El ejército uruguayo que viste de violeta y mira hacia Corea: las fanáticas locales de BTS y cómo es ser fan de un grupo de Kpop desde el otro lado del mundo
Las integrantes uruguayas de ARMY (como se conoce a los fans de la banda de Kpop BTS) hablan sobre su vínculo con el grupo y cómo viven el regreso del grupo
Es sábado de tarde en Montevideo. En una galería del Centro, sobre 18 de Julio, una treintena de mujeres espera para subir una escalera que lleva a una galería de arte. En ese local se va a festejar un cumpleaños. Está todo en su lugar: la torta, la decoración, los manteles, los centros de mesa, los globos. Los que no van a aparecer son los dos cumpleañeros.
La razón es que el festejo es para dos miembros de la banda coreana BTS, Suga y J-Hope, y las que lo celebran son las integrantes de los grupos de fans organizados uruguayos. Son parte de ARMY (literalmente “ejército”), el nombre del fandom del grupo más popular y masivo del Kpop actual.
BTS debutó en 2013 y tiene en total siete miembros —además de los dos cumpleaños la banda se completa con Jung Kook, V, Jimin, RM y Jin—. Después de cuatro años de ausencia mientras sus miembros completaban su servicio militar, el septeto tiene esta semana uno de los hitos de su historia: la salida este 20 de marzo de su disco Arirang, el comienzo de una gira mundial que en octubre los traerá a Sudamérica y el estreno en Netflix de un documental sobre el flamante álbum.
A todo eso se suma que en abril se proyectarán en vivo en cines uruguayos dos de los primeros shows de la gira, que el grupo dará en Seúl y Tokio.
La Army uruguaya atraviesa estos días entre la “manija” por los nuevos lanzamientos, la ansiedad por la salida a la venta de las entradas para los shows en la región, a los que aspiran a asistir, y la sensación agridulce de vivir una pasión a la distancia. Distancia que incrementa los precios del merchandising o los productos de la banda que se quieran importar desde Corea, lo que significa que sea bastante difícil verlos en vivo seguido.
En medio de la expectativa por la vuelta se hizo el festejo de los cumpleaños de los dos miembros del grupo, un evento que estaba abierto a toda la Army uruguaya, pero que estaba organizado por dos fanbases: Forever UY, formada hace dos años y autodefinido como un grupo de “Army mayores que apoya a los 7 miembros por igual”; y BTSxARMY Uruguay, uno de los grupos más longevos en el país, que ya tiene diez años de actividad.
Breve diccionario del Kpop, Vol. 1
Fandom
Anglicismo que refiere a la comunidad de fans de un artista/producto cultural/persona/actividad, tanto dentro del Kpop como en cualquier otro rubro (por ejemplo, el fandom de Harry Potter o el de Taylor Swift). Incluye tanto a los grupos organizados como a los fanáticos “independientes”.
Fanbase
Lo que toda la vida llamamos “club de fans”. Grupo organizado de seguidores que operan dentro de un fandom.
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“¿Qué son esos chinos?”
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Faustina Cingolani
Alejandra Nusa, actual administradora de BTSxARMY Uruguay, llegó al grupo por sus hijas. “En 2018, más o menos, ellas se pasaban todas las noches mirando videos y escuchando, y me mostraban. Yo no entendía nada, me parecían todos iguales”, contó a El Observador. “En un momento me pasan uno, me dicen ‘mirá este’. Y después otro, y me empecé a enganchar. Y me empecé a sumar a esas maratones de videos. Al final, mis hijas dejaron de seguirlos y yo me quedé y me uní a esta fanbase, que fue de las primeras en Uruguay”.
Su rol como administradora de la comunidad —que integra a personas de 13 a 60 años, tanto de Montevideo como del interior— es organizar eventos junto con otras fanbases locales, y compartir algo de información sobre la actualidad de la banda o de cara a la gira que empieza esta semana, por ejemplo, posibles paquetes de viaje o ayuda para que las fanáticas menores de edad encuentren colegas mayores que las puedan acompañar.
