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Sería bueno, antes de dar la primera puntada de esta nota, dejar algo claro: no se engañe, lector, lectora, porque esos rodajes con los que usted se tropieza en Montevideo, esos grandes despliegues en los que se cortan calles o se ponen esvásticas en el hipódromo de Maroñas, no se traducen en “series uruguayas”. Son producciones que llegan de afuera, con producción local, claro, pero ideas y distribución foráneas. Así que el rótulo sigue siendo casi una excepción: las series netamente uruguayas son un bien escaso. Casi un milagro, se podría decir. Y por eso mismo Ángel es un ovni, y por eso hay que prestarle atención. Es tan uruguaya que rompe los ojos, incluso cuando su autor total nació originalmente del otro lado del Río de la Plata. De hecho, esa uruguayez la recuerdan sus propios personajes cuando, al inicio de cada capítulo, alguien les comenta que la trama de lo que está sucediendo es muy parecida a una famosa serie de tv argentina.

—Esto vendría a ser como la serie esa que hacían en Argentina, ¿no? ¿Cómo se llamaba?

—Bueno, sí, pero esto es acá. Esto es acá. Viernes, 14:02, Montevideo.

Esto es acá. Y esto, Ángel, es eso entonces: una serie uruguaya. Creada y dirigida por el escritor Manuel Soriano —argentino radicado desde hace más de una década en Montevideo—, financiada en modo cooperativo, con tres actores que la rompen, una estética propia, un universo extrañísimo donde Los Simuladores y The Rehearsal se encuentran con el cine de David Lynch y el teatro de Roberto Suárez, esta rareza del medio audiovisual local se estrenó el pasado domingo a las 22 horas en TV Ciudad —la frecuencia de emisión es de un capítulo por semana— y también en TCC vivo.

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Soriano viene desde hace tiempo trabajando en este proyecto. Más de diez años. El escritor de novelas como Rugby, ¿Qué se sabe de Patricia Lukastic? y la ganadora del Onetti Las chicas doradas buscó vías alternativas para darle la forma final a su idea y terminó decantando por un presupuesto acotado y una forma de financiación que redujo los costos y abrió otra puerta: la de la libertad absoluta.

Esto decía, por ejemplo, en una entrevista con El Observador en 2022 sobre la génesis de su idea: “Yo había hecho algunos guiones por encargo, pero esta serie fue la primera que escribí pensando en su producción, en este caso algo low cost. No pensaba dirigirla, la fui acercando a diferentes personas, hasta que dos amigos directores me dijeron que la agarrara yo, que era quien conocía bien la historia. Esta es una comedia con un humor bastante negro, que viniendo de la literatura no me parece tan raro, pero al parecer en las series sí lo es. Sobre todo a la hora de venderla. Se dio la oportunidad de asociarla a dos cooperativas productoras y sacarla de esa manera, bajo nuestros términos. Hacerla y luego ver a quién la vendíamos. Por suerte el equipo se conocía, los actores, entre ellos Gustavo Garzón, vinieron por dos mangos, y se armó un equipo con la camiseta puesta y muy profesional.”

La forma de producción termina siendo fundamental para entender la propuesta de Ángel, una serie en blanco y negro, de seis capítulos de media hora, con tres protagonistas que, en cada una de las entregas, deben resolver un caso planteado por un “cliente” de formas similares a las que lo hacen Los Simuladores de Damián Szifrón; esto es, montando una suerte de puesta en escena para engañar al objetivo de turno y cumplir con las demandas de quien les toca la puerta.

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Como los propios personajes lo mencionan capítulo a capítulo, la cercanía con la serie argentina es evidente —aunque el propio Szifrón le dijo a Soriano que no se preocupara, que Ángel era “su propio coso”—, pero también sus distancias. El protagonista que da título a la serie es un actor y dramaturgo exacerbado y con filias un poco particulares interpretado por Gustavo Suárez, y es quien impulsa el “negocio” del engaño. Ángel cuenta con la ayuda “empresarial” de su esposa y su padre (los argentinos Antonella Costa y Gustavo Garzón), la primera una resignada y puérpera ama de casa, y el segundo un exguerrillero poco adepto a las medias tintas y gran contador de chistes oscuros.

La oscuridad es, precisamente, un llamador más que tiene la serie, y es un detalle que también fue habilitado por esa libertad de formas y tramas. Los casos que resuelven los protagonistas no están vinculados a temas edificantes, y suelen rozar la pedofilia, el acoso sexual, la homofobia, las traiciones familiares, la pérdida de la fe. Sus protagonistas, además, no son precisamente paladines de la corrección política. ¿Cómo, se preguntará usted, aparece el humor entre todo esto? Bueno: aparece. Gran parte de la responsabilidad la tienen sus actores, en especial Garzón, que es magnético, en tanto que el guion es inteligente a la hora de sacarse de encima los pruritos para jugar sin miedo con la cara más absurda y turbia de la vida.

“Es el tipo de cosas me sale escribir”, explicó Soriano a El Observador, y agregó además de que la libertad creativa, en ese sentido, es algo que se lo “pidió prestado” a su literatura.

“Si bien los temas y el humor son oscuros, me gustaba la idea de que la forma y la estética tuviera algo más surrealista o clase b que sirviera para apaciguar lo otro”. El factor B está presente, por ejemplo, en cierto tratamiento de algunas situaciones, así como en cosas más tangibles, como el bebé de goma nada disimulado que oficia de hijo de Ángel durante toda la serie.

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Sobre eso, el propio Soriano escribió hace algún tiempo en La diaria sobre algunas referencias que tomó, entre las que se encontró Louie, la serie del cómico Louis C.K.: “La miré pensando en mi serie, sobre todo por la forma en que retuerce algunos pactos con el espectador: ¿Cómo puede ser al mismo tiempo tan deprimente, graciosa, nihilista, honesta, esperanzadora? ¿Por qué usa niños tan distintos cada vez que tiene un flashback a su infancia? ¿Por qué, siendo colorado, puso a una mujer negra como madre de sus hijas rubias? Según el autor, porque a nadie le importa. Pero hay también un efecto liberador en estas licencias: el fondo de la serie es tan descarnadamente real que necesita formas descarnadamente irreales para equilibrar la balanza. «Por el camino de la mentira llegaremos a la verdad», esta es una cita de Dostoievski que podría aplicarse a Louie y que tomé como eslogan para mi propia serie. En este mismo sentido, se me había ocurrido que los tres protagonistas de mi serie podrían tener su propio uniforme, un ropaje distintivo para que usen siempre, sin importar las circunstancias. La idea era, al mismo tiempo, abaratar costos y darle a la serie, ya desde el vestuario, un aire de extrañamiento que amplíe el terreno de juego, y nos permita, por ejemplo, usar un bebé de goma sin tener que justificarlo.”

Bebés de goma al margen, lo que Soriano hizo con Ángel trae aire fresco a la ficción nacional que orbita por fuera de las salas de cine. La libertad de poder optar por un humor "jodido" y no tener que rendir cuentas le dio salud a una serie que llegó para marcar un precedente para la relación precio-calidad. Si se atreve a codearse con humores extraños y una fauna peculiar que le dejará un sabor de boca incómodo, Ángel es un buen puerto en el que atracar. Se reirá, se dará cuenta de que se ríe de cosas de las que tal vez no debería reírse, y en ese espacio de duda y desestabilización, la serie se habrá colado en usted y no habrá vuelta atrás.

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