18 de mayo 2024 - 5:34hs

El escritor, músico y conductor argentino, Alejandro Dolina, vuelve a España para realizar una nueva gira donde presentará su espectáculo “La venganza será terrible”, basado en su programa radial, que lleva casi cuarenta años de vida.

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Se trata de una especie de ceremonia de culto humorística, musical y miscelánea a la que los espectadores españoles y locales ya han adoptado como una tradición, debido a que viene repitiéndose desde hace al menos una década.

Este año se recreará el 18 y 19 de mayo en el teatro EDP Gran Vía de Madrid, el 21 en el Olypmia de Valencia y el 25 y 26 en el Teatre Apolo de Barcelona. Lo acompañarán el periodista Patricio Barton, el trompetista Guillermo Rodríguez (Gillespi) y “El trío sin nombre”, integrado porsus hijos Alejandro y Martín y Manuel Moreira.

Hablar de Dolina es casi como referirse a la radio en su versión más sofisticada, con contenido, o a la literatura misma de la ciudad de Buenos Aires, donde se sitúan muchos de sus relatos.

Pero, al mismo tiempo, se trata deun vínculo con la Argentina que quedó en la distancia y en el pasado para muchos de sus espectadores.

Cuando hay un fenómeno inmigratorio por medio, muchos recuerdan que escuchaban el programa cuando era un niño o hace muchos años cuando vivían con fulana, que lo ha dejado. Todo eso le da un relieve distinto, una emoción diferente a las cosas que decimos”, afirma en una entrevista exclusiva con El Observador España.

¿Precisa adaptar el programa para el espectáculo en España?

En los espectáculos, veo muchas veces que uno le explica algo al de al lado y el otro mueve la cabeza como que ha comprendido. Tampoco utilizamos el color local como recurso y es fácil entender lo que decimos. Hay una cosa que se da en estas estas visitas intercontinentales y en la Argentina cuando vamos a ciudades grandes de provincia que han desarrollado su manera de hablar: esos viajes resignifican los contenidos, porque estamos ante un público que sabemos distinto. En algunos casos, nos conocen y, en otros, no. Eso produce una doble emoción positiva: la del visitante y la del visitado. Este tipo va a venir hoy aquí y quién sabe si he de volver a verlo y, ahora, ya nos conoce y nos tiene un cierto aprecio. Nosotros pensamos lo mismo: esta gente no nos conoce bien del todo, ha venido hoy y quizás no vuelva. Es bien distinto al programa de todos los días donde algunos de los presentes viven a dos cuadras y si no asisten hoy lo harán mañana o dentro de una semana. Las emociones nos llevan, el compromiso es más grande pero también el cariño, si es que existe, es mucho mayor. Me quedo a saludar siempre a la gente hasta que se marcha. Es distinto, hay otra emoción, se hace más patente la distancia y lo efímero de la vida y eso resignifica todo.

¿Qué cambios ha visto en todos estos años que lleva viniendo a España?

Venir aquí a España me ayuda más a ver los cambios en la Argentina que los de España. Las cosas son más estables en Europa y nosotros hemos recorrido un camino lleno de desgracias. En mi primer paseo por la Gran Vía, la actitud general de la gente me hizo salir por un momento de lo que está pasando en la Argentina, que es una actitud de pesadumbre. He conocido otras Argentinas, donde venía gente y me hablaba y dibujaba una semi sonrisa por la calle. Ahora, advertís un posible conflicto cada tres pasos. Las personas están de mal humor y tristes. Hay cierta tristeza que propicia las agresiones.

Desde hace cuarenta años mantiene un formato radial ¿cómo se adapta a los tiempos actuales?

Tenemos algunas cosas de la vieja radio y otras de la nueva, porque si bien no somos un programa de actualidad, eso te llama la puerta a cada momento y los oyentes hacen preguntas, o te remiten a lo que pasó esta mañana y tenés que estar conectado con ellos. Disfruto menos con eso y más hablando de un asunto general como, por ejemplo, hacer una buena obra artística siendo un canalla. Generalmente, me interesa más eso que lo que ocurrió esta mañana.

