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Víctor Rostagno: cómo es la vida de un gimnasta en Uruguay

Disciplina, entrenamiento, caer y levantarse, vencer tabúes, derribar prejuicios y vivir de una beca hicieron de él un histórico deportista

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16 de febrero de 2019 a las 05:02

Se concentra. Toma aire, mira fijo a la cámara y con naturalidad, como si se tratara de un ejercicio sobre las barras, con voz firme dispara: “Mi nombre es Víctor Rostagno. Tengo 20 años. Soy gimnasta del Club Olimpia. Mi sueño es llegar a los Juegos Olímpicos”.

La frase retumba en el gimnasio Roberto Lovera de Olimpia en la mañana de otro día que en un rato dejará el silencio de la soledad que rodea el momento de la grabación del video para Referí por el bullicio de otra jornada de entrenamiento del numeroso grupo de niños y niñas que con Mario Martínez y Arman Mkrtchyan empiezan a recorrer el mismo camino que hace 12 años inició el histórico gimnasta uruguayo. Con sus medallas, empezó a escribir en letras doradas una historia inédita en un deporte que para los uruguayos solo estaba identificado con la destreza de mujeres que en los Juegos Olímpicos son capaces de lograr un 10 o acercarse a ese registro.

Víctor aprendió a derribar los prejuicios. “‘¡Hacés gimnasia!’, solían decirme con asombro cuando era niño, y atrás venía la otra frase: ‘¿Sos mujer?’. Eso me pasó muchas veces con otros niños que me conocían, con compañeros de la escuela, del club, pero si sos fuerte mentalmente y no te importa lo que digan, empezás a hacerles ver que los varones también hacen gimnasia, y acabás con los prejuicios. ¿Sabés qué fue lo más importante en todo esto? Que nunca me dio vergüenza hacer gimnasia. Que sabía lo que quería. Porque había que estar en ese lugar y escuchar que te dijeran que eras mujer porque usábamos un uniforme que es una malla. Nunca me trataron de gay, pero sugerían que hacía un deporte de mujeres y que yo era una de ellas. Sucedía eso por falta de información de lo que es la gimnasia. Que te digan eso siendo un niño capaz que te asusta y preferís abandonar, pero en mi caso tuve mucho apoyo de mis padre, que me decían que no les hiciera caso. Y me sirvió como impulso para seguir para adelante”.

Víctor vive para la gimnasia. “Uno deja de lado salidas, cumpleaños, bailes, ir a la rambla. Y lleva a que los demás hagan comentarios: ‘¡Pasás muchas horas en el gimnasio! ¿No tenés ganas de salir?’. Y me respuesta es no. Ya me acostumbre. Y te retrucan: ‘Estás loco, te pasás todo el día acá’. Lo que no saben, aunque creo que a esta altura ya lo entendieron, es que yo estoy muy bien acá. Capaz que la salida con amigos al bar o una noche en la rambla para ellos es mi entrenamiento con mis compañeros”.

Víctor no tiene apoyo de sicólogos deportivos, pero aprendió a ser su propia voz de apoyo. “La gimnasia es un deporte que lleva mucho trabajo. Requiere mucha constancia y concentración. Ensayar una y otra vez hasta ganar confianza. Se dice que el trabajo de una semana se pierde en uno o dos días. Es como la vida del nadador, que en ese caso se mide por tiempos, que si deja de entrar al agua unos días pierde sus mejores registros. Si querés que te salga un movimiento, tenés que dedicarle tiempo. La gimnasia te enseñan a trabajar, a tener paciencia, a prepararte para lograr un objetivo, a saber que convivís con el éxito y el intento fallido”.

Víctor no tiene nutricionista, pero aprendió a alimentarse. “De lunes a viernes mucho carbohidrato y mucho agua. Nada de grasas. Los sábados y domingos me permitió una licencia de un asado o una hamburguesa”.

