Este artículo es un robo, y no porque haya sido hecho con Inteligencia Artificial. Es un robo porque gran parte de lo que vas a leer es una adaptación de un tuit, pero yo prefiero verlo como un homenaje y un intento de que llegue a más gente y a una audiencia más amplia, porque trata uno de los grandes temas alrededor de la ebullición de IA que estamos viviendo: a veces, el mayor beneficio de usar Inteligencia Artificial, es poder decir que estás usando Ingeniería Artificial… y no mucho más.
Pero empecemos por el tuit ‘viral’ de Peter Girnus, un hacker que se dedica a la ciberseguridad y que creó esta irónica historia que elijo convertir en cuento y parafrasear para adaptar a este formato. Para entender la historia, vale recordar que Microsoft Copilot es una de las soluciones de Inteligencia Artificial que puede programar y que utilizan desarrolladores de software en todo el mundo (podríamos decir que es “como ChatGPT para programadores”). La realidad es que el cuento podría hablar de cualquier otra solución de IA y la elección de esta herramienta es solo un ejemplo, incluso podría ser en otros rubros o industrias.
Hechas todas las aclaraciones, ahora sí, el cuento dice así…
“Soy líder de un equipo de desarrolladores muy grande y me acaban de ascender a Director de Tecnología. ¿Cómo lo logré? Usando Inteligencia Artificial. Todo empezó hace unos meses, cuando implementé Microsoft Copilot para mi equipo, pedí el producto para 4.000 desarrolladores de software. El producto vale 30 dólares por usuario al mes, en total $1.400.000 de dólares anuales.
Para convencer al directorio llamé al proyecto 'transformación digital'. Lo aprobaron en 11 minutos. Nadie preguntó qué íbamos a lograr realmente. Ni yo lo sabía. Les dije a todos que íbamos a aumentar 10 veces la productividad. No hice ningún cálculo para llegar a este número, simplemente me pareció que sonaba real. Recursos Humanos preguntó cómo íbamos a medir ese aumento de la productividad, les dije que íbamos a usar 'tableros de control', y no preguntaron más.
Tres meses después de la compra revisé los reportes de uso: 47 personas habían usado la aplicación y solo 12 lo habían hecho más de una vez. Yo era uno de los 47: usé la aplicación para resumir un correo que me hubiera llevado 30 segundos leerlo. Me llevó 45 segundos pedirle a la app que me haga un resumen y leerlo.
Cuando tuve que presentar los resultados al directorio, les dije que tuvimos ‘una prueba piloto exitosa’. En este caso ‘exitoso’ significa que no fue un fracaso, no mucho más. El Gerente de Finanzas me consultó por el retorno de inversión (recuerden que el proyecto costaba casi un millón y medio de dólares al año), así que le mostré un gráfico que tenía algo muy importante para esta gente: la curva iba para arriba y hacia la derecha. La variable era 'adopción de Inteligencia Artificial'. Una métrica que inventé, pero él asintió con aprobación, así que ahora podemos decir que estamos 'listos para la IA'. Tampoco sé muy bien qué significa eso, pero lo puse en mi presentación y ahora lo pusieron también en la presentación para inversores de la compañía.
Luego de nuestra compra, Microsoft decidió enviar un equipo para conocer y estudiar mejor nuestro uso, querían presentarnos como un caso de éxito. En las conversaciones, les dije que 'ahorramos 40.000 horas de desarrollo'. Calculé ese número multiplicando la cantidad de desarrolladores por 10, pero no sé por qué elegí ese número. Tampoco nadie lo verificó, ni lo van a hacer. Ahora figuramos en el sitio web de Microsoft: 'Compañía Internacional logra 40.000 horas de aumento de productividad con Copilot'.
El CEO de nuestra compañía compartió la noticia en LinkedIn, y tuvo 3000 likes. Nunca usó Copilot, ni él ni ningún otro ejecutivo. No lo pude utilizar porque está bloqueado en su computadora: una política de la compañía dice que ‘la concentración estratégica requiere mínima distracción digital’ y por eso tienen muchas aplicaciones bloqueadas. Yo escribí esa política.
El mes que viene debemos renovar las licencias y pedí una expansión: 1.000 licencias más. Aún no usamos la mayoría de las primeras 4.000 que ya pagamos. Esta vez, llamé a esta etapa 'impulsar la adopción'. Dije que en esta etapa la capacitación será obligatoria. Capacitación significa que haremos un video de 45 minutos obligatorio, que nadie va a mirar. Dije también que registraremos su finalización, pero yo se que en estos casos la gente pone el video en segundo plano mientras hace otras cosas, y así quedará como ‘finalizado’.
Lo importante de la finalización es que es una métrica. Una métrica que va en tableros. Y los tableros van en las presentaciones al directorio. Y las presentaciones al directorio me consiguieron el ascenso, me acaban de comunicar que tengo un ascenso y seré Director, a pesar que aún no tengo muy en claro qué hace Copilot.
Pero se que sirve para mostrar que ‘estamos invirtiendo en IA’. Invertir significa gastar, y gastar significa compromiso. Compromiso significa que nos tomamos muy en serio el futuro. Y el futuro es lo que sea que yo diga que es, al menos mientras la curva siga siempre para arriba y hacia la derecha”.
Este cuento nos revela una realidad que muchas empresas y organizaciones en todo el mundo están viviendo alrededor de la Inteligencia Artificial: FOMO. El famoso miedo a perderse algo (fear of missing out) que las redes sociales han hecho tan popular, hoy tiene a millones de organizaciones en todo el mundo buscando invertir en Inteligencia Artificial, sin hacer previamente algunas preguntas elementales: ¿tengo que invertir en Inteligencia Artificial? ¿Tengo que hacerlo ahora? ¿Con qué objetivo? ¿En qué procesos o áreas más vale la pena invertir? ¿Cómo vamos a medirlo?
Aunque es altamente probable que la respuesta a la primera pregunta sea sí, que tarde o temprano habrá que invertir en IA, no hacerse las otras preguntas puede ser tan o más peligros para las organizaciones que ignorar a la IA. Por eso la necesidad de tomarnos este tipo de decisiones con pausa (que no es lo mismo que ser lentos), analizando cuál es la mejor inversión que hoy se puede hacer en IA, y sin olvidar que seguramente hay muchas cosas que necesiten mejorar en las organizaciones que puedan mejorar con o sin Inteligencia Artificial. Como digo siempre, que la estupidez humana no le gane a la Inteligencia Artificial.
Por Sebastián Bortnik, experto en tecnología y divulgador