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Una historia de presiones que lleva 80 años: el buque alemán que se volvió un dolor de cabeza

Desde su hundimiento en 1939 hasta hoy, Uruguay ha enfrentado enormes presiones en torno al Graf Spee  

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29 de junio de 2019 a las 05:01

Era una madrugada calurosa de diciembre. Poco después de enterarse de lo sucedido, el canciller Alberto Guani aflojó el nudo de su corbata, respiró hondo y ordenó los papeles de su escritorio. Entre ellos, había notas diplomáticas británicas, alemanas y francesas. Iba a ser una noche larga. 

Pocos minutos más tarde, el embajador británico, Millington Drake, estaba sentado frente a él. “Señor ministro, el gobierno uruguayo, con sus bien conocidos principios democráticos, actuará de acuerdo a las leyes internacionales e internará al Graf Spee por el término de la guerra, ¿no es cierto?”, preguntó Drake. 

“Somos un pequeño país, que se ha impuesto la pesada carga de la neutralidad. Les imploro que no la hagan más pesada”, le contestó Guani. 

Luego, el canciller recibió a los alemanes. El capitán del Graf Spee, el respetado Hans Wilhelm Langsdorff, y el ministro Otto Langmann, un embajador novato, ex pastor protestante, también hicieron sentir la presión. 

Las potencias europeas seguían de cerca cada decisión que tomaba el gobierno uruguayo. La Segunda Guerra Mundial había comenzado hacía poco más de tres meses, y Montevideo había sido el escenario de una batalla naval clave en el conflicto. 

Desde aquel 13 de diciembre de 1939 hasta hoy, el Graf Spee ha sido un dolor de cabeza crónico para Uruguay a nivel diplomático. El país ha sufrido presiones de todo tipo, algunas inverosímiles. Parece ser un tema de nunca acabar.

El Graf Spee -hundido por los propios alemanes en la bahía de Montevideo para evitar que cayera en manos enemigas- portaba una impactante águila de bronce, símbolo del poder nazi. Esa pieza polémica, pero de innegable valor histórico, permaneció bajo el agua hasta 2006 cuando vio la luz de nuevo. Desde entonces, está dentro de una caja de madera bajo custodia en Fusileros Navales, una dependencia militar ubicada en el Cerro de Montevideo. La semana pasada, la Justicia falló en primera instancia a favor de los permisarios privados Alfredo y Felipe Etchegaray, quienes habían firmado en 2004 un contrato de rescate con el Estado uruguayo. El texto establecía que las partes debían repartir en iguales mitades el valor económico producido por la venta del águila. 

La decisión de la jueza Gabriela Rodríguez Marichal obligaba al Estado a concretar la comercialización en un plazo de 90 días, una vez que la sentencia quedara firme. La noticia recorrió el mundo y volvieron los temores de que la pieza caiga en manos equivocadas. El miedo es que se transforme en un culto de peregrinación nazi en pleno siglo XXI. Otra vez, comenzaron a sonar los teléfonos de las oficinas uruguayas involucradas en el asunto. Otra vez hubo presiones. Pero el gobierno anunció este martes que apelará el fallo, razón por la cual la eventual venta quedó en suspenso. 

Las propuestas 

Esta historia involucra a poderosos países y a influyentes colectivos. En 2013, el por entonces ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro, recibió a una delegación de la colectividad judía. Allí, los representantes de ese colectivo propusieron al gobierno fundir la pieza, como una forma simbólica de dejar los horrores del nazismo en el pasado. Fernández Huidobro se opuso a esa posibilidad, según información oficial a la que accedió El Observador. 

Ernesto Kreimerman, expresidente del Comité Central Israelita, era uno de los abanderados de aquella posición. “En ningún lado se conserva ningún símbolo del poder nazi en estado completo. Hasta el búnker en Berlín fue destruido”, dijo Kreimerman a El Observador en 2017. Años más tarde, los integrantes de la colectividad mantuvieron las charlas con Defensa, ya con Jorge Menéndez al frente de la cartera, pero sin establecer una posición firme ni unánime. 

La presión alemana 

Las presiones directas más intensas llegaron por parte de Alemania. En 2007, poco tiempo después que el águila del Graf Spee fuera retirado del Río de la Plata, la por entonces subsecretaria de Relaciones Exteriores, Belela Herrera, debió abordar el asunto, que le habia delegado el ministro Reinaldo Gargano. 

Hasta el  día de hoy recuerda la dureza de la posición de Alemania en aquellas reuniones. “Nos pusieron entre la espada y la pared. Es que Alemania no permitía que de ninguna manera se vendiera el águila. No podía salir del país”, dijo este miércoles Herrera a El Observador. 