La sociedad argentina ha cambiado mucho en todo ese tiempo ¿cómo hace para que su programa se mantenga vigente?

Mi ilusión es creer que no ha cambiado mucho. Mi esfuerzo está hecho en el sentido de no cambiar mucho, de no dejar que las fuerzas que nos dominan y manipulan al mundo y adoptar una actitud de resistencia ante esa realidad. Esto no significa ir a pelearme, sino construirme un espacio de reflexión para poner en tela de juicio aquello que se me dice que creo. No dar por cierto lo que el poder dice que es mío. Eso es una forma de pensamiento también, entonces uno acepta lo que no le queda más remedio. Eso es lo que hacemos ante un mundo cada vez más avasallante y que te da masticada la comida. Lo único que uno puede hacer es poner en entredicho el paquete tal y como te viene envuelto y clarito. Esa es nuestra actitud.

A veces, hay unas exageraciones dramáticas que corresponden a no hacer tanto caso del hoy, de lo que pasó hace diez minutos, de qué temperatura hace y buscar lo que es la condición humana. Octavio Paz decía: la característica central del poeta es que siempre se está refiriendo a la condición humana siendo esta tan trágica. Esa es una manera de enfrentarse al poder que nos dice: hagamos sin necesidad de salir a las maldiciones ni a los gritos, preservando dentro un espíritu de disenso.

En paralelo, usted también va cambiando: pasó de ser un gran lector a leer cada vez menos ¿por qué?

Mucho menos. Me cuesta más la lectura, me da más trabajo, porque tiene enemigos que antes no había: televisión y radio a cualquier hora. Es una competencia terrible. Hay que luchar un poco también con eso. No creo que el libro sea mejor que una serie, porque hay pésimos libros y series muy buenas. Pero tiene horizontes más amplios y, también, hace funcionar unos dispositivos mentales que no son los mismos que uno no usa ni siquiera para oír lo que alguien que te está diciendo. La lectura es más rápida, las conexiones mentales,cualesquiera que sean, funcionan con mayor rapidez y te predisponen a una actitud más activa. Siento cierta culpa cuando elijo ver una serie y no leer, cosa que nunca me había pasado. En principio, había una hora para la tele y la lectura estaba en cualquier lado y momento y ya no es tan así. Siempre leí por placer y ahora también, pero me doy cuenta de que hay infinitos pretextos para dejar de hacerlo.

¿Le ocurre lo mismo al escribir?

Siempre supe que eso era muy difícil, no se me da con facilidad. Leo mejor de lo que escribo. Me resulta difícil escribir algo que me complazca como lector y, ahí, estamos jorobados. No está muy bueno que digamos. Mis libros son lo mejor que puedo hacer. Mientras los estoy haciendo, me resulta duro porque no me complace del todo. Me gustaría que fueran mejores. A veces, mientras estoy trabajando en uno, escribo todavía peor, ni siquiera al nivel de lo que puedo hacer y me cuesta salir de ahí.

¿No disfruta escribiendo?

Disfruto muchísimo el haber escrito. El trabajo, las tribulaciones van cambiando. Incluso, es mentira que no se pueda modificar el pasado. El insomnio de una noche se convierte en algo que te gratifica. Entonces la espera, que era angustiosa, se confunde en el recuerdo o en la eternidad, en algo grato o bueno. Pasé tres malas noches, pero esto está bien. La espera es así siempre, depende del resultado. Quizás lo que más disfruto sea la radio porque parece que es más fácil. Estoy con amigos, viene público y me aplaude eventualmente y, por ahí, escribe o llama por teléfono. Hay una gratificación casi inmediata. La música me satisface solo con hacerla. Me siento al piano y toco, aunque esté buscando y no encuentre nada. Eso ya es bueno, me hace muy dichoso. La literatura es la que más me hace padecer porque el hecho de escribir es sinuoso. Me cuesta, hay que borrar, empezar de nuevo. Siendo modesto, en cualquiera de estas vertientes, la que más me enorgullece es la de los libros. Eso es lo que mostraría si tuviera que exponerme ante un juez o evaluador universal.

Por Hernán Dobry

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