Un grupo con una existencia breve pero con un sonido único, y que además tiene el destaque de haber sido el primer grupo de música popular uruguaya integrado exclusivamente por mujeres, algo que sus integrantes señalan que tuvo que ver con su afinidad y las circunstancias, y no por una cuestión de reivindicación del rol femenino en la música. De todas formas, entienden que con los ojos del hoy, donde las discusiones sobre género y el feminismo están más presentes a nivel social que en aquel momento, se las tome como pioneras y una posible influencia para las voces que vinieron después.
El inicio de la travesía
Las cartas que Mariana Ingold recibía en Europa la instaban a volver. A fines de 1979 había ganado junto a sus hermanos el certamen Cantando en familia, y con el premio se había ido como mochilera a recorrer el Viejo Continente. Llevaba casi un año en ese itinerario cuando dos cartas la hicieron mirar de nuevo a Uruguay.
Una estaba remitida por Fernando Cabrera, la otra por Magnone y Hugo. Todos se conocían por haber integrado distintos coros, y en particular el Coro de Cámara del Crandon, que estaba dirigido por Dante Magnone, padre de Estela, además de compartir lazos familiares (Hugo es la cuñada de Magnone, e Ingold es su prima lejana). De ese período viene la consolidación de las influencias que las tres integrantes de Travesía compartían: la música culta, la música popular uruguaya, los Beatles, y la música brasileña, que las maravillaba cuando viajaban a Porto Alegre a participar en encuentros corales internacionales.
De hecho, el nombre del grupo viene de una canción de Milton Nascimento, que no recuerdan quien trajo a colación, pero que sienten que calza justo para el trío.
Cabrera, que en ese momento integraba el trío MonTRESvideo, le sugirió a Magnone y a Hugo que conformaran uno ellas mismas, con Ingold como tercera integrante. Y allá volaron las cartas, avisándole que había un lugar para ella en la por entonces efervescente escena del Canto popular, para convencerla de retornar.
Ingold estaba dividida. “Todavía había dictadura en Uruguay, y haber conocido la libertad de cruzar fronteras sin necesidad de visas y empaparme de tantas otras culturas me tentaban para quedarme”, recordó. “Por supuesto que quería ver a mi familia y amigos, pero la invitación fue el disparador de la decisión de volver. Sentí que algo bien interesante me esperaba”.
Su vuelta fue un día “simbólico”, el 8 de marzo de 1981. Tras un día de descanso, vino la reunión entre las tres. Una de las primeras canciones que interpretaron juntas fue Para, compuesta por Cabrera para el grupo, y que es parte del disco que grabarían casi dos años después. Ese disco incluye en su repertorio composiciones de Magnone tanto en solitario (como Andenes, una de las mejores canciones de separación de la música uruguaya) como junto a Cabrera, Eduardo Darnauchans y Jaime Roos, además de canciones de Darnauchans en solitario, otra junto a Jorge Galemire, y una de Daniel Magnone.
Estela Magnone era algunos años mayor que sus compañeras, y explica así el hecho de que sea la única de las tres que figura como autora en el álbum: “cuando armamos el trío se dio que yo tenía canciones compuestas, pero en realidad Travesía no era solo la autoría. Creo que el grupo tiene una personalidad que va más allá de quién sea el autor o la autora de la canción. Además de que todos hacíamos los arreglos, tocábamos todos los instrumentos, los coros; trascendía el hecho de que yo ya fuera compositora y ellas todavía no”.
Hugo, por su parte, relata que aquellos primeros ensayos eran encuentros sin demasiada planificación, motivados por el disfrute de cantar. “Era una época en la que cantábamos mucho, yo cantaba en reuniones familiares, con amigos. Era como una obsesión, estaba cantando todo el tiempo”.
Lo que el grupo tenía claro desde un principio, dice Hugo, es que ellas serían las encargadas de cantar, tocar todos los instrumentos y arreglar las canciones. Lo harían insertas dentro del Canto popular, una movida musical vinculada a la resistencia a la dictadura, aunque Magnone puntualiza que en el caso de Travesía esa cuestión estaba más vinculada a la integración del movimiento que a un repertorio contestatario.
“Siempre fue todo muy fluido. Las canciones eran elegidas porque nos gustaban, eran de compositores que estaban en la vuelta, e íbamos probando, en los ensayos se armaba todo, íbamos aprendiendo y encontrando lo que funcionaba con los recursos que teníamos a mano, era todo natural”, recuerda Hugo, que también apunta que algunas cuestiones del sonido de Travesía estaban dictadas por las circunstancias y las condiciones de trabajo de un ámbito musical montevideano que estaba lejos de la profesionalización de hoy.
