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6 de octubre 2023 - 5:02hs

No sé cómo mostrar dónde me duele, se titula el último libro de la escritora colombiana Amalia Andrade, que lo presenta de esta forma: “Un libro que por momentos no quise escribir; sobre el vacío que llevamos en la boca del estómago y sobre cómo detrás de fotos, dibujos, poemas y canciones está la herramienta más certera para decir dónde nos duele lo que nos duele”.

A continuación, parte de la charla que la autora mantuvo con El Observador desde Colombia.

Este es un libro desde otro lugar, es otra Amalia diciendo otras cosas.

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Cien por ciento. Es exactamente lo que quería y es lo que pasó. Es otra Amalia, quería que quedara como muy expreso en el libro que era diferente.

Esta nueva Amalia es más vulnerable, ¿puede ser?

Mucho más vulnerable, sin duda. Hace rato entendí que si bien la vulnerabilidad te deja expuesto, también hay una gran fortaleza detrás de esto. Hay honestidad, hay verdad y la verdad es inamovible. No había otra opción, eso era lo que estaba transitando y lo que necesitaba plasmar en el libro y así salió.

Sale también la grandeza de compartir con tus lectores qué es sentir y cómo aprender a sentir.

Sí, estudié muchísimo acerca de las emociones y por tanto la diferencia entre emociones y sentimientos. Las emociones son un tema muy complejo, muy difícil, también muy abstracto y precisamente por eso es tan complicado hablar de ellos. Me parecía fundamental hablar de emociones en una sociedad donde no nos sentimos cómodos con un montón de emociones que son parte fundamental de nuestra experiencia de vida, y me impresionó lo poco educados que estamos con respecto a eso. De allí sale la idea del libro.

Cuando empezaste a leer todo ese material que separa emociones y sentimientos, ¿cuáles fueron tus primeras conclusiones?

Primero que sabemos muy poco del mundo emocional. La mayoría de las personas pueden nombran como mucho tres o cuatro emociones, entonces eso me impresionó porque lo que no nombramos, sobre todo en las emociones, nos atropella. Por otro lado, vivimos en un mundo donde si bien no estamos muy consientes de cómo funcionan las emociones, tenemos esta falsa idea de que hay algunas mejores que otras. Eso nos ha hecho un daño muy grande. Precisamente porque se ha perpetuado la idea de que hay emociones mejores y peores. Vivimos persiguiendo solo las emociones que se sienten bien y creo que somos una sociedad profundamente incapaz de habitar regiones incómodas o dolorosas.

Difusión

Con tus libros primero, y ahora con tu unipersonal en Colombia, hablás precisamente de salud mental en tiempos donde estamos obligados a ser felices todo el tiempo.

Sí, cien por ciento. Vivimos en la tiranía de la felicidad, en una tiranía del bienestar donde no hay cabida para estar mal y estar mal se sataniza mucho. Eso hace que en momentos cuando la persona tiene que transitar tiempos difíciles como tristeza, depresión y demás sean mal vistos por la sociedad y también nos asusta mucho a nosotros personalmente porque nos han dicho que no están bien. Nos han dicho que tiene que pasar rápido, que hay que salir rápido de esos lugares y evidentemente todo el entendimiento que tenemos de las emociones como sociedad afecta mucho la relación que tenemos con la salud mental de una manera negativa.

Ponés el ejemplo que te silenciaba una amiga porque estabas mucho tiempo en piyama y que decía "no te puedo ver así". 

Sí. Creo que tenemos una relación muy pobre con el dolor, el tedio, la no productividad. Hay una pésima relación con la no productividad, nos choca mucho. Tenemos una mala relación con el miedo, con la ansiedad. Estamos tan programados en que evidentemente el estado real del ser humano es un estado de bienestar sostenido lo que no significa que esté todo el tiempo feliz pero sí tener las herramientas para navegar lo que viene. Pero tenemos tan pocas herramientas para navegar, para acompañar estados que no se vean como un bienestar sostenido. Esa tiranía del bienestar y de la felicidad nos equipa mal para todo: tanto como para abrazar compasivamente un estado que es absolutamente natural y que seguramente acabará pronto, como para acompañar un estado que no necesariamente está bien.

Trabajás el libro como un objeto, también junto a las otras disciplinas que tienen que ver con el arte más allá de la escritura ¿Cómo lo pensaste?

Quería hacer un libro que tuviera diferentes niveles de texto porque también me interesa y siempre me ha interesado mucho que la lectura se haga desde diferentes lugares. Entonces la fotografía es a su manera un nivel de texto y también la ilustración, los colores, etc. Hay una parte del libro en la que cambiamos la dirección del texto, entonces la persona tiene que mover el libro para leer. Todo eso yo lo tengo en la cabeza pero también tuve la fortuna de trabajar con unas genias absolutas que es un estudio de diseño en Bogotá que se llaman Sola y en colaboración hicimos el libro.

Lo importante que son los gatos en tu vida es algo que también está presente en todo el texto.

Mis gatos son mi paz. En uno de los capítulos comparto que le digo a mi gato Río, que al final del día él es como mi lugar seguro. Mis gatos son una compañía increíble. Se ha hablado muchísimo de la relación que tenemos con nuestras mascotas y con nuestros animales, y se ha hablado mucho acerca de la alegría que traen a nuestras vidas. Pero creo que a veces se habla poquito de cómo nos mantienen con vida, en momentos muy horribles, momentos en que le decís "yo sigo acá por ti, yo quiero seguir viva por ti". Me vuela la cabeza el hecho de que podamos comunicarnos con otras especies de una manera tan clara. Mi gato me mira, me muestra y me dice qué quiere.

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