Hay gráficos que uno mira una vez y se le quedan pegados. Me pasó con uno que volvió a poner sobre la mesa The Economist: la curva de la felicidad por edad, esa U que los aficionados a la economía estudiamos durante treinta años y que, dibujada, parece una sonrisa. Ya no sonríe. Se le cayó la punta de los jóvenes