22 de julio 2025 - 9:33hs

Lejos de España, Pedro Sánchez aprovechó en su viaja e Sudamérica para olvidarse unos días de los escándalos de corrupción que lo agobian y atacar a los partidos de derecha como si nada hubiera sucedido en el frente interno.

Rodeado en Chile por otros presidentes de izquierda como el anfitrión Gabriel Bóricas, el brasileño Lula Da Silva; el colombiano Gustavo Petro y el uruguayo Yamandú Orsi, Sánchez desempolvó su gastado discurso de ataque a los partidos de derecha, intentando asociarlos a la metáfora del odio.

El presidente del Gobierno de España habló de la necesidad de que los líderes "progresistas" unan fuerzas para plantar cara a la "internacional reaccionaria del odio y la mentira" dado que la derecha tradicional sucumbió "al marco y el discurso" de la ultraderecha.

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Sánchez habló en la reunión de alto nivel 'Democracia siempre' organizada por el presidente chileno, Gabriel Boric, en el Palacio de la Moneda, en la que también participaron el presidente brasileño, Luiz Inazio Lula da Silva; el colombiano, Gustavo Petro, y el uruguayo, Yamandú Orsi, con el objetivo compartido de ofrecer un frente común frente al avance de la ultraderecha y la amenaza a las instituciones democráticas en todo el mundo.

"Nos toca a nosotros, a gobiernos liderados por fuerzas progresistas, encabezar esa respuesta" para defender la democracia, dijo el presidente del Gobierno español, "y nos toca hacerlo solos, si es necesario, conjuntamente con la sociedad civil".

"Cada vez es más evidente que hay una derecha, una derecha tradicional con la que hasta hace no tanto tiempo compartíamos consensos básicos, que ha desertado de esa labor histórica y que ha sucumbido al discurso y al marco impuesto por la ultraderecha", describió. "Cada vez es más evidente que hay una derecha, una derecha tradicional con la que hasta hace no tanto tiempo compartíamos consensos básicos, que ha desertado de esa labor histórica y que ha sucumbido al discurso y al marco impuesto por la ultraderecha", describió.

Y sostuvo que como "son cada vez más fuertes y están en más sitios" porque no hay fronteras, "las fuerzas progresistas debemos actuar de forma conjunta, debemos estar cada vez más juntos y unidos", por lo que adelantó su intención de que España sea sede el próximo año una nueva cita de este tipo.

SANCHEZ EN CHILE

Sin referencias a la corrupción

El jefe del Ejecutivo no se refirió nunca a los escándalos de corrupción que complican a su gestión.

Prefirió insistir con que los cinco presidentes presentes (por él y sus laderos en el encuentro en Santiago de Chile) tienen "la convicción compartida de que es hora de dar un paso al frente para defender y profundizar activamente la democracia" y "pasar a la ofensiva" ante la "amenaza real, liderada por una coalición de intereses entre oligarcas y la ultraderecha".

"Una internacional del odio y la mentira que avanza peligrosamente, por desgracia, en ambos continentes" y que lo hace "poniendo en riesgo los derechos y libertades por los que las generaciones que nos precedieron lucharon tanto, a veces sacrificando la propia vida", dijo.

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Fortalecer las instituciones y combatir la desinformación

El encuentro que mantuvieron los cinco presidentes y siguió a una reunión en defensa de la democracia organizada por Sánchez y Lula en los márgenes de la Asamblea General de la ONU en septiembre pasado, permitió identificar tres ejes de acción.

En primer lugar, los mandatarios coincidieron en la necesidad de "fortalecer las instituciones democráticas y el multilateralismo".

En segundo lugar abogaron por combatir la desinformación. En ese punto España propuso "promover una gobernanza digital democrática, colaborar para garantizar que los algoritmos no manipulen nuestras opiniones ni tampoco debiliten la cohesión social y nuestra convivencia".

El tercer objetivo contempla la reducción de la desigualdad. "Es una de las principales tareas, sino la primordial de los gobiernos progresistas, dijo Sánchez, y añadió que es la injusticia la que "la que termina quebrando la confianza de la gente en las instituciones".

"La desigualdad es el caldo de cultivo donde crece el virus del extremismo y de la polarización", advirtió, subrayando que "la ultraderecha vive políticamente del miedo y se alimenta de la nostalgia por un pasado que nunca existió".

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