27 de diciembre 2024 - 7:38hs

No hay duda de que es un gran espaldarazo para la marca España, como bien reconoce el economista y profesor José Carlos Díez. Pero eso de que fue la mejor economía del 2024, como sentenció nada menos que una revista del prestigio de The Economist, pide a gritos matices y reparos.

Nadie busca quitarle a Pedro Sánchez el mérito de lo que pueda haber logrado, pero la afirmación de los británicos -con sólo refrescar algunos datos- queda por completo sobredimensionada.

Para quienes no están familiarizados con el artículo, The Economist aseguró este mes que España era la economía de la OCDE con mejor desempeño en 2024 entre 37 países en función de cinco indicadores: evolución del crecimiento, inflación, retornos bursátiles, reducción del desempleo y balance fiscal.

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Por ejemplo, la revista menciona que España va en camino a superar el 3% este año, encabezando la lista por tercer año consecutivo. De todos modos, admite que el PBI por cápita es muy bajo. Destaca un aumento controlado de los precios de apenas 2,4%, lo que la posiciona en el puesto 12 y que queda décima en ranking de retornos bursátiles con 17,1%.

También remarca que, si bien mantiene una tasa de paro alta, el desempleo se encuentra en el nivel más bajo de una década. Y tras señalar al pasar que es cierto que posee un endeudamiento elevado y problemas de déficit, el déficit primario (sin considerar el pago de los intereses de la deuda), es de 0,6%, más contenido que en otras economías.

A decir verdad, ya el propio semanario se ataja en muchas variables macro antes de decir lo maravillosamente que va todo. ¿Cuáles son esas cuestiones que los británicos ni siquiera omiten y que en realidad no van nada bien?

¿Qué cosas no se cuentan en el artículo o se las menciona ligeramente al pasar para que no se caiga la historia?

  • Los interrogantes sobre el PBI

Dice The Economist: España lidera, pero la siguen de cerca Irlanda, Grecia, Dinamarca e Italia. Grandes economías como Canadá aparecen en el puesto 12; Estados Unidos en el 20; Alemania en el 23; Japón en el 25; Francia en el 26; y Reino Unido en el 31.

La economía española acumula cinco trimestres consecutivos expandiéndose a tasas del 0,7% o más. Los analistas prevén que el año termine con una expansión de 3,1%, contra el 2,7% de 2023.

¿Qué no dice The Economist? Según el último monitor fiscal del Fondo, habrá una marcada desaceleración que achicará la brecha de PBI con la eurozona.

El FMI espera que el PIB español avance 2,1% en 2025 frente al 1,2% de los Veinte. Pero esta brecha se irá estrechando durante los próximos cinco años, ya que prevé una desaceleración al 1,8% en 2026 y al 1,6% para cada uno de los tres siguientes ejercicios, mientras que la zona euro registraría una expansión del 1,4% en 2026 y 2027 y del 1,3% y 1,2% los dos siguientes años.

Si hilamos más fino, los motores del aumento del PBI no son lo que uno desearía. Desde el equipo de research del BBVA, apuntan que pese a representar sólo un 20% de la actividad, el sector público supone un 60% del crecimiento registrado en la economía desde la pandemia.

Si tomamos los datos del PBI del tercer trimestre, en términos interanuales, la actividad se acelera hasta el 3,3%. Pero una vez más, la mayor tracción proviene del consumo público, con un incremento del 5,1%.

Sólo por apuntar otra tendencia preocupante detrás de un crecimiento que impresiona frente a la atonía de economías vecinas como Alemania y Francia, la inversión retrocede pese al impulso que aportan los fondos europeos (unos 15.000 millones según estimaciones del Banco de España) y la ayuda extra de la baja de las tasas de interés.

De hecho, recién recupera los niveles previos a finales de 2019, es decir, la pre-pandemia.

Díez aporta un último dato para reflexionar: “España tiene un crecimiento potencial mayor que Alemania y Francia y además nuestra situación cíclica es expansiva y la suya recesiva. Pero el BCE seguramente va a situar las tasas próximas al 2% para ayudar a Alemania y Francia a crear empleo en 2025 lo que para España supondrá un impulso adicional que provocará tensiones inflacionarias”.

  • Renta por habitante y crecimiento del gasto

Admite The Economist sin entrar en detalles: “Un punto negativo es que el PBI per cápita no está creciendo al mismo ritmo que la economía en general”.

El economista Díez parece descolocado por la arbitrariedad con la que se detienen en unos datos y no en otros: “Si miramos la renta por habitante, el indicador más aproximado al salario medio, estamos en el puesto 30 muy lejos aún de los mejores y además con el tercer mayor riesgo de pobreza de Europa, sólo superados por Rumania y Bulgaria”, refuerza.

Según los datos del FMI, que se pueden encontrar en su World Economic Outlook de octubre, los cinco primeros puestos corresponden a Luxemburgo, Singapur, Irlanda, Qatar y Noruega.

En las cuatro posiciones anteriores a España, del 36 al 39, están Italia, Chipre, República Checa y Eslovenia. Para tener una idea de la distancia, el PBI per cápita de Luxemburgo es el triple del español.

Mientras que el PIB está 6,6 puntos por encima de los niveles pre-Covid, el producto per cápita sólo se encuentra, casi cinco años más tarde, 3,1 puntos por encima, señalan en el BBVA.

Si se mira el PIB por persona ocupada, sólo es tres décimas superior al de 2019 debido a que ha crecido más el número de ocupados sobre la población y trabajan menos horas. Si se analiza el consumo per cápita, este se sitúa todavía siete décimas por debajo de la pre-pandemia.

Se trata de una buena medida del bienestar económico y explica en parte la sensación que existe entre los ciudadanos de que la mejora de la economía personal es algo más lenta de lo que se infiere con los datos de PIB agregados.