En el caso de Fernanda Duarte, una de las responsables de Army Forever UY, el descubrimiento de BTS fue también a través de su hija, preparando su cumpleaños de 15 hace unos ocho años.
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“En ese momento yo tuve la reacción prejuiciosa que tiene la mayoría de la gente: ‘¿Qué es eso?, ¿qué son esos chinos?’. Y preparando el cumpleaños empecé a escuchar mucho más la música, a descubrir sus letras, a mirar los programas que ellos han hecho. Y, como le pasó al resto, después que entrás a este mundo es difícil salir”, explicó.
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Alejandra Nusa
Faustina Cingolani
Duarte es amiga de Carla Ferreira desde hace 34 años, y las dos son de las fundadoras de su grupo de fans. Ferreira relató que, en su caso, el descubrimiento de BTS fue en circunstancias un poco más complejas: “En la pandemia me agarré covid, muy fuerte, y estuve como dos semanas tirada en las que solo podía mirar televisión y escuchar música. Y en un momento escuché Dynamite, vi a Jin y dije ‘ta, es acá’”.
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“Empecé a leer las letras y fue ‘guau’. Ojalá los hubiera escuchado antes, o en mi época hubiera tenido palabras así para ser otra persona, diferente en algunas cosas. Hoy perdí la vergüenza de decir que me gusta BTS, porque me dicen que son para quinceañeras, y no, nosotros crecimos como crecieron ellos, pero a mí me gustan cada vez más”, agregó.
Identificación, atracción, deslumbramiento, herencia familiar, fervor. Ser fan no es ni de cerca un fenómeno nuevo, pero hoy sí es quizás un fenómeno más expuesto, más vocal y al que el sistema le presta más atención, con tal de acomodarse a sus reacciones y no perder a potenciales consumidores.
Hay fans de todo tipo, por supuesto, desde obsesivos hasta casuales. Hay fans de Star Wars, hay fans de Minecraft, había fans de los Beatles y ahora hay de BTS, Stray Kids, Blackpink, One Direction (que mantiene su peso cultural aunque hayan pasado diez años de su separación porque no surgió otra banda similar que los reemplace en occidente), hay de Taylor Swift, de Tini. Hay de Marvel, de Pokémon, de LeBron James.
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Faustina Cingolani
Aunque no lo asociemos como lo mismo, los hinchas del fútbol son fans. No hay tanta distancia entre el señor que se desespera en el estadio y la joven que se desespera abrazada a una valla en un concierto.
Hoy los fans se manejan de una forma distinta a, por ejemplo, la época de la Beatlemanía. Hoy se mueven y se identifican en redes, crean hashtags y trends, editan videos (fancams) o escriben fanfiction (historias generalmente románticas y hasta un poco más que eso protagonizadas por los artistas; hay un célebre pasaje viral de un fanfic de BTS en el que uno de los miembros de la banda, Jung Kook, le dice a un bailarín: “¿Te parece bien 47 centímetros?”. Ya se imagina usted de qué le está hablando).
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Fernanda Duarte
F. Cingolani
Las tres Army que hablaron con El Observador señalan que el momento de quiebre en el fanatismo por BTS fue cuando empezaron a prestarle atención a las letras de sus canciones y, traducción coreano-español mediante, atender qué tenían para decir.
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“Al principio me llegaron por la música, y me fascinó cuando los vi bailar. Primero pensé que hacían playback, pero cuando descubrí que además de eso cantaban, fue increíble”, rememoró Ferreira. “Después le empecé a prestar atención a las letras, a traducirlas, y me encontré con canciones que hablan de que sos un ser especial, de que sos único, de que tu color no es igual al de otro”.
“Ellos siempre hablan del no darse por vencido aunque las cosas no salgan, del seguir adelante, del creer en vos. Cosas que por ahí la gente más joven si no lo mira con atención sigue de largo”, agregó Nusa.
