Fútbol Internacional > REFERÍ EN MADRID

Y un día terminó: en Europa, sin incidentes y con River campeón

En un ambiente familiar y con todo en orden, el equipo de Núñez levantó su cuarta copa.

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10 de diciembre de 2018 a las 05:00

Especial, desde Madrid

Las comparaciones, en general, son odiosas. Pero cuando la final del torneo más importante del fútbol sudamericano se juega en España porque Argentina no fue capaz de organizarlo de forma adecuada, se vuelven útiles. River Plate fue campeón de la Copa Libertadores 2018 en el estadio Santiago Bernabéu en un partido sudamericano con reglas europeas que lograron que se disputara la final entre los dos grandes del fútbol argentino sin mayores dificultades. 

Reglas europeas porque los controles no permitieron el ingreso de grandes banderas. Tampoco de mástiles ni de fuegos artificiales. No hubo un sector de las cabeceras reservado para un grupo de personas que llega sobre la hora del partido. Cada uno se sentó en el lugar que les correspondía por la entrada que había adquirido. Tampoco un grupo "comandó" los cánticos. Surgieron de distintos lados de la tribuna con pocas palabras y rimas predecibles. Eran canciones que se aprenden rápido y se contagian a todo el estadio. 

Tampoco hubo banderas haciendo alusión a nombres de barras ni de grupos. No hubo incidentes. Hubo menos caos que el que estamos acostumbrados en Sudamérica porque hubo más orden. Menos "folclore", más espectáculo. Más seguridad, menos violencia.

Claro, el partido se jugó a miles de kilómetros del lugar de origen de la mayoría de los hinchas y fueron pocos los que lograron llegar desde Argentina. Pero las autoridades españolas también se encargaron de deportar hacía el Río de la Plata a aquellos que no querían que participaran del partido. Fueron dos, uno de cada equipo, que tuvieron que volver apenas pisaron Madrid porque no los dejaron pasar.

La previa

A las 9 de la mañana, casi doce horas antes de que empezara el partido, la organización habilitó las Fan Zone. Dos puntos, cerca del Bernabéu y separados por unas 15 cuadras, con escenario, música y Dj's. Primero la música de los parlantes. Después la gente cantando. Banderas, paraguas y globos. Sobre las 16 horas el ambiente ya era de final.

En las calles cercanas al estadio se escuchaba castellano en diversos acentos, portugués y también inglés. Decenas de españoles se acercaron a la calle Paseo de la Castellana para ver el espectáculo. Hasta los policías sacaban sus celulares para grabar a los hinchas que de los dos cuadros que se cruzaban en la calle sin generar ningún altercado.

Los bombos que sonaron en Madrid no decían Los Borrachos del Tablón ni tenían el número 12. Decían Barcelona, Madrid, Valencia o Ibiza en referencia a las filiares de los equipos en esas ciudades de España.

El operativo, que contó con 4.000 efectivos, camiones blindados y hasta un helicóptero, quedó grande para el ambiente casi familiar que se vivió en la final de la copa. Ahora, con el diario del lunes sobre la mesa, es fácil decir que hubo un exceso de policías en los alrededores del Bernabéu.

A las 17:30 abrieron las puertas del estadio y fue ahí, después de caminar varias cuadras cantando y saltando, que los hinchas se encontraron con la parte más fuerte del operativo. Cuatro controles, dos con cacheos y dos para la entrada, eran necesarios atravesar para llegar al estadio.

El partido

"En Argentina el partido se ve parado", dijo un hincha, sonrió y miró para los costados buscando cómplices que hicieron caso omiso y se sentaron. En las laterales el público se mantuvo en sus asientos los 120 minutos aunque en las cabeceras este hincha hubiera tenido mejor suerte.

El estadio del Real Madrid recibió a casi 63.000 espectadores - de los 81.000 que entran- para vivir la final de la copa. La voz del estadio presentó los equipos al estilo europeo: solo decía el nombre de pila y los hinchas tenían que gritar el nombre. Pero no tuvo mucha suerte con el hincha sudamericano poco acostumbrado a este tipo de intervenciones.

Fue recién en el segundo tiempo del alargue que los hinchas de River gritaron "Quinteros" cuando la voz del estadio gritó "Juan Fernando” después del 2 a 1. El locutor es parte del espectáculo. Sí, espectáculo, show, así entienden el fútbol por estos lados.

Había empezado ganando Boca con gol de Darío Benedetto en el primer tiempo tras un excelente pase del uruguayo Nahitan Nández. Pero River lo empató en el segundo y los dio vuelta en el alargue. Por eso los uruguayos que fueron campeones al final fueron los del millonario: Nicolás De la Cruz, Rodrigo Mora y Camilo Mayada, el único que tuvo minutos en la final.

El partido tuvo patadas, expulsiones, polémicas y reclamos al árbitro uruguayo Andrés Cunha. También hubo golazos y destellos del mejor fútbol. Y por supuesto, épica. Casi un mes después del primer partido y a miles de kilómetros de donde se iba a jugar originalmente, el equipo de Núñez se consagró campeón tras ganarlo en alargue.

En las tribunas no había pulmones. Los hinchas se mezclaron sin problemas. Los alambrados no hicieron falta y la seguridad privada fue un espectador de lujo.

Al final nadie invadió la cancha. Los jugadores festejaron solos. Los hinchas de Boca aplaudieron a su equipo. Los perdedores se quedaron a recibir la medalla del segundo puesto. Al final no hubo empujones ni piñas. Hubo lágrimas, abrazos y calenturas. También saludo entre los jugadores y aplausos para Boca. Al final, fue solo fútbol.

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