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Un oasis en la educación uruguaya

El colegio Blue Blue Elefante es un proyecto único en el mundo, que combina una perspectiva constructivista con el trilingüismo y la ecología

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17 de mayo de 2013 a las 18:58

Al doblar a la derecha en el kilómetro 123.500 de la ruta 8, se divisa a lo lejos una construcción de colores con tres elefantes pintados. Pronto emerge de aquel paisaje agreste una edificación multicolor de formas redondeadas que, para el viajero incauto, podría ser interpretado como un parque de diversiones. Al entrar a la propiedad emplazada en un terreno de seis hectáreas, se divisan una huerta extensa, gran cantidad de paneles solares y mosaicos que recuerdan la obra del arquitecto catalán Antoni Gaudí. Pero aunque a simple vista el lugar parezca un reducto de ocio para los niños, se trata del colegio Blue Blue Elefante, una institución educativa ubicada a cinco kilómetros de la ciudad de Minas, que representa una experiencia sin precedentes en Uruguay y en el mundo.

La infraestructura no es lo único novedoso de este colegio creado en 2010 a instancias de una filántropa alemana, que pese a su inversión de € 4 millones prefiere guardar el anonimato. El modelo de enseñanza también es único, ya que respetando el currículum de primaria, combina una aproximación constructivista –donde el alumno construye su propio conocimiento– con elementos de pedagogías como el método Montessori y el Waldorf. A eso le suma el trilingüismo (castellano, inglés y portugués), la educación ecológica y el énfasis deportivo y artístico.

Todo comenzó hace unos años cuando la alemana, que en aquellos tiempos vivía en el país aunque ahora reside en Europa, conoció a la arquitecta Sylvia Mazzuchi y le encargó la tarea de edificar un colegio que fuera “una mezcla de Disney y Gaudí”, al que los niños concurrieran felices, cuenta Fernanda Ferreiro, directora de la institución. “Ella vivió la época de la guerra en Alemania y eso la llevó a cuestionarse la educación de sus hijos”, sostiene.

Otro de los elementos clave es que el proyecto fuera integrador. La nieta de la alemana, con síndrome de down, había sido rechazada de dos colegios de Punta del Este y en un tercero nunca la invitaron a un cumpleaños. Por ello Blue Blue Elefante incorpora niños con discapacidad pero también beca a gran parte del alumnado. Aunque el año pasado la filántropa cedió las acciones del colegio a Mazzuchi, Ferreiro y la asesora pedagógica, ella sigue costeando las becas completas, que la institución otorga a 40 de sus 150 estudiantes.

Desde su fundación hace tres años la matrícula se ha disparado casi un 50%, ya que comenzaron con 80 alumnos y en la actualidad tienen 150. No obstante el crecimiento, la idea es no aceptar más de 20 estudiantes por clase. El colegio funciona en doble turno y las clases se dan en inglés durante las mañanas. Este año se incorporó el primer año del ciclo básico (que continuará con segundo y tercero) y se abrió una nueva sucursal en La Barra, que de momento funciona hasta preescolar y tiene unos 50 alumnos. Allí la construcción se hizo en base a contenedores vidriados, traídos de Alemania.

Aprender disfrutando

“Una de las cosas más comunes que los papás dicen es que sus hijos tienen ganas de venir al colegio”, sostiene Ferreiro. “Nuestro objetivo es que en el aprendizaje aprendan a disfrutar, porque aprender es un placer”, agrega la directora. Así lo confirman los alumnos de cuarto año cuando se les consulta sobre qué es lo que les gusta del colegio. “¡Tiene colores! ¡Es re divertido!”, comentan entusiastas.

Para lograr esto, explica Ferreiro, recurren a un plantel docente altamente calificado y motivado y a una perspectiva multidisciplinar de la educación en el que el conocimiento no es compartimentado y el aprendizaje no es memorístico. La base, por el contrario, es la comprensión y participación del alumno.

Así, por ejemplo, si en la huerta (de 600 metros cuadrados) se plantan semillas de frutilla, el docente trabaja en conjunto con el de matemática y el de biología y luego se cierra el proceso produciendo una mermelada y comercializándola, lo que implica un trabajo organizacional y artístico, ya que la tarea de los alumnos va desde calcular los costos y venderla, hasta diseñar el logo del producto. “Es una dialéctica entre el hacer y el pensar. Acá el chico no te pregunta ‘¿y esto para que me sirve?’”, señala Ferreiro.

