12 de junio de 2026 13:07 hs

David Hockney, uno de los artistas británicos más influyentes de los siglos XX y XXI, ha fallecido a los 88 años de edad, según informó este viernes su representante, Erica Bolton.

El legendario pintor, cuya infatigable capacidad creadora le mantuvo trabajando prácticamente hasta el final de sus días, fue una figura fundamental del movimiento del pop art en la década de los pasados años 60 y se consolidó como uno de los creadores más populares y revolucionarios del panorama internacional.

A través de un comunicado oficial, Bolton detalló las circunstancias de su deceso: "El célebre artista británico David Hockney, una de las figuras más importantes del arte contemporáneo de los siglos XX y XXI, falleció en paz en su casa el 11 de junio de 2026, un mes antes de cumplir 89 años". Asimismo, la representante destacó los rasgos humanos que rigieron la trayectoria del creador, asegurando que "el legado perdurable de David Hockney refleja su profundo entusiasmo por la vida, su extraordinario sentido del humor, su inmensa generosidad y su curiosidad inquisitiva, plasmadas en su frase característica: 'Ama la vida'". Bolton concluyó indicando que los detalles sobre los próximos homenajes se anunciarán próximamente.

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Nacido en Bradford (condado de Yorkshire, en el norte de Inglaterra) el 9 de julio de 1937, Hockney pronto desarrolló un ávido interés por el mundo creativo, una vocación en la que ahondó formalmente mediante sus estudios en la Escuela de Arte de Bradford y, posteriormente, en el prestigioso Royal College Of Art de Londres. Con el paso de las décadas, su característica fisonomía de gafas redondas, su personalidad cercana, su distintivo acento de Yorkshire y su inseparable gorra lo convirtieron en una figura entrañable, profundamente respetada y considerada un auténtico patrimonio nacional en el Reino Unido.

Quienes lo conocieron de cerca destacaban de él una personalidad exuberante, una vitalidad contagiosa y una mente permanentemente inquieta. Aunque sus primeros trabajos se enmarcaron en un estilