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Reino Unido en apuros por el impacto económico del brexit

Faltan ocho meses para su salida oficial del bloque

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04 de agosto de 2018 a las 05:00

Fabiana Culshaw / Especial para El Observador

Nadie quiere estar en los zapatos de Theresa May en este momento. Aunque se sabía que el proceso del brexit iba a ser complicado, seguramente la primera ministra británica no vio venir el desbarajuste que sobrevino desde el pasado 7 de julio cuando presentó el "Plan de Chequers", un documento que plantea lo que se dio en llamar un "brexit blando".

El plan de May es que Reino Unido salga de la Unión Europea (UE), pero manteniendo algunos de sus vínculos comerciales con el bloque, lo que fue muy criticado por el ala más conservadora de su gobierno y provocó la renuncia de David Davis, del cargo de ministro para el Brexit, y de Boris Johnson (titular de Asuntos Exteriores), partidarios de una separación más drástica. Esas salidas fueron un duro golpe para el liderazgo de la ministra.

Pero las cartas de May se cayeron aún más el 13 de julio, con la visita del presidente estadounidense, Donald Trump, quien atacó sus planes para la salida de la Unión Europea y advirtió que estos pondrían en peligro cualquier posible acuerdo comercial entre Gran Bretaña y EEUU. Como si fuera poco, Trump elogió a Boris Johnson, quien se erigió como uno de los principales rivales políticos de May.

En ese escenario, Justine Greening, exministra británica de Educación, aprovechó el entorno de incertidumbre para solicitar un segundo referéndum sobre el brexit, una propuesta que crece en apoyo popular, pero que es rechazada por el gobierno.

Lo cierto es que los millones de personas que votaron a favor del brexit pensando que los recursos que fluían del Reino Unido hacia el bloque del viejo continente se redirigirían a la economía interna ahora no están tan seguros de que eso ocurra.

A la fecha, el gobierno británico está sumido en una crisis política profunda, May es altamente cuestionada en su capacidad para conducir el brexit y la economía nacional (que ya sufrió los cimbronazos de bajas de inversión cuando se anunció la salida de la UE), ahora parece entrar en una fase peor. Todo indica que así seguirá hasta que se aclaren las "reglas del juego".

En un marco de dificultades políticas y económicas, el gobierno anunció que establecerá algunas "precauciones" en una serie de notas sobre cómo prepararse para una posible salida del bloque en caso de que no se logre un acuerdo formal, dijo el lunes pasado el portavoz de May.

"Se trata de establecer precauciones sensatas en caso de un escenario en el que no haya acuerdo", dijo a periodistas al evaluar la posibilidad de un "brexit duro".

Empresas en fuga

Lo que propuso la primera ministra May es que, tras el brexit, se establezca un área común de bienes industriales y productos agrícolas con la UE.

Para los defensores del brexit duro o radical, esto representa una forma de entregarle el control de buena parte de la economía británica al bloque. Lo que llama la atención es que los sectores empresariales, que pedían un brexit blando, tampoco están conformes, porque la propuesta de May les resulta poco clara y ambigua.
Además, al no estar incluidos los servicios financieros en la propuesta, se han despertado alertas en la City londinense, uno de los distritos financieros más importantes de la región, donde ya se prevén grandes pérdidas.

Por lo pronto, el Banco de Inglaterra ha advertido que peligran los contratos derivados entre el Reino Unido y la Unión Europea por valor de € 35 billones. Por su parte, JP Morgan, HSBC, Lloyds, Goldman Sachs tienen planes de contingencia en marcha, según han reseñado agencias de noticias.

Por ejemplo, JP Morgan negocia la compra de un edificio en Dublín ante el posible desmantelamiento de sus oficinas en Londres. HSBC contempla trasladar a 1.000 empleados a París. Lloyds quiere aglutinar las operaciones europeas en Berlín. Goldman Sachs anunció a sus empleados que podrían enviar a cientos de banqueros a otras ciudades comunitarias.

Uno de los temores más extendidos entre las entidades de la City es que se les exija una licencia bancaria en la UE y un bróker europeo para intermediar las transacciones para sus clientes. Esto cambiaría mucho la rentabilidad del negocio.

El sector de seguros no se ha quedado atrás. Lloyds of London anunció que, ante posibles restricciones en Reino Unido, abrirá una sede en Bruselas. En realidad, las empresas están inquietas desde que se tomó la decisión del brexit en el año 2016. Desde esa fecha, la aerolínea EasyJet, por ejemplo, perdió 30% de su valor bursátil y anunció que solicitará una licencia en algún país de la Unión Europea para poder seguir operando vuelos europeos con mayor seguridad.

Otro impacto fuerte se dio cuando Airbus (que genera unos € 2 millones en impuestos en Reino Unido cada año) dijo que tiene previsto mudar sus operaciones, si no se aclaran las negociaciones relativas al brexit, informó la agencia española EFE.

El sitio web de The Guardian cita que la firma BMW se encamina a una medida similar. Y los proncipales de Rolls-Royce ha estado en reuniones de alto perfil por el impacto del brexit en la compañía.

Un dato elocuente es que la inversión en el sector automotor –uno de los principales generadores de empleo en el país– cayó a la mitad en los primeros seis meses de 2018, en comparación con el mismo período del año pasado.

Los ejemplos de fuga de empresas se repiten en los más diversos sectores de la actividad económica. Actualmente, la inversión empresarial en Gran Bretaña es 0,9% anual, cuando, según analistas, habría sido del orden del 15% sin el impacto del brexit. La salida del Reino Unido de la UE, prevista para el 29 de marzo de 2019, no pinta nada bien.

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