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Una declaración alejada de la realidad

La relación bilateral entre la Celac y la Unión Europea atraviesa dificultades por las diferencias generadas a partir de la gestión de la crisis política en Venezuela

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20 de julio de 2018 a las 05:00

Por Ignacio Bartesaghi

El pasado 16 y 17 de julio, se desarrolló en Bruselas la segunda reunión de Ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), junto con la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. Tras la reunión se aprobó la declaración titulada "Construyendo puentes y reforzando nuestra asociación para afrontar los desafíos globales".

La reunión ministerial entre las dos regiones se realiza en un contexto internacional pautado por la reciente visita de Donald Trump a Bruselas en el marco de la cumbre de la OTAN, las polémicas reuniones con Theresa May y Putin, como también por la profundización de una guerra comercial con China y las tensiones en la OMC.

La relación bilateral entre la Celac y la Unión Europea atraviesa dificultades por las diferencias generadas a partir de la gestión de la crisis política en Venezuela. Esta realidad llevó a la postergación de la tercera Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, la que debió desarrollarse en 2017. Lo cierto es que ningún organismo o foro político de la región con la sola excepción del Mercosur (que aplicó la Cláusula Democrática suspendiendo a Venezuela), logró consensos sobre la crisis política y social en dicho país, mientras que la Unión Europea se ha posicionado con firmeza contra del régimen de Maduro desde sus respectivos órganos comunitarios.

En los hechos, la OEA sigue sin poder mostrar contundencia sobre la situación en Venezuela, la Unasur atraviesa una crisis sin precedentes con un desenlace aún desconocido y la Celac tampoco ha cumplido los objetivos pretendidos desde su creación en el año 2010. Con el paso de los años, a dicha Comunidad de Estados le ha sido imposible alcanzar acuerdos básicos entre sus 33 miembros en temas centrales para la estabilidad política y desarrollo económico de la región.

La primera Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno entre la Celac y la Unión Europea se realizó en el año 2013 en Santiago de Chile. Esta reunión estuvo marcada por los impactos de la crisis europea, que golpeó fuertemente la estabilidad del euro y las economías de Grecia, Italia y España. En esa oportunidad se trataron aspectos vinculados con la promoción de inversiones de calidad social y ambiental con una perspectiva de desarrollo sustentable, temas de alcance muy general con escasos compromisos específicos.

La segunda cumbre se realizó en Bruselas en el año 2015 con una agenda más amplia y detallada en relación a la de 2013, lo que fue posible por una Europa algo más recuperada pero aun con la incertidumbre generada por la posibilidad de que Reino Unido se retire de la Unión Europea, y por las corrientes antieuropeístas que surgían en países clave como Francia.

Si bien en 2017 ya se contaba con el resultado del referéndum que confirmó la salida de Reino Unido de la Unión Europea, el bloque ingresó en inestabilidades políticas que generaron un aluvión de incertidumbres hasta no conocerse el resultado electoral en Francia con la victoria de Emmanuel Macron. De cualquier forma, se siguen sin conocer las condiciones del alejamiento de Reino Unido, a lo que se le sumó los impactos por la crisis migratoria y los coletazos recibidos por los atentados terroristas perpetuados en territorio europeo.

Desde el lado latinoamericano y caribeño la situación política se agravó con las tramas de corrupción, lo que llevó incluso a la destitución y renuncia de presidentes, la profundización de la crisis en Venezuela y más recientemente la complicada situación en Nicaragua. Los contextos regionales de cada uno de los actores, sumado a la incertidumbre global, no cuentan con el aliciente de un crecimiento de los lazos comerciales, ya que más allá de la renegociación del acuerdo entre la Unión Europea y México, las otras negociaciones en curso siguen estancadas, particularmente las llevadas adelante por el bloque europeo con el Mercosur. De hecho, en términos comerciales y económicos, la relación bilateral ha perdido fortaleza en comparación con la última década.

Este escenario no impidió la realización de la cumbre de cancilleres de esta semana, la que incluso aprobó una declaración que no hace mención expresa a las mayores crisis que atraviesa América Latina y el Caribe y que han impedido la realización de la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del año 2017.

En la misma, los cancilleres establecen que la relación entre los dos actores se basa en valores comunes, haciendo mención a la construcción de sociedades más democráticas, cohesionadas e integradoras, resaltando el fomento y la protección de los derechos humanos. Otro segmento de la declaración reafirma el compromiso de seguir trabajando para promover la democracia mediante elecciones libres, limpias, el respeto del Estado de derecho y la protección de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de las personas.

Es difícil encontrar un adjetivo para describir la declaración recientemente aprobada por los cancilleres, pero no debe ni aclararse que la misma no contempla lo que acontece en la región. Venezuela está muy lejos de la promoción de la democracia y del respeto del Estado de derecho o de la protección de los derechos humanos, lo que por cierto tampoco se está cumpliendo en Nicaragua. Más allá de las dos declaraciones específicas sobre las crisis en Venezuela y Nicaragua firmadas por algunos miembros de la Celac (10 y 13 respectivamente), es a esta altura poco serio que en una declaración se pregonen principios que están tan alejados de la realidad.

En definitiva, si las organizaciones o foros políticos que tienen por objetivo plantear y debatir sobre los principales temas de la agenda política y económica de la región, no logran acuerdos básicos en asuntos tan centrales como el respeto a los derechos humanos, las mismas ingresarán rápidamente en el descrédito, perdiendo definitivamente su legitimidad.

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