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Gastronomía de España
Una noche de duendes flamencos, sabores y memoria en el Corral de la Morería
Es el tablao más visitado de Madrid, y considerado la Catedral del Flamenco. Pero además de la música y la danza perfectas, ofrece una cocina a la altura de su estrella Michelin y una conexión pura con la cultura española.
24 de noviembre 2025 - 13:20hs
El tablao flamenco de El Corral de la Morería, en Madrid.
No es solo un tablao: es la Catedral del Flamenco, un sitio inimitable de la geografía de Madrid donde el arte y la historia de España se entrelazan cada noche.
En esta ocasión, surgió la bendición de pasar una velada donde la cena fue exquisita, el flamenco intenso y el entorno cargado de significados, justo en un momento en el que el Corral prepara su aniversario número 70, un hito celebrado con una bienal, un congreso y hasta un documental que cuenta la historia del lugar.
Desde mayo de 2025, el Corral de la Morería ha estado envuelto en un aire festivo.
Comenzó con un congreso histórico en el marco de la Bienal Flamenco Madrid, bajo el lema “Corral de la Morería. 70 años de tablao”. Allí se reunieron 28 personalidades del mundo del flamenco y la cultura —historiadores, poetas, intelectuales— para repasar los hitos de estas siete décadas.
Este congreso, dividido entre la sala del propio Corral, el Ateneo de Madrid y CentroCentro, habla del peso simbólico del lugar: no solo es un escenario, sino un referente cultural universal.
Además, para conmemorar este momento se ha rodado un documentalde 63 minutos dirigido por Jaime Dezcallar, que se acaba de estrenar en este noviembre de 2025.
El film retrata el corazón del tablao, la familia Del Rey (Blanca, Juan Manuel y Armando), su cocina, y cómo el Corral ha construido su leyenda.
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Cena íntima y flamenco en estado puro
Cuando entras para la cena, ya se percibe que no es una experiencia cualquiera.
El espacio conserva su espíritu: antiguamente una vaquería, hoy transformada en sala de arte gracias al diseño italiano y al gran lienzo costumbrista de Juan Barba que sirve como telón de fondo.
Es un escenario que, además, se apoya sobre una estructura diseñada para vibrar con el zapateado: el tablado, alojado sobre una base muy particular, se renueva con frecuencia para mantener esa resonancia tan poderosa.
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Platos exquisitos y la fiesta del jerez
La gastronomía, con una cocina distinguida con la estrella Michelin, estuvo a la altura de la historia.
Bajo la luz cálida que vibra al compás de una guitarra, el reconocido chef David García, lidera un viaje sensorial que emociona tanto como un solo de taconeo sobre la madera del tablao.
Nacido en Bilbao, se formó en la Escuela de Hostelería Eide y se templó junto a gigantes como Martín Berasategui o en templos como El Bulli y Nerúa, en el Museo Guggenheim. En 2014 ganó una estrella Michelin en Álbora, y dos años después encontró su hogar en este rincón de Madrid donde la gastronomía y el arte flamenco se abrazan.
La noche empezó con unas quisquillas delicadas, ligeras, que ya anunciaban la sutileza del menú. Luego llegó un pan de carne exquisito: jugoso, sabroso, con el punto justo entre tradición y sofisticación. De postre, un crème brûlée perfecto: crujiente por encima, cremoso por dentro, redondeando una experiencia culinaria elegante y emocional.
La bebida fue otro capítulo memorable con una de las joyas bebibles de Andalucia: una cata de jereces muy diversos, incluyendo uno de gran antigüedad, que se sirve en exclusivas pipetas para la degustación.
Servido además hasta lo último de una botella única, de una antigüedad de dos siglos: un gesto íntimo, como si compartieran con los invitados algo de su patrimonio más preciado. Y seguramente lo es.
Y es que El Corral de la Morería posee una bodega única, custodiada por Juan Manuel del Rey, con más de 1.200 referencias de vinos generosos andaluces. Su devoción por el Jerez es casi mística. En las estanterías reposan etiquetas imposibles de encontrar en ningún otro rincón del planeta, más de 300 joyas ya desaparecidas que hoy solo se descorchan para maridar los menúes de cada noche. Es, sin exagerar, la carta de Jerez más completa del mundo.
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La misa del flamenco, a pura intensidad
La luz baja, el murmullo desaparece. Primero, la guitarra de Rubén Lara, precisa y expresiva, marca el pulso.
A continuación, los cantes se elevan: Manuel de la Curra, Juañarito y Moi de Morón entregan su voz con calado, cada uno aportando su timbre, su fuerza, su emoción. El cante se siente profundo, personal, casi confesional.
Y luego el baile: Sara Giménez abre con una presencia sobria pero intensa, profesional en cada giro y en cada zapateado, transmitiendo gracia, control y corazón.
Aparece después David Coria, con una energía desbordante, una musicalidad explosiva y una entrega absoluta. Su baile resonó en cada rincón, el suelo vibraba, los espectadores conteniamos el aliento.
Fue una demostración de virtuosismo, de cuerpo y alma, aplaudida hasta la ovación por los presentes, muchos de ellos turistas europeos, estadounidenses y latinoamericanos.
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Más allá de la noche: sentido, memoria y futuro
Esa noche, se percibía en el ambiente esa sensación de estar participando de algo más grande.
El Corral no solo celebra un presente brillante, sino que rinde homenaje a su camino. Con su 70º aniversario a la vista, este tablao demuestra que sigue latiendo con fuerza, renovándose sin perder su raíz.
La directora artística, Blanca del Rey, es el alma del lugar.
Su trayectoria —bailaora, coreógrafa, referente absoluto del flamenco— está presente en cada gesto, en cada decisión. Bajo su mirada, el Corral ha combinado desde siempre tradición y vanguardia, arte y gastronomía.
El documental que se ha presentado recientemente no es solo un homenaje, sino un acto de memoria viva.
Cuenta historias, revela secretos, conecta generaciones. Y todo esto ocurre en un contexto en el que se reconoce al Corral no solo como un tablao, sino como un icono mundial de la cultura, un lugar donde el flamenco y la gastronomía convergen en su máxima expresión.
La noche en el Corral de la Morería no fue simplemente un espectáculo: es un rito y una ofrenda.
Comida exquisita, jerez de historia, música auténtica, baile con duendes. Y todo ello sobre un escenario que respira la mirada atenta de siete décadas de figuras míticas, y que se prepara para un futuro aún más pleno.
Salir de allí deja una sensación que no se olvida: la de haber sido parte de un momento en la historia de un templo.
No solo se trata de estar presente: pasar por el Corral de la Morería significa vivir la experiencia inigualable de la participación en la memoria y la cultura española.