Y después de las letras vino todo lo demás: una zambullida en la cultura coreana, que es también uno de los objetivos de la industria del Kpop.
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La cultura no es un gasto, es inversión
Allá por los años 90, Corea del Sur retornó a la democracia después de décadas de guerra y dictaduras militares. En un contexto de crecimiento económico y privatización masiva de sus empresas y medios de comunicación —pocos territorios más capitalistas hay que la mitad sur de la península coreana, y el Kpop es un ejercicio de cómo inducir permanentemente el consumo—, se dio una conjunción entre el gobierno y las empresas para impulsar la cultura nacional.
Desde el lado económico significaba impulsar una industria y generar exportaciones de contenido. Desde el lado cultural, significaba defender la creación nacional y la identidad de un país históricamente atrapado e influido en su consumo cultural por sus dos vecinos, Japón y China.
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Carla Ferreira
F. Cingolani
Se incrementó el presupuesto del Ministerio de Cultura, se apoyó a las empresas y se generó una política de impulso a la propagación de la cultura local, como una forma también de generar influencia y poder a nivel global. La política, cuando menos, ha sido exitosa: la ola coreana creció y se masificó desde entonces a través de telenovelas, series, películas y música.
La música, en particular, ha sido una de las herramientas más efectivas de esta movida, y dentro de ese universo uno de los grupos más exitosos del pop coreano es BTS, formado en 2013 bajo la égida de la productora Big Hit Entertainment.
El régimen coreano es así: las productoras reclutan a jóvenes aspirantes a idol y los entrenan durante años, pagando su educación, alojamiento, entrenamiento y demás cuestiones necesarias para formar artistas que canten, bailen, actúen y, en algunos casos, como en el de BTS, además compongan y produzcan sus canciones.
Cuando las productoras juzgan que tienen a una camada digna, los reúnen en un grupo y los lanzan al mundo. Por el camino quedan otros jóvenes que no llegan a su debut. Los que sí llegan tienen que mantener estándares rigurosos de vida e imagen (no tener pareja oficial para preservar la ilusión de que “algún día puede estar contigo”, no tomar, no drogarse, etcétera), y primero pagar las deudas por la inversión que la productora responsable dedicó a su formación.
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F. Cingolani
Breve diccionario del Kpop, Vol. 2
Idol Término con el que se identifica a los artistas pop en países como Corea y Japón. Pueden ser solistas o miembros de grupos. Se forman en academias que pertenecen a empresas de entretenimiento.
Trainee Idol en entrenamiento.
Debut El momento en el que él o la trainee se estrena oficialmente como idol.
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Dentro de ese esquema se encuentra BTS, cuya expansión internacional generó incluso algunos hitos inéditos dentro de la industria del Kpop: la banda literalmente movió el PBI surcoreano, generando para el país US$ 5.000 millones por año gracias no solo a sus propias ventas, sino también a una onda expansiva de consumo de otros productos coreanos (desde cine hasta comida), interés por aprender el idioma o, por supuesto, el turismo.
Los integrantes de la banda hablaron ante la Asamblea General de las Naciones Unidas; visitaron la Casa Blanca y hasta generaron un cambio en las leyes de su país.
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La banda surcoreana BTS aprovechó la invitación de Joe Biden a la Casa Blanca para denunciar el racismo contra las personas asiáticas
SAUL LOEB / AFP
Corea tiene servicio militar obligatorio de dos años para todos sus ciudadanos hombres menores de 28 años. Reconociendo el impacto económico que tiene que sus estrellas pop de mayor escala tengan que interrumpir sus carreras durante tanto tiempo para cumplir con su patria, el parlamento aprobó una legislación conocida como la “ley BTS”, para prorrogar el ingreso al servicio hasta los 30 años.