La delegación alemana comentó en aquel tenso encuentro que podía tomar “medidas drásticas” contra Uruguay ante esa posibilidad, recordó Herrera. De ese modo, el Graf Spee volvía a la vida de Belela Herrera. Ella vio con sus propios ojos al acorazado hundirse en la bahía de Montevideo siendo una niña. 

Años más tarde, Alemania volvió a la carga para hacer pesar sus intereses. En 2013, el por entonces embajador alemán en Montevideo, Volker Anding, mantuvo una reunión con jerarcas del Ministerio de Defensa. Allí dijo que, por tratarse de un barco de guerra, el Graf Spee pertenecía al Estado alemán, posición que fue rechazada de plano por el gobierno uruguayo. 

El destino

Varias voces sostienen que el destino de esa pieza debe ser académico. Podría ser vendido a un museo de guerra, por ejemplo. Alfredo Etchegaray se alínea a esa posición. “Todas las partes coincidimos en que el lugar ideal es un museo o un proyecto académico cultural”, dijo a El Observador. Agregó que cuando el águila fue sacada del mar en 2006, consultó al Comité Central Israelita y le contestaron que no tenían problemas con la venta del águila. “La condición era que se conociera el destino y que se trata de algo académico. Lo tengo por escrito”, sostuvo. La posición de los judíos al respecto ha ido cambiando con el correr de los años, entre esta opción y otras más radicales como fundirlo. 

Etchegaray contó que hace un tiempo fue citado al restaurante García, ubicado en la calle Arocena, en Carrasco. Allí, dos personas que dijeron ser representantes de museos del holocausto del mundo manifestaron interés en adquirir el águila. “Preguntaron qué valor tenía”, dijo Etchegaray. 

El empresario se mostró molesto con que Uruguay no logra aprovechar las oportunidades que tiene de generar ingresos, por ejemplo a través del turismo histórico. Al mismo tiempo, reivindicó sus derechos económicos tras el rescate del águila. “Empecé a trabajar en la década de 1980. Yo vendí propiedades para financiar este asunto”, afirmó. 

El Graf Spee es un ícono de la memoria colectiva de Montevideo. Ya no suenan los cañones, pero en el ámbito diplomático y judicial, la Batalla del Río de la Plata parece no tener fin.   

¿Cuánto vale el águila?

Es la pregunta del millón. Alfredo Etchegaray, uno de los permisarios privados que está en juicio con el Estado a raíz de este asunto, dijo el 21 de junio al programa Cierre 850 de radio Carve que la prensa internacional ha llegado a hablar de 60 millones de euros. “Por ser una pieza única, puede valer 60 millones de euros, puede valer 10. Si se comienzan a pelear los museos o corporaciones que descuentan impuestos puede haber una puja y llevar el valor mucho más arriba o más abajo”, sostuvo el empresario. De acuerdo al contrato, del total producido por la venta del águila, las ganancias serán repartidas en iguales porciones entre las partes.

El gobierno tiene una visión muy diferente al respecto. Ruben López, asesor del ministro de Defensa José Bayardi e intregrante del Grupo Coordinador para Hallazgos, Pecios y Materiales Arqeuológicos (GCH-PEMA), dio su opinión. “Se han manejado muchas cifras de muchos millones de euros de parte de los representantes legales de Etchegaray o de representantes del Poder Legislativo, pero nunca hubo una oferta seria y específica hecha por alguien”, sostuvo. Según consultas que ha hecho con expertos en temas patrimoniales, López agregó que hay quienes afirman que la pieza carece de valor económico, ya que su verdadero valor es histórico. 

Mariana Mota, directora del Instituto Nacional de Derechos Humanos, se manifestó en contra de una eventual venta del águila. “Me parece una barbaridad que ese símbolo de una ideología entre en el comercio de los particulares. Es como si sacáramos un pedazo de Auschwitz y lo pusiéramos a la venta”, sostuvo. 

Mota dijo que entiende el derecho económico de quienes rescataron la pieza. “Pero esto trasciende un mero hallazgo”, afirmó y adelantó que es partidaria de exhibirlo. “Pero habría que hacerlo con una narrativa específica, por ejemplo a través de la Comisión Nacional de Sitios de Memoria. No es ajeno a nadie que la dictadura uruguaya y otras del Cono Sur tenían afinidad con la ideología nazi”, dijo. El martes 25, la directora del Instituto Nacional de Derechos Humanos abordó el asunto del Graf Spee a raíz de las noticias judiciales surgidas. 
 

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