El niño que venció tabúes

La historia de Rostagno gimnasta la comenzó a escribir en 2005, en la plaza de deportes 18 de mayo de Las Piedras. “La escuela iba a la plaza cuando la profe de un día grupo que hacía gimnasia femenina invitó a algunos poquitos varones. Uno de ellos era yo. Comencé justo en el último momento de aquel verano y me quedé con ganas. Por esa razón al año siguiente fui de nuevo con mi profesora Cecilia. Vio que tenía facilidad para hacer ejercicios, para dar vueltas y me dio la opción de probarme en Olimpia. A la semana estaba aquí, donde ya llevo 12 años”, resume.

El año 2011 se transformó en un punto de quiebre en su historia deportiva. A sus 12 años, sus padres se separaron y allí definitivamente se aferró a la gimnasia como salvavidas. “Era chico y estaba en medio de todo. No entendía lo que pasaba ni por qué sucedían ciertas cosas de la separación de mis padres, hasta que llegaba acá (al club) y no podía, me trancaba. Lloraba. Sentía rabia. Esos fueron los grandes momentos de frustración que tenía, y los que me impulsaron a lo que vino después”.

Los gimnastas compiten en los seis aparatos: suelo, salto, paralelas, arzones, barras y anillas. ¿Cómo es la preparación? “Cada día vamos tratando de variar la preparación. No siempre hacemos lo mismo para no estar siempre cargados sobre lo mismo. En las competencias participamos en todo”, dijo. Rostagno se especializó en suelo y saltos. En esas pruebas fue medalla de bronce en los Panamericanos de 2015.

La especialidad suelo se practica en un cuadrado de 12 metros por 12 metros, donde el gimnasta hace una rutina con un tiempo límite de 1’10” en el que realiza una serie. Salto consiste en una corredera de 25 metros hasta un caballo o lengua que lo espera al final, picá en el trampolín, se apoyás en ese caballo y hace los giros o mortales que podés.

¿Tiene miedo un gimnasta? “Siempre. El miedo es algo común, de todos los días. Tenés miedo cuando vas ahí arriba, pero también eso es lo que te impulsa y te brinda adrenalina para hacer lo que hacés. Es esa sensación rara de tener miedo y disfrutar la satisfacción de hacerlo”.

El único secreto para el gimnasta es el trabajo, asegura. “Tengo que entrenar muchas veces para que el movimiento se sienta natural. ¿Sabés cuando sabés que estás listo? Cuando la sensación de inseguridad desaparece. Porque un movimiento mínimo, que te salga mal, altera el resto”.

Giros en el aire en las barras, vueltas en el suelo, fuerza de brazos que le permite despertar admiración de los espectadores, forman parte del impacto visual de los movimientos que hicieron a Rostagno el gimnasta más exitoso de Uruguay, en la historia del deporte. Pero, ¿qué pasa por su cabeza cuando está en el aire? “No lo sé explicar porque no es que estás sintiendo algo. No te estás preparando para lagrimear si pasa tal cosa, o reír. Uno siente cuando está girando. Siente cuando cae. Siente cuando está en el aire y se debe abrir para caer. Pero no le ponés sentimiento a nada de eso. Solo hacés. Si estás pensando en lo que sentís, no estás pensando en lo que hacés. La emoción viene cuando estás parado en el piso después de terminar”.

¿Cómo vive un gimnasta? “Somos amateur. No cobramos por entrenar, entonces se hace difícil afrontar los gastos. Comprar manoplas, vendas, leuco. Como en Uruguay no existe producción de indumentaria deportiva de gimnasia tenés que pedirle a alguien que te traiga. Ahora tengo una beca militar, que me permite un ingreso mensual. Dieron 15 cupos, uno de ellos lo tengo yo y recibo un sueldo para entrenar y prepararme. Para los gastos que tengo me alcanza, pero hoy no pago una casa. Además, cuando lográs medallas en el exterior, el club te exonera un año del pago de la cuota social”.

