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23 de agosto 2015 - 5:28hs

Cuatro años después de la renuncia de ETA a la violencia, el País Vasco va dejando poco a poco atrás el miedo y las divisiones que generó la lucha armada de la banda independentista y empieza a respirar con normalidad.

"¡Tu padre es un asesino! ¡Ayuda a los asesinos! ¡Ayuda a los asesinos!", chilla una niña. Suenan gritos en el gimnasio del instituto Santa María de la Providencia, en Eibar, en el corazón de la provincia vasca de Guipúzcoa. Elena Arambarri y su amigo May Gorostiaga gritan y rompen en sollozos. Pero solo es teatro: son actores de 47 y 43 años y están de gira, interpretando una obra que buscar ayudar a los espectadores a superar el pasado oscuro de la región.

La obra representa tensiones cotidianas agravadas por la política, en el parque, la panadería, entre vecinos. Y desencuentros de familias heridas en su intimidad por la violencia, como en la escena en que la pareja de actores interpreta la terca negativa de un padre a invitar al novio de su hija, del "bando" opuesto, a la cena de Navidad.
Luego piden a los alumnos que imaginen soluciones.

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"Cuando éramos jóvenes, era mejor callarse que meterse en líos" cuando se hablaba abiertamente de política, explica después de la representación, en una salita del colegio, la pelirroja Elena, celebrando que eso empiece a cambiar.

Ese voto de silencio se convirtió en un refrán durante la juventud de sus padres en plena dictadura de Francisco Franco (1939-1975). Entonces era peligroso mostrar el desacuerdo con el dictador español, explica la actriz. Y también después, tras la creación de la organización separatista armada vasca ETA, a la que se le atribuyen al menos 829 muertos en más de 40 años de violencia en nombre de su lucha por la independencia del País Vasco.
Durante esos "años de plomo", los vascos vivieron atentados, secuestros, "kale borroka" (violencia urbana) y recibieron cartas en las que se les reclamaba el impuesto revolucionario. También hubo represalias, como los 150 asesinatos atribuidos a bandas, algunas cercanas a la policía como los GAL, según un estudio del gobierno vasco.

La violencia causó "miles de heridos y miles de denuncias por torturas que no se han investigado", explica Jonan Fernández, secretario general para la Paz del gobierno de la región, que impulsa iniciativas como la del teatro de Elena y May, para que los vascos puedan hablar de su pasado y curar las heridas.

Sociedad dividida

Durante años, la sociedad estuvo dividida. En Eibar y en otras ciudades, los habitantes " catalogaban", aunque no fuera cierto, a favor o en contra de ETA, según los "barrios, escuelas, ropa (...) hasta catalogaban según los conciertos a los que se asistía: el que canta en castellano, el que canta en euskera", relata Elena.
El socialista Iñaki Arriola, antiguo alcalde de Eibar, que sufrió amenazas de ETA por la posición de su partido, opuesto a la independencia de la región, rechaza el término "conflicto" para hablar de esa etapa y prefiere el de "terrorismo": "Aquí los de ETA mataban a la gente como conejos", dice.

"Yo he hecho campaña con guardaespaldas y mis hijos, de 23 y 17 años, han crecido con guardaespaldas". Ahora las cosas son "más civilizadas", explica. El antiguo edil pudo renunciar a su protección hace ya más de tres años, tras el compromiso en de la ETA en octubre de 2011 de no recurrir más a la violencia. Y los habitantes de su ciudad están más preocupados por el desempleo y la economía que por cualquier otro tema.

Pero el doloroso capítulo de los años de violencia no se ha cerrado del todo: ETA aún existe y rechaza disolverse sin una negociación que aborde la situación de sus 450 presos en Francia y España.

Varios partidos locales -el conservador Partido Nacionalista Vasco y los independentistas de izquierda de EH Bildu- han presentado planes "de paz" que contemplan estudiar mejoras para los presos a cambio de la entrega de las armas y su disolución oficial.

Reconciliación

Algo inaceptable para las víctimas de ETA o sus familiares: "No hay dos bandos, ETA es una banda de asesinos y punto", dice Lorena Díez Elorza, de 40 años, simpatizante del Partido Popular y cuyo hermano Jorge, guardaespaldas, murió en 2000 en un atentado.
Pese a todo, hay cada vez más iniciativas "de reconciliación" como el "teatro foro" de Elena y May, organizado por la asociación Baketik: talleres centrados en la resolución de conflictos, encuentros discretos entre antiguos miembros de ETA arrepentidos y víctimas, investigaciones históricas.

"La sociedad vasca es plural. No habrá nunca un relato único" de lo ocurrido, dice en anonimato un exetarra que participó en encuentros entre víctimas y arrepentidos. Pero es importante "una autocrítica de lo que ha pasado" por todas las partes, agrega.
Al ser preguntado al final de la obra de teatro, Christian, estudiante de 16 años en Eibar, responde: "Que la gente tenga el valor para dar un paso en la reconciliación con alguien, por muy difícil que sea".

Hay gente con "muchas ganas y mucha necesidad de dar ese paso", concluye Elena, tras una treintena de representaciones.
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