Por ejemplo, era difícil tocar con amplificación. Muchos locales no tenían, y si había, era probable que no funcionara bien. Por eso la predilección por los instrumentos acústicos. Y si el local o la sala era chico, tanto mejor. Ellas respiraban aliviadas. Algo similar pasaba con la instrumentación: la guitarra era más práctica porque era portátil, y más amigable que un piano.
Pero el eje del sonido de Travesía estaba marcado por el pasado del trío, y la escucha de Ni un minuto más de dolor lo deja bien en claro. Son las voces.
“Nos salía natural arreglar las voces. Ellas dos eran sopranos en el coro y yo canté de contralto. Mi voz es la grave en los arreglos. Pero solo sucedía por momentos, porque luego de abrirnos en voces nos juntábamos en unísono, que creo era la perla del trío. Hay algunos momentos solistas, pero son siempre cortos y muchas veces no se distingue claramente quién es que canta”, rememora Ingold.
“Arrancamos a practicar más la guitarra que no dominábamos, ya que no había teclados en la vuelta. En algunos sitios podíamos encontrar algún piano no muy afinado, pero normalmente había que tocar guitarra. También sonaba alguna flauta traversa, una melódica, un bongó. Silbábamos sin mirarnos porque nos podíamos tentar, hacíamos alguna percusión corporal, pero la base fue más que nada de guitarras”, agrega.
Y complementa Magnone: “Se nos ocurrían cosas. A veces escucho el disco de Travesía y digo ‘¿cómo se nos ocurrían estos arreglos?’ Pero en realidad teníamos mucha experiencia, para nosotros afinar era un bollo. No nos poníamos a pensar qué hacer. Cantábamos, hacíamos cosas y nos salían los arreglos”.
Al estudio
En 1982, Jaime Roos estaba por entrar al estudio a grabar su cuarto disco, Siempre son las cuatro, y buscaba un coro de voces femeninas para la canción Quince abriles. Fue a uno de los ensayos de Travesía, y sintió que había encontrado lo que necesitaba.
Los intrincadísimos coros de ese track fueron grabados, como todo el disco, en una consola de ocho canales, lo que implicaba mezclar periódicamente para poder agregar más capas de audio, toda una proeza técnica para las condiciones de la época. Además de su participación en Quince abriles, las integrantes del trío aportaron coros y algunos instrumentos a otras piezas del álbum.
Luego de esa experiencia, Roos impulsó que el trio grabara su disco debut, a través del sello Ayuí. El director de la discográfica, el musicólogo Coriún Aharonian, había sido también docente de las tres. “Le encantaba la idea de que fuéramos tres mujeres y sintió que teníamos que entrar al estudio”, dice Ingold.
Más allá de algunas experiencias puntuales como la de Siempre son las cuatro, o de algunas visitas a grabaciones ajenas, era la primera vez que las tres artistas se metían a un estudio a grabar un disco. En ese sentido, señalan como fundamental el respaldo del equipo encargado de la producción, un tándem integrado por Roos y el músico Carlos da Silveira, y el excéntrico pero genial ingeniero de grabación Darío Ribeiro.
“El disco es exactamente la reproducción de lo que nosotros hacíamos en vivo”, señala Magnone. “Hay algunos agregados como un piano, pero son detalles. Y esa era la idea, entrar con todo resuelto. La producción de Jaime y Carlos se trató, más bien, de explicarnos cómo grabar, porque nunca habíamos entrado a un estudio".
Sobre el trabajo de Roos, Hugo dice que el cantautor “era exigente de una forma buena, se paraba al lado y guiaba sabiendo qué se podía hacer, no se metió en los arreglos, quiso sacar la mejor versión y que tuviera la mejor calidad posible”. También presionó para que Ayuí le asignara algunas horas de estudio extra al trío, aprovechando que ya había editado tres discos con el sello, lo que le daba poder de negociación. “No fue un proceso muy largo, fue bastante rápido, porque además andábamos volando, ensayábamos todos los días, horas, tocábamos en vivo y era lo mismo, todo estaba muy aceitado”, comenta Magnone.
Luego de grabar, el disco se armó en la casa de Aharonian. Ingold recuerda los pedacitos de cinta colgando en la pared. Cada tramo era una de las canciones, con la intención de determinar su orden. “Elegir cuál era la primera canción de cada lado era fundamental”, rememora. “Pero también la última, la segunda, la tercera y así. Para las pausas, que serían otro pedacito de cinta, cerrábamos los ojos y levantábamos la mano cuando sentíamos que la próxima canción debía empezar. Siempre la levantamos al unísono”.