El fenómeno no se repite en el resto de Europa. En la UE el PIB y el gasto público per cápita han crecido a un ritmo similar. En España la renta ha crecido menos que el gasto público con una brecha que se viene expandiendo que no es nueva: viene ocurriendo desde la Gran Recesión y el año pasado ya estaba en los 11 puntos.

  • Campeones en tasa de paro

A la hora de referirse al nivel de desempleo, The Economist se enfoca en la evolución antes que en el nivel que alcanza la tasa de paro. Así y todo, siempre se cubre: “El desempleo, todavía alto en el sur de Europa, decreció 0,70% en el caso de España, un desempeño que sólo superó Italia con una caída de 1,4%”.

Díez no puede creer lo que se celebra como un logro: “Si hicieran el ranking con los niveles, no con las tasas de variación, sólo somos campeones mundiales en tasa de paro, los somos desde los años ochenta y la causa principal es que tenemos una ineficaz regulación de nuestro mercado de trabajo”.

Y aquí sí que las cifras espantan. Según el FMI, España es el noveno país en el mundo con mayor tasa de paro. Pero ya no seleccionamos sólo a las principales economías avanzadas y emergentes para el ranking sino absolutamente todos los países que releva el Fondo.

Sólo tienen mayor número de desempleados que España Sudán (58%), Sudáfrica (33,7%), Georgia (14,5%), Ucrania (14,2), Marruecos (13,4%), Bosnia y Herzegovina (13,2%), Armenia (13%) y Macedonia (13%).

España está en 11,6%, por encima de Grecia (10,5%), de Francia (7,4%), de Italia (7%) y de Portugal (6,5%). Entre los países europeos con menor desempleo están Alemania (3,4%), Polonia (3,2%), Dinamarca (2,9%), República Checa (2,8%) y Suiza (2,4%).

Según indica el último informe de Bankinter, que analiza los datos del tercer trimestre, hubo un crecimiento del número de ocupados hasta 21,8 millones (+138.300), mientras el número de parados se mantiene bastante estable 2,75 millones, todavía por encima de los mínimos de 2,19 millones de 2008 y 1,77 millones de 2007.

En contraposición, un fenómeno que atraviesa la España de hoy, es este nuevo máximo en la creación de empleo debido al aumento de la población inmigrante, que concentró el 85% de los nuevos puestos.

  • Deuda y déficit que se mantienen

Al referirse a la deuda, The Economist sólo hace alusión a niveles elevados, por lo que convenientemente al consignar el déficit, elige el primario, que excluye los pagos de intereses de esa carga de compromisos precisamente.

Pero el endeudamiento es uno de los problemas que pesan sobre las espaldas de España y que si bien se exacerbó con la laxitud fiscal generalizada de la pandemia, viene de mucho más atrás.

En ese sentido, Díez explica contundente: “Si medimos la deuda, somos el décimo país del mundo con más endeudamiento público. Y si queremos reducir la deuda pública hay que contener el crecimiento del gasto medio en pensiones y sanidad asociado al envejecimiento de la población y eso debe ser compatible con subir más las pensiones mínimas que siguen siendo la población con mayor riesgo de pobreza en España”.

Según los últimos datos publicados por el FMI, en los que España figura décima con 102,3% del PBI, en el ranking hay varios vecinos europeos. De todos modos, la lista la encabeza Sudán con un impresionante 345% y le siguen Japón (251%) y Singapur (175%).

El cuarto y quinto lugar son de Grecia (159%) e Italia (136,9%), seguidos por EE.UU.(121%), Francia (112,3%), Canadá (106,1%) y Bélgica (105%). De los diez países con gobiernos más endeudados en el mundo, cinco son europeos.

¿Cómo se espera que evolucione? Bueno, la tendencia será declinante pero otra cosa es la expectativa que la UE transmite a sus miembros, incluso en este regreso de metas fiscales progresivas y flexibles.

El FMI espera que en 2025 en el endeudamiento se reduzca hasta el 100,7%, con ligeras bajas en 2026 y 2027, hasta el 99,6% y el 99,1%, respectivamente. Para el 2028 llegaría al 98% y al 97,1% en 2029.

En cualquier caso, siempre muy lejos del 60% que la Comisión Europea pretende que alcance en el largo plazo como objetivo deseable y sostenible. Por su parte, el Gobierno admite que sus previsiones indican que el ratio sobre el PIB bajará al 98,4% en 2027, al 90,6% en 2031 y al 76,8% en 2041.

¿Cómo queda el déficit? Si miramos el número del 2023, España habrá mejorado. Del 3,52% al 2,9% esperado para este año. Pero no ha habido grandes progresos si pensamos que estamos como en 2019.

El mismo desequilibrio en las cuentas públicas pero con un gasto (45% del PIB) e ingresos públicos (42,1%) cuatro puntos por encima al promedio anterior al Covid, según datos de BBVA Research.

De hecho, si lo pensamos, con la pandemia el gasto público se disparó hasta el 51,2% del PIB en 2020, no tan lejos de los niveles en los que estamos hoy, si bien entonces el déficit llegó al 9,7%.

Hacia adelante, según el último monitor fiscal del FMI, el déficit descendería hasta el 2,8% en 2025 pero terminaría repuntando hasta el 2,9% en 2026 y hasta el 3% en 2027.

Según el plan de ajuste fiscal comprometido por el Gobierno con la UE, la senda descendente del déficit público debería ir desde el 3% del PIB en 2024, al 2,5% en 2025 y al 2,1% en 2026 para llegar a bajar al 0,8% del PIB en 2031.

Algo que la mejor economía del 2024 no está realmente en condiciones de garantizar.

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