En algunas situaciones se trabaja en forma conjunta entre los cursos, muchos de los cuales tienen paredes corredizas que permiten juntarlos. Durante la clase de quinto y sexto se evidencia esta tendencia holística. El tema que están estudiando es el batllismo, pero para ello los alumnos van trabajando diferentes conceptos que sitúan a José Batlle y Ordóñez en su contexto histórico y partir de allí lo relacionan con la Generación del 900 y Horacio Quiroga y la situación de la mujer a principios de siglo. También se mezclan elementos de historia, geografía, lengua y análisis literario.

La clase transcurre con una participación vehemente y generalizada de los alumnos, quienes muestran que son capaces de reconstruir el contexto socio-histórico con asombrosa fluidez, utilizar un rico vocabulario y compararlo con la situación actual. “La mujer tenía que hacer todo lo que en esta época le toca hacer al hombre”, dijo uno de los alumnos, quien solía vivir con su padre.

En el Blue Blue Elefante no se ponen notas, sino que en el carné se habla de los intereses y de las competencias que se evidencian. El colegio toma elementos de la pedagogía creada por la italiana María Montessori, que data de fines del siglo XIX, en la que se han formado Gabriel García Márquez, Hillary Clinton y los creadores de Google, Larry Page y Sergey Brin, entre otros.

El colegio dispone de un espacio Montessori para los niños de jardín de infantes, equipado con materiales traídos de EEUU. El aula es como una casa pequeña, con todo hecho a la medida de los niños, donde estos se mueven con independencia y manipulan distintos objetos, recipientes y materiales con los que se estimulan los aspectos sensoriales, motrices y de lecto-escritura de los niños. Se trata de ir “del material al concepto” y no al revés, como hace la educación tradicional, explica Ferreiro. Del método Montessori también se toma la idea de movimiento, con mesas de distintas formas y tamaños, que incentivan la fluidez espacial. El colegio cuenta, además, con sendos ventanales desde donde se ve el paisaje verde que lo circunda.

El Blue Blue Elefante también toma aportes artísticos de la pedagogía Waldorf, que trabaja muy fuertemente esta área. “Queríamos que los chicos tomaran el arte, el trabajo en la tierra o la música con el mismo respeto que a la historia o la matemática”, indica Ferreiro.

Las clases de música están a cargo de Gonzalo Brown, vocalista de La Abuela Coca. La alimentación también está contemplada. Las verduras que se consumen provienen de la huerta y se come de forma balanceada, sin fritos ni gaseosas. En lo deportivo, se practica fútbol, tenis, hockey, volley y natación, ya que cuentan con una piscina climatizada de 20 metros. La institución produce además su propia electricidad con placas fotovoltaicas (Ver recuadro).

Formación docente

Pese a que Blue Blue Elefante ha recibido la visita de varias personas del exterior, entre ellas la de la pedagoga catalana Eulalia Bosch, las autoridades educativas no han concurrido para evaluar el proyecto, aunque se les ha extendido la invitación. De acuerdo a Ferreiro, para arribar a la propuesta pedagógica que hoy imparten se necesitó un trabajo conjunto con los docentes durante tres años.

Contemplar las instalaciones de la institución puede llevar a pensar que este proyecto solo es posible con una gran inversión de dinero detrás. No obstante, para Ferreiro este no es el factor determinante. “No creo que sea un tema de infraestructura. Lo que hay que cambiar es la cabeza y la formación del docente. Uruguay nunca tuvo tanta infraestructura y tanto presupuesto para la enseñanza como en los últimos años e igual no funciona”, comenta. A pesar de la inversión millonaria, Ferreiro destaca que no recibieron ningún apoyo del gobierno nacional –aunque sí de la intendencia de Lavalleja– y que de hecho tuvieron muebles varados durante seis meses en el puerto.

En tiempos en los que uno de tres alumnos de la escuela pública presenta niveles importantes de ausentismo, y en el que 35,7% de los estudiantes de educación media y superior desertan –de acuerdo a datos del Consejo Directivo Central (Codicen)– el objetivo de Blue Blue Elefante suena ambicioso pero también esperanzador. “Esto te habla de que se puede cambiar una sociedad entera. Si de chico crecés confiando en vos mismo, sintiendo placer por aprender y sabiendo que sos bueno en algo, ¿por qué cuando llegás al liceo dejarías de estudiar?”, se pregunta Ferreiro.

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