El disco se presentó con ocho conciertos en el Teatro Circular, que convocaron a un buen número de espectadores. La tirada del disco se vendió completa, y las reseñas en prensa fueron favorables, menos una. En la presentación oficial, el trío interpretó Cara a cara, la primera composición de Ingold para Travesía, que no se llegó a grabar en el disco porque todavía no estaba tan trabajado. Quedaría para un segundo álbum.
Solo que esa secuela nunca se grabó.
Travesía siguió actuando durante otros tres años, colaborando con artistas como Leo Maslíah y Eduardo Mateo, y con Flavia Ripa en su formación en lugar de Hugo desde 1984. La maternidad y luego un vuelco hacia la musicoterapia como carrera profesional la alejaron del trío, que no tenía una planificación a futuro como para prolongarse en el tiempo, según considera ella. Ingold y Magnone continuaron –y continúan– como solistas. El tiempo pasó, y el disco quedó escondido hasta su reedición.
En este momento
Leonardo Carreño
Estela Magnone, la encargada de algunas composiciones de Travesía
Las integrantes de Travesía no fueron, obviamente, las primeras mujeres en la música uruguaya. Antes hubo intérpretes, instrumentistas, compositoras. “Tal vez el formato de trío y que lo hiciéramos todo solas pudo ser un disparador para motivar a otras”, aventura Ingold.
Magnone señala que “no era nada habitual”, un grupo como Travesía. “Pero no te miraban raro. Teníamos la experiencia del coro, en el que estaban todos mezclados, hombres y mujeres. Incluso en el Coro del Crandon teníamos una disposición diferente. Lo habitual era que en los coros estuvieran los hombres atrás: nosotros cantábamos entreverados, en cuartetos. Tenor, bajo, contralto, soprano. Era una dinámica re democrática y muy igualitaria. Jamás nos pasó enfrentar una situación de discriminación. A mí nunca me pasó en mi carrera, éramos respetadas como iguales. Hoy ese tema está más candente y la gente piensa que puede haber pasado algo, pero no fue así”.
Aunque en ese momento no lo tenían en cuenta, ni lo discutían ni lo pensaban, con la perspectiva del paso del tiempo se dan cuenta de que pueden haber tenido un rol de pioneras. Así lo resume Hugo: “Mirando desde hoy lo fuimos, pero no había una intención reivindicativa, que hoy si está y muchas gurisas de hoy miran la historia con admiración. Nunca lo armamos desde ese lugar y en ese momento esa discusión no era algo prioritario a nivel social. Sucedió así”.
Ese impacto también fue musical. “Con el tiempo me he dado cuenta que era una cosa muy rara, muy innovadora, y que era un sonido que no existía antes en Uruguay, algo que en definitiva fue muy original, pero cuando estás metido ahí ni te das cuenta. Ahora me doy cuenta de que de repente fue mucho más importante de lo que nosotros pensábamos”, dice Magnone.
Por eso celebran la reedición de Ni un minuto más de dolor —en un contexto en el que ser reeditado en vinilo es prácticamente ingresar a una especie de salón de la fama del disco uruguayo—, que haya mujeres jóvenes que les hacen saber lo importante que fue el grupo, que fueron una influencia en sus propias carreras musicales. Que lo que hicieron, algo con lo que siguen muy conformes, pueda ser escuchado por nuevos oídos.
“Creo que es algo que tiene un sello muy propio, es muy original. Yo escucho el disco y lo que suena me gusta, no le cambiaría nada. Me parece que es un sonido único”, concluye Magnone.
Ingold sigue en la misma línea: “estoy no solo conforme, sino sorprendida de lo que hicimos. Suena como algo nuevo, podría ser una grabación de este año. Creo que en lo personal cantaría y tocaría mejor, por supuesto, pero así éramos en ese momento y la grabación nos muestra tal cual”.
Y Hugo agrega: “estoy amigándome con el disco, que había olvidado durante mucho tiempo y fue una experiencia fundamental para mí y mi formación. Tiene una personalidad única, no sé si hay algo que se parezca. Que se reedite y vuelva a estar presente es muy bueno, quizás deje algo que tiene que ver con lo simple, lo personal, lo chiquito, incluso como algo medio experimental. El legado de Travesía va a aparecer por ahí ahora que el disco está de vuelta y que ha sido recibido como fue recibido”.