29 de agosto 2025 - 17:08hs

La revista TIME incluyó por primera vez a una argentina en su ranking de las 100 personalidades más influyentes en inteligencia artificial. Se trata de Milagros Miceli, socióloga y doctora en Ciencias de la Computación, quien se dedica a investigar las condiciones laborales de quienes sostienen, de manera invisible, el desarrollo de estas tecnologías que están revolucionando el mundo.

Miceli, de 41 años y nacida en Buenos Aires, comparte la lista TIME100 AI 2025 con figuras como Sam Altman (CEO de OpenAI), Mark Zuckerberg (Meta), Jensen Huang (Nvidia) y Elon Musk. Sin embargo, su rol en el ecosistema de la IA difiere del que ocupan estos ejecutivos, celebridades mundiales por derecho propio: mientras ellos lideran el desarrollo tecnológico, ella estudia las condiciones laborales de millones de trabajadores en todo el mundo que participan en el entrenamiento de estos sistemas.

La realidad oculta detrás de los algoritmos

Como socióloga e informática, Miceli se forjó un nombre estudiando la vida laboral de los etiquetadores de datos de IA. Estas son las personas que crean los datos de entrenamiento para los modelos de aprendizaje automático, muchas de las cuales ganan salarios muy bajos en condiciones laborales precarias.

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"Es mentira que la IA va a automatizarlo todo. Necesita el trabajo manual de millones de personas", advierte Miceli en una entrevista concedida a El País de España en enero de este año. La investigadora explica que detrás de cada sistema capaz de producir texto, imágenes o análisis complejos, hay una masa de trabajadores que corrigen, etiquetan y revisan datos por salarios muchas veces ínfimos.

Según datos del Banco Mundial citados por la investigadora, hay entre 150 y 420 millones de trabajadores de datos en todo el mundo, una cifra que ha crecido exponencialmente en los últimos años. "Esto de que se va a automatizar el trabajo es mentira. La IA necesita mucho trabajo manual", sostiene.

La naturaleza de este trabajo es compleja y requiere alta calificación. "Existe el mito de que quienes hacen esto no son trabajadores calificados. Pero, en la práctica, se trata de trabajadores que han cursado por lo menos estudios terciarios o superiores. Yo he conocido gente que tiene hasta doctorados y está haciendo este tipo de trabajos", explica Miceli.

El proyecto que cambió las reglas del juego

El reconocimiento de TIME se debe principalmente al Data Workers' Inquiry, un proyecto que Miceli fundó y dirige desde el Instituto Alemán de Internet (Weizenbaum-Institut), donde se desempeña como directora de investigación. Esta iniciativa revoluciona la forma tradicional de investigar al poner el poder en manos de los propios trabajadores de datos para que publiquen investigaciones sobre sus experiencias laborales.

El primer grupo de 16 investigadores abarcó Kenia, Siria, Brasil y Alemania, y todos reciben el mismo salario que cualquier investigador académico del instituto alemán: 35 euros por hora. Para muchos de ellos, representa el salario más alto que ganaron en su vida.

Esta metodología participativa ha permitido descubrir aspectos que eran "completamente nuevos" incluso para Miceli. Uno de los hallazgos más impactantes fue la prevalencia de violencia de género entre los trabajadores de datos, incluyendo un caso documentado donde dos mujeres debieron trabajar en la misma oficina que su presunto violador y no pudieron renunciar porque sus visas estaban vinculadas a su situación laboral. "Habría necesitado realizar miles de entrevistas para tal vez llegar a los mismos hallazgos", reconoce Miceli sobre el valor de esta metodología participativa.

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Las condiciones laborales en el sector

La investigación de Miceli revela un panorama complejo sobre las condiciones laborales en este sector. Los trabajadores de datos se encuentran en situaciones de precariedad laboral, sometidos a modalidades de trabajo por tareas completadas, no por tiempo dedicado.

"No se cuenta el rato que tardan en loguearse, en encontrar una tarea disponible, que no siempre las hay, o en entender las instrucciones, que pueden ser muy complejas y que casi siempre están en inglés", detalla. Además, existe el riesgo constante de que el cliente rechace el trabajo y no pague, pero conserve los datos entregados.

Las condiciones se agravan cuando se trata de moderación de contenidos. Muchos trabajadores deben revisar material psicológicamente perturbador sin recibir apoyo profesional. "Algunas trabajadoras nos han dicho que, por ese motivo, y pese a sufrir estrés postraumático, han evitado que les vean terapeutas", revela Miceli. La situación se complica aún más por los acuerdos de confidencialidad que les prohíben revelar la naturaleza de su trabajo, impidiéndoles incluso incluir esta experiencia laboral en sus currículums.

La evolución hacia trabajos más sofisticados

El panorama laboral en el sector de datos para IA experimentó cambios significativos en los últimos años. "Hace siete años, cuando yo empecé en esto, la moda era el etiquetado de fotografías. Lo importante era tener cantidad, no calidad", recuerda Miceli.

Sin embargo, recientemente se produjo "un vuelco muy marcado hacia las tareas que tienen que ver más con lo lingüístico y la IA generativa". Ahora se contrata a artistas desocupados para crear imágenes según instrucciones específicas, a periodistas y escritores para producir textos, y se graba a personas leyendo en dialectos o lenguas minoritarias para enriquecer las bases de datos.

Este cambio hacia trabajos más sofisticados refuerza la necesidad de trabajadores altamente calificados. "Cuanto más sofisticados se vuelven los modelos de IA, más calificados tienen que ser los trabajadores que operan con sus bases de datos", explica la investigadora.

Incluso con el desarrollo de datos sintéticos generados por máquinas, Miceli pronostica que la demanda de trabajadores humanos seguirá creciendo. "Entrenar una IA con datos generados por una IA produce un bucle, termina repitiendo lo mismo, es como un juego de espejos infinito", advierte.

Además de su trabajo en el Weizenbaum-Institut, Miceli es docente en la Universidad Técnica de Berlín y líder de investigación en el Distributed AI Research Institute (DAIR), centro fundado por Timnit Gebru, la ex responsable de ética de IA de Google que fue despedida tras publicar un informe crítico sobre la empresa.

"El reconocimiento de TIME me honra, pero lo más importante es el trabajo que venimos realizando junto a las y los trabajadores de datos para exponer cómo las grandes empresas tecnológicas explotan y esconden su trabajo, y cómo esto afecta a los sistemas que usamos día a día", declaró Miceli tras conocerse su inclusión en el ranking.

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