin posibilidades de transformarse en éxito. Difícilmente gastara alguien unos centavos para oírla en el jukebox. Los singles con lados A y B dominaron el mercado discográfico en las décadas de 1960, 1970 y parte de la de 1980. Si bien esta forma de comercializar la música cayó en desuso en la década de 1990, suele usarse el término B-side para referir al bonus track o canción extra que viene incluida en el CD.

También los libros de poesía están llenos de B-sides, que vendrían a ser esos poemas que rara vez el poeta lee en público y que, sin embargo, pueden tener potencial de hit. Esto es, pueden ser seleccionados para aparecer en antologías, realizadas no por el poeta implicado, sino por algún antologador neutral que los consideró representantes idóneos de la poética del autor. Años atrás, en una lectura durante el Festival de Medellín, uno de los asistentes le pidió a un poeta colombiano de larga trayectoria que leyera uno de sus poemas. El poeta se sorprendió, buscó el poema en uno de sus libros, y lo leyó. El público lo aplaudió como si del ruido de la voz saliera un mantra sublime, de fácil acceso. Luego de la lectura me comentó: “Qué extraño, siempre me piden que lea este poema, pero a mí no me parece que sea de los mejores míos”.

El poema referido es corto, nada le sobra, y tiene un verso final de esos que quedan enseguida grabados en la mente de cualquier lector atento. Algo parecido suele ocurrirme con uno de mis poemas, Razón de todas las cosas, al cual nunca tenía en consideración a la hora de seleccionar el material que por lo regular incluyo en lecturas públicas. En una, masiva, que tuvo lugar en México a principios de la década de 1990, meses después de la publicación del libro La caza nupcial, donde el poema está incluido (aunque casi queda fuera), alguien de la audiencia me pidió que lo leyera. El pedido me tomó por sorpresa; igual que el poeta colombiano me pregunté, ¿por qué le gustará este poema? Lo más seguro, a lo mejor, es que el lector había encontrado allí una instantánea gratificación estética o emocional expandida al máximo, como si cada centímetro de lenguaje contara. La situación, nada casual coincidencia, se ha repetido de idéntica manera en otros festivales literarios. Desde entonces, siempre tengo el poema a mano, en caso de que necesite poner en práctica un plan B.

Y termino por hoy. En 1993 salió a la venta The Hits/The B-Sides, de Prince, con tres discos y 56 canciones. En 2000 Moby editó Play: The B Sides, que contiene 11 canciones. Estas dos antologías  se unen a la lista de otras imprescindibles, como Rarities (The Beatles), SuperBlack Market Clash (The Clash), Louder Than Bombs (The Smiths); Jewel Box (Elton John, que contiene ocho CD, de los cuales dos tienen solo B-sides); y Join the Dots: B-Sides & Rarities 1978-2001 (The Fiction Years) (The Cure). En época de Spotify, ¿es el lado B historia antigua? No, para nada. El concepto mantiene vigencia. Pruebas al canto: Dangerous: The Double Album, de Morgan Wallen, pasó diez semanas en el número uno en la lista de Billboard (el martes pasado lo desplazó de esa posición el nuevo álbum de Justin Bieber). Dangerous va camino a convertirse en el álbum más vendido de 2021. Lo integran 33 canciones, varias de las cuales fueron consideradas lado B a efectos de la promoción radial. El fenómeno, como pasa siempre, vuelve a demostrar que las modas van y vienen y que a veces regresan muy fortalecidas e imitadas. 

Otros cantantes de gran arrastre popular –Luke Bryan, Thomas Rhett, y Eric Church– anunciaron que van emular la práctica de Wallen, y les darán a unos cuantos lados B estatus de lado A. Por lo visto, la democracia impera donde menos uno lo esperaba. 

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