Los BTS, sin embargo, tuvieron que finalmente entrar a “la colimba”, y recién volvieron al ruedo en este 2026.
Pero más allá de la pausa, el grupo impactó a nivel mundial como uno de los motores del incremento del interés por todo lo que se produzca en la península asiática.
“La que es Army empieza a investigar su cultura, su religión, todo”, afirmó Fernanda Duarte mientras sus colegas de fandom ultimaban los detalles del espacio de la galería para el cumpleaños. En la decoración domina el negro y violeta (el color oficial de BTS), y en las mesas —con manteles violetas, claro—, cada lugar tiene sus palillos dispuestos para la cena de la noche, compuesta de platos coreanos.
“Una meta para una Army es ir a Corea, es el sueño”, explicó Carla Ferreira. “Tomé clases de coreano, aprendimos a comer con palitos. Los ves y querés saber qué comen, investigás, te interesa la ropa, saber qué dicen, conocer sus gustos. Aprendí a hacer comida coreana. En casa me preguntan ‘¿qué es eso?’. Aprendí a hacer banderillas, aprendimos a comer ramen, tomamos soju (poquito porque es fuerte)”, acotó sobre este destilado a base de arroz que es un clásico coreano.
“Te acercás al mundo de ellos en todo. Hemos leído escritores coreanos, vimos pintores de allá, porque ellos lo muestran, o porque queremos aprender de sus influencias, de lo que les gusta”, agregó.
Alejandra Nusa fue otra de las fans que se metió a estudiar coreano. “Es un idioma que en mi vida pensé que me iba a interesar”, afirmó.
Breve diccionario del Kpop, Vol. 3
Comeback Término en inglés que significa “regreso”. En el Kpop, sin embargo, se usa para definir a los nuevos lanzamientos discográficos (más allá de que estén separados por pocos meses del anterior), que suelen marcar un cambio estético y visual para los artistas, y suelen ser el disparador de una nueva gira.
Photocard Retrato fotográfico del tamaño de una carta o tarjeta en la que aparece uno o más idols. Suelen ser coleccionables e intercambiables. Se pueden comprar de forma individual o en packs, y los discos de Kpop suelen traer alguna dentro de su elaborado packaging.
Ejército organizado
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F.Cingolani
Si hay algo que caracteriza a las Army uruguayas y del resto del mundo, y en lo que le hacen honor al nombre del fandom es que, como buen ejército, son gente organizada. No solo en sus movimientos para demostrar su amor por BTS, como en el caso uruguayo lo hicieron alquilando pantallas publicitarias, colocando pasacalles o gestionando que las luces del Estadio Centenario, Torre de los Homenajes incluida, se enciendan de violeta.
También lo han hecho con movidas políticas, como pasó en la campaña electoral estadounidense de 2024. Las Armys “sabotearon” un acto de campaña de Donald Trump, adquiriendo las localidades del recinto donde se iba a hacer para que no pudieran ir los militantes del eventual presidente. En el contexto de la inminente gira de Arirang, las Armys mexicanas y españolas elevaron una queja formal ante organismos de defensa al consumidor que hicieron dar el brazo a torcer a las hoy todopoderosas ticketeras y obligaron a publicar los precios de las entradas antes de que comenzara la preventa, algo que la empresa encargada se negaba a hacer.
En Uruguay también se encargan de mostrar esa capacidad organizativa armando campañas solidarias y sociales. “Colaboramos con organizaciones que trabajan con mujeres en contexto crítico, hacemos campañas de recolección de alimentos, útiles escolares, abrigo, juguetes”, explicó Duarte.
Esa cualidad solidaria también se manifiesta, señalaron las Armys, en el propio colectivo. “Hay gente de 3 años hasta de 74, y tenemos una de 82. Hay de todas las edades. Nuestro grupo es por suerte un grupo muy humano, tratamos de acompañarnos más allá de BTS, de darnos siempre una palabra de aliento. Tratamos de profesar con hechos lo que ellos trasmiten. Por eso también hacemos muchas campañas solidarias”, comentó.
Todo eso a pesar de que seguir a BTS desde Uruguay tiene sus complejidades demográficas y económicas.
“Si sos fan de BTS, y encima te preocupás por comprar todo lo que sacan, es carísimo. Es caro traer las cosas, por ahí gastás más en el envío que en lo que comprás. Un vinilo sale US$ 5, y el envío te sale US$ 13,5. Esas cosas te frenan”, lamentó Alejandra.
“Por eso hay gente que hace cosas fanmade (productos hechos por los propios seguidores), o hay venta de discos de segunda mano. Igual ahora hay más discos acá, se consiguen en casas de música. Otros los mandan traer o arman pedidos grandes entre varios. Obvio, uno capaz es mayor, tiene otras prioridades y hace otras inversiones, pero algunas cositas tengo”, dijo.
Carla Ferreira explica que la Army uruguaya tiene la complejidad de que al ser un país más chico, para proyectos de mayor alcance es obligatorio aliarse con las colegas de la región. “No solo por el alcance, sino también porque a veces requieren inversiones que son muy grandes para nosotros. De otros países siempre nos ayudan y hay muchos proyectos internacionales, hay una unidad Army internacional”.
Breve diccionario del Kpop, Vol. 4
Lightstick Bastón luminoso que se usa durante los shows de Kpop. Cada banda tiene su diseño propio oficial.
Bias Término inglés que literalmente significa “sesgo”. En el Kpop se usa para referir al miembro favorito dentro de una banda. Puede significar solamente un favoritismo artístico o musical, o puede incluir pensamientos pecaminosos.
Bias wrecker Literalmente “demoledor de sesgo”: el integrante de un grupo que te hace repensar tu favoritismo por uno de sus compañeros o compañeras.
“Te consume la vida”
Las Armys uruguayas no tuvieron suerte con las entradas para los shows de BTS en Madrid. Ahora esperan que empiece la preventa para los shows en Sudamérica (en Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú) para probar nuevamente.
Cuando empiece esa preventa, varias de las Armys se juntarán y la primera que logre meterse en la fila virtual tendrá sobre sus hombros la expectativa de todo el grupo. Una mezcla de estrés y fanatismo, reconocen las administradoras de las comunidades. Algo que saben que es parte del compromiso que asumieron.
“Los sigo en todas sus plataformas, en las cuentas individuales de cada uno de ellos y en las de la banda. Ahora solo consumo información medio básica, antes era muy al detalle, casi un minuto a minuto, y no es fácil sostenerlo porque uno tiene una vida, no te da. Es un viaje de ida”, reconoció Alejandra Nusa.
Un viaje que, más allá de algunos prejuicios y recelos, también saben que es cada vez más común. Sigue siendo un fenómeno de nicho, pero ya no se esconde tanto como pasaba hace algunos años. “De a poco se va acentuando cada vez más el tema del Kpop, y las Army también se van animando más”, explicó Fernanda Duarte. “Antes no sabíamos que había tantas, o a las que somos más grandes nos decían ‘no es para tu edad’ o cosas peores, y de a poco nos animamos. Hoy mi familia lo tiene constituido, pero al principio me decían ‘qué haces con esos chinos, a tu edad’. Ahora mi hijo me regala cosas de BTS”.
“Yo trabajo 12 horas, tengo una casa, pero tengo una fanbase. Planificamos eventos, cosas internacionales como estamos preparando ahora por el disco nuevo. Cada una tiene una vida diferente, vivencias diferentes, entonces también estás todo el tiempo hablando con el resto de la comunidad y apoyando. Somos cocineras, psicólogas, profesoras, amigas”, concluyó Carla Ferreira.
“Cuando me metí en esto pensé que iba a ser más tranqui, pero te consume la vida”, agregó. “Parece que una no aprende, pero, a pesar de eso, seguimos, porque los queremos”.