Tiene pendiente los estudios. Habla con vergüenza cuando tiene que expresar que los abandonó. También expresa una justificación. “No estoy estudiando. Dejé por un tema de horarios y el viaje de tres meses a China del año pasado. Perdí el hilo de lo que estaba haciendo, y no me pude enganchar. Lo dejé de lado, pero tampoco quiero decir que lo abandoné, porque apunto a prepararme para poder ser profesor de gimnasia y trabajar en el club. Voy a estudiar educación física”, explica, y se justifica: “Dejar los estudios no fue fácil, especialmente por mi padre, que siempre me dijo que aunque hiciera deporte tenía que estudiar. Porque si un día te quedás sin deporte tenés el aval del estudio. Lo tengo claro. Ahora le doy prioridad a la gimnasia, porque es el momento en el que puedo crecer, y luego volveré a dedicarme al estudio”.

El gimnasta de Olimpia viajará la próxima semana a China para entrenar tres meses. Ya estuvo el mismo período en dos de los tres años anteriores, por un convenio que firmaron los gobiernos de Uruguay y China.

Víctor se prepara para los Juegos Panamericanos de Lima de julio y para el Mundial de octubre en Alemania. Procura repetir podio en América e irá por una medalla en los mundiales, que le habilitarán la clasificación a Tokio 2020. También puede llegar a los Juegos por las copas del mundo, que se disputan en Europa y que otorgan puntos para un ranking. Para el uruguayo esa opción no está en los planes. Los costos de los viajes, le impiden ir a buscar un cupo en Europa, pero el sueño de Tokio 2020 es el motor de su vida como gimnasta en Uruguay.

Un día inolvidable
“El momento que me marcó en la gimnasia fue la primera medalla panamericana, que ganamos para Uruguay en gimnasia artística. Eso sucedió en Sucre, Bolivia, en 2016”

El maestro
Mario Martínez, entrenador de gimnasia masculina en Olimpia, lo acompañó en toda su etapa de crecimiento hasta su consagración internacional.

Papá presidente
El deporte está lleno de padres dirigentes. Uno de ellos es Juan Carlos, el padre de Víctor, quien se inició en la subcomisión de gimnasia de Olimpia en 2006 y desde 2018 preside la Federación Uruguaya de Gimnasia.

Con el sello de Olimpia
Rostagno y Cristian Meneses iniciaron en esta década una revolución en la gimnasia masculina en Uruguay. Ambos se formaron en Olimpia, el club extra fútbol con más logros deportivos en Uruguay.

 

LAS FRASES

“La gimnasia siempre fue mi cable a tierra, y la que me sacó de todos mis problemas. Si tenía un problema en casa lo que hacía era venir al club, entrenaba, estaba con mis compañeros y como siempre dice Mario (Martínez, su entrenador): ‘Cuando pasamos los portones los problemas quedan afuera’. Y todo se transforma en entrenar y que la cabeza esté en eso”

“La sociedad uruguaya recién ahora se está enterando lo que es la gimnasia artística en Uruguay, y la Secretaría Nacional del Deporte brindó mucho apoyo con los acuerdos que logró con el gobierno de China y los viajes que hacemos para perfeccionarnos en ese país”

“Olimpia es mi casa. Es el club que me ayudó en mis días difíciles, cuando tuve problemas. El club siempre estuvo y siempre va a estar, porque cuando no tengo nada que hacer y quiero venir a entrenar, aquí estoy y tengo espacios para hacerlo”

“Cuando estás practicando algo nuevo y estás a punto de lograrlo, te da vueltas en la cabeza y vas a YouTube y mirás, comparás. En estos tiempos, la tecnología te ayuda mucho. Antes era el ojo del profesor y nada más. Hoy es el ojo del profe, lo que tenés en el celular y lo que podés buscar para saber qué te falta”

Víctor Rostagno

Gimnasta


 

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