19 de mayo 2024
12 de abril 2024 - 16:19hs

El próximo 18 de julio se cumplen treinta años del atentado a la AMIA. Nada hacía suponer un cambio más allá de la contundencia de un número redondo que abofetea en la cara al reclamo de Justicia.

Tres décadas que incluyeron investigadores investigados, plata para desviar la investigación, la connivencia de los servicios de inteligencia y de la propia Justicia. La causa por la voladura de la mutual judía, una nueva causa para investigar las irregularidades en la causa principal. Una denuncia de un pacto político reñido con la ley. Y lo que hoy la Justicia federal investiga como asesinato del fiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman.

Ochenta y cinco cuerpos destrozados. Algunas certezas aportadas por el primer juez de la causa, Rodolfo Canicoba Corral, y el límite que representaba para él la negativa de los acusados de ser los ideólogos del atentado a declarar. Notificaciones de interpol. Diez años de trabajo de la Unidad Fiscal para la Investigación de la causa AMIA (la UFI-AMIA), con Nisman a la cabeza. El pedido de captura en el 2006. La declaración del atentado como delito de lesa humanidad confirmado en la Cámara por Jorge Ballesteros y Eduardo Farah. Por lo tanto, imprescriptible y susceptible de ser investigado por los siglos de los siglos. Eso se esperaba y no mucho más.

Sin embargo, desde los señoriales pasillos de la Cámara de Casación, y con la firma de Carlos Mahiques, Diego Barrotaveña y Angela Ledesma la historia dio un volantazo. Aun cuando no tramitaban la causa principal y tenían una serie de cuestiones que resolver vinculadas a planteos de “Irregularidades”, encontraron la manera de salir de la encerrona sin pactos de encubrimiento y con los tiempos en contra a los que lograron hacer jugar a favor. Gran dosis de astucia. Y una polémica jurídica en puerta. 

En un fallo de más de novecientas páginas y de manera categórica afirmaron que no sólo la bomba que explotó la AMIA en el 94, sino también la voladura a la embajada de Israel en el 92 (que abrió las puertas para que nuestro país volviese a convertirse en blanco) respondieron a un designio político y estratégico de la República Islámica de Irán y que la ejecución de ambos fue perpetrada por el grupo terrorista Hezbollah. Grupo activo hoy en el sur del Líbano en medio de los ataques a Israel post embestida de Hamas desde Gaza. 

¿Qué significa? ¿Qué cambia? Que hay un Estado responsable de los atentados. No sólo personas físicas, funcionarios entonces de un gobierno. Sino un Estado, al que, como sugiere el voto de Mahiques, Argentina puede demandar ante la Corte Internacional de Justicia. ¿Lo harán los familiares de las víctimas? La puerta está abierta. Ahora hay que ver quién tomará esa vía. 

Mahiques suma la necesidad de un juicio en ausencia contra los iraníes acusados. Y más. Una demanda de justicia que hace propia el fallo de Casación para que todos los jueces que tramiten causas conexas se apuren. No duerman los expedientes. Pongan celeridad. No, no lo dice así, pero es la traducción literal del tecnicismo: apúrense.

Todo este engranaje jurídico necesita un plafón político para funcionar. Si no queda en letra muerta como los cuerpos de las víctimas de la embajada y de la AMIA. 

¿Existe hoy? Arriesgo que sobradamente. El presidente Javier Milei recibió la noticia en Miami, donde había sido invitado por la comunidad de Jabad Lubavitch que lo reconoció como “Embajador Internacional de la Luz” en agradecimiento a “sus incansables esfuerzos por Israel y la comunidad global”. Milei respalda el derecho a la legítima defensa de Israel tras los ataques de Hamas y fue el primer presidente latinoamericano en visitar la zona devastada y los kibutz arrasados.

Milei es aliado de Israel. La embajada de ese país voló en nuestro territorio. Y hoy una sala de casación liderada por Carlos Mahiques sindica una alternativa concreta para reactivar la posibilidad de condenar a los responsables. ¿Por qué Milei no lo haría?

Estados Unidos, la otra potencia que él considera aliada, sostiene la misma posición y preocupación respecto del terrorismo, del narcoterrorismo y va por los Estados que lo financian. Una vez más. ¿Por qué Milei no tomaría la vía que le ofrece sorpresivamente este fallo de Casación?

El 18 de marzo pasado el presidente Milei, acompañado por un grupo de funcionarios, se hizo presente en el acto por la voladura de la Embajada. En la plaza de Arroyo y Suipacha, a 32 años del hecho, se reiteró el reclamo de justicia, pero nadie lo hizo como uno de los sobrevivientes del atentado que lo miró a los ojos y le dijo “Presidente:¿por qué entretantos leones no despierta a los leones de la Justicia?”. Pasó inadvertido el malestar de Milei por la lógica interpelación a un país que debe una respuesta. Y de la que él es hoy el jefe de Estado. Su presencia marcaba una señal sobre la nueva mirada geopolítica y las nuevas alianzas del gobierno libertario.

El próximo 18 de julio se cumplen 30 años del escenario impensado. La calle Pasteur, en pleno Once porteño, se tiñó de gritos y sangre. Los hijos de los muertos hoy son adultos. Muchos de los padres de los muertos fallecieron de tristeza. Las heridas invisibles no cicatrizan. Los muertos no descansan en paz. ¿Será este acto un capítulo diferente a los tantos que vimos? Los familiares que arrancaron juntos el camino del horror se separaron, tomaron a lo largo de los años posiciones encontradas y se dividieron ante un dolor común y un enemigo común, pero con miradas diferentes del rol del Estado y los responsables de las áreas críticas. Cada uno tiene su acto. Lograron dividirlos. Memoria Activa, Apemia, Familiares. Más críticos de la dirigencia comunitaria, menos, más cercanos a la propuesta del Memorándum, rechazándola, reclamando la desclasificación de los archivos, acercándose a las pocas invitaciones a conversar, declinándolas más o menos diplomáticamente.

Qué van a hacer frente a este fallo es una de las claves de cómo sigue la historia.

Ya se escucharon las primeras voces críticas ante la disminución de penas que conlleva la decisión de Casación al desistir del encubrimiento en la mal llamada pista Siria y condenar sólo por el peculado que significó el pago de cuatrocientos mil dólares para contar una historia que no era.

¿Qué harán ante la posibilidad de demandar a la República Islámica de Irán?

¿Y Milei? Ante la convocatoria internacional para el nuevo aniversario, ¿dará alguna noticia trascendente? ¿Va a capitalizar políticamente el fallo? Y si lo hiciera… ¿no es consecuente con su discurso?  Nunca olvidó a los muertos en los atentados. Ni en campaña. Ni en su incipiente gestión. Su acercamiento a la fe judía en actos públicos y ante las cámaras generó dudas. ¿No se profesa la fe en privado? ¿Pondrá a disposición de la Justicia los dispositivos del Estado para llevar a la Corte Internacional a Irán?

¿Qué dirá de Carlos Saúl Menem, cuya gestión reivindica, ahora que la Cámara lo desligó del encubrimiento? ¿Sólo encubría la pista Siria?

Y falta el capítulo de Cristina Fernández de Kirchner. Procesada y a la espera de un juicio oral y público por el Memorándum de entendimiento con Irán. Ante una pregunta concreta, el juez Carlos Mahiques no esquivó la respuesta. Si bien no puede responder si el fallo que acaba de firmar tendrá implicancias en el juicio por el Memorándum, no dudó a la hora de afirmar que los jueces del tribunal oral que juzgará a la ex vicepresidenta tendrán en cuenta los argumentos del fallo más caliente de los últimos años que lleva su firma.

Las más de novecientas páginas firmadas por Mahiques, Barrotaveña y Ledesma confirman gran parte de lo planteado por Canicoba a lo largo de estos años y reivindica el trabajo de Alberto Nisman, asesinado según la Justicia, mientras investigaba al poder en connivencia con los autores ideológicos. Pero da un paso más. Parece ofrecer una opción para salir del laberinto por arriba. A más de tres décadas una opción para condenar a los culpables. Tal vez la única a esta altura.

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