28 de mayo 2024
14 de mayo 2024 - 20:41hs

Javier Milei tenía una ventaja cuando asumió. Podía decirle en la cara a los otros aspirantes al sillón de Rivadavia que la gente estaba harta de ellos. El lamentable paso de Alberto Fernández por la presidencia se lo escupía al ministro candidato Sergio Massa cada vez que podía. Se alzó con la propuesta de cambio dejando a Juntos sin contenido y una vez que Horacio Rodríguez Larreta quedó fuera de carrera, miró con desdén a la misma Patricia Bullrich que hoy es la ministra que le trae buenas noticias. Si la derecha era el norte, que fuese la derecha posta y no una segunda marca.

Milei supo capitalizar la falta de experiencia en la gestión. El kirchnerismo y antes el gobierno macrista habían dejado suficientes cuentas impagas. La sociedad tenía muchas facturas para cobrarles. Facundo Manes podría haber ejercido un rol similar, pero venía con el radicalismo y la sombra de los gobiernos de Fernando De la Rúa y la Alianza detrás.

El libertario anarcocapitaista venía virgen de gestión en el Estado: ni presidencia, ni municipio, ni siquiera el paso por una de las comunas porteñas.

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El presidente permeó en una sociedad ávida de resultados. Aunque a cinco meses de gobierno, sectores impensados parecen haber desarrollado una paciencia budista sin relación alguna con el escenario de urgencias sociales.

Pero “la vio”. Es cierto. Y hay más ventajas menos evidentes que el presidente hace jugar a su favor para explicar lo inexplicable: el aguante que todavía expresan los que objetivamente no aguantan más en un país caro en dólares donde cobran, con suerte, con un peso devaluado y un salario licuado hasta lo indecible.

¿Cómo se explica?

Las ventajas ocultas por ahí nos acerquen a algo que se parezca a una respuesta. Milei tiene el camino allanado en varios sentidos. Uno particularmente ligado a sus características personales. En la Argentina del libertario la discusión de forma y fondo les importa a unos pocos. A los menos. Los considerados "puristas" son los que reaccionan a sus atropellos, desmesuras, faltas de respeto, ridiculización. Si los buenos modales nos trajeron hasta acá, que el fin justifique los medios se aplica si del mismo “acá” nos va a sacar.

Y entonces vale todo. Como puso en palabras el intelectual Martín Kohan, perdimos la noción de bochorno. A algunos el presidente les da vergüenza ajena, pero él no conoce el concepto de avergonzarse. “Que alguien aparezca desencajado y diga 'les lavaron el cerebro' es un papelón. Era un papelón. Un bochorno. Pero se perdió la connotación de papelón, porque se naturalizó, porque se generalizó. Porque nos habituamos a ese registro y a ese nivel de intervención. Yo invocaría esa alternativa y esa posibilidad. Recuperar la escena donde si alguien irrumpe, desencajado y empieza a insultar, que sea otra vez un papelón. Un bochorno. Si en una conferencia de prensa una periodista levanta la mano y plantea algo respecto de Keynes, a quien yo hasta donde sé no tengo por comunista, que la reacción del, en ese momento candidato, hoy jefe de Estado, sea empezar a gritarle ‘burra’, es un bochorno. Hay que recuperar un cierto registro de que eso sea un papelón para el que reacciona desencajado", continuaba Kohan desde la Feria del libro. Al no haber registro del bochorno, el presidente lo naturaliza sin que se genere una reacción proporcional a los actos que comete.

Qué gran ventaja para Milei que ese límite, esa respuesta azorada, ese taparse la cara ante su desmesura, las respuestas sobradoras que en muchos casos distan de ser respuestas del vocero presidencial o las declaraciones de la canciller Diana Mondino diciendo que los chinos son todos iguales, hayan dejado de percibirse como lo que son: un bochorno. Como los gritos impostados, las acusaciones a periodistas, la fascinación por un Elon Musk que manda a invertir -pero de la suya no pone un dólar- o la admiración expresa por Margaret Thatcher.

Tampoco entró en la categoría bochorno cuando el gobierno a través de un DNU desreguló totalmente el mercado de las obras sociales prepagas. Las obras sociales prepagas respondieron con lógica de mercado y por el precio que consideraban el adecuado para la prestación del servicio que brindan. El Gobierno, frente a lo que consideró un exceso en el mercado, en vez de derogar el DNU en esa parte y establecer un régimen regulatorio, un tope o algún elemento de control, fue a la Justicia para pedirle que no se aplique el DNU que ellos mismos dictaron.

Salvo excepciones, el bochorno no es un límite para Milei y mientras más se desdibuje y se naturalice, mejor para él.

Las excepciones fueron hasta ahora tan escasas como los límites. Jorge Lanata le dijo basta y lo espera en Tribunales. El propio Milei pareció sonrojarse por las declaraciones de Benegas Lynch cuando sugirió que los padres podrían hacer lo que quieran con los hijos sin que intervenga el Estado, por ejemplo, mandarlos al taller y no a la escuela. Y algún que otro legislador y gobernador que cortaron el diálogo después de las bochornosas acusaciones del presidente Milei. El resto, mal pero acostumbrado. Más expectantes que finalmente impacte en el bolsillo la inflación a la baja que de cualquier otra cosa.

Sin vergüenza, Milei apela a los manuales de la vieja política mostrándose como el nuevo estandarte disruptivo de la política occidental. Y mal no le va. Con letra de Maquiavelo o años antes de Julio César, Milei divide para reinar. Y la jugada tan conocida le sale bien y desconcierta a adversarios que todavía no reaccionan a la paliza electoral. El peronismo sin liderazgo no encuentra rumbo. Cristina Fernández de Kirchner está inmersa en la interna entre Axel Kicilof y La Cámpora. Mauricio Macri se aferra con uñas y dientes a un Pro que perdió identidad frente a los libertarios, que tiene a Bullrich, unas de sus grandes figuras y ex candidata a presidenta, absolutamente asimilada al actual gobierno. Y Horacio Rodríguez Larreta, con un pie más afuera que adentro del espacio, duda si el ex presidente Macri no le está sirviendo en bandeja el partido a Milei. ¿Gobierna sin oposición? Tremenda ventaja para cualquier gobierno avanzar con escasa resistencia. ¿Con una oposición que deambula sin rumbo? ¿Diputados marcó la cancha y destrozó la ley fundacional para convertirla en la ley bases que la Cámara quiso o le entregó a Milei la herramienta que necesitaba, algo abollada nomás? ¿Qué hará el Senado? ¿Los gobernadores?

Y mientras tanto poco se habla de la Corte Suprema. Antes de que asumiera, Milei veía en tres de los cuatro ministros una amenaza concreta a sus planes. Particularmente al presidente del Tribunal Horacio Rosatti, cuando adelantó su opinión sobre la inconstitucionalidad de la dolarización cuando justamente, esa era la bandera que enarbolaba el líder libertario.

¿La Corte está actuando como un límite a las aspiraciones de Milei, particularmente aquellas de dudosa constitucionalidad?

El constitucionalista Andrés Gil Domínguez es categórico a la hora de asegurar que la Corte no significa un problema para el libertario. Va por más y asegura que “la Corte lo que ha hecho hasta acá es sacar fallos que políticamente lo acompañen. Algunos casos, como la provincia de La Rioja que le está pidiendo que le envíe aquello que está asignado por Ley de Presupuesto, no la tramita. O coparticipación. No es una Corte combativa con respecto a Milei. Hasta acá, una Corte bastante complaciente que lo está acompañando en las medidas de Gobierno adoptadas. Porque los fallos que dictan así lo están reflejando. O lo que no hace así lo está reflejando”. Aplican, según Gil Domínguez “cronoterapia en todas las causas vinculadas al decreto 70/2023. Las que habían llegado con impugnaciones generales y las que habían llegado con impugnaciones particulares. No resuelve ninguna. No es que no resuelve, no tramita las causas que están en competencia originaria, no da traslado, no resuelve las cautelares.

Tal vez porque Rosatti siempre sostuvo que las cuestiones políticas las tiene que resolver la política y espera que el Congreso controle y ratifique o rechace el DNU, aunque le lleve casi medio año y la cuestión amerite cierta urgencia. Tal vez sea sólo eso. O las tensiones frente al inminente tratamiento del pliego de un nuevo integrante del Tribunal, Ariel Lijo, que alteraría la cómoda composición de fuerzas que el máximo Tribunal logró sostener hasta ahora.

De una forma u otra, el sutil acompañamiento de la Corte acción u omisión es otra de las ventajas que el presidente mantiene tan ocultas como el número de mascotas que habitan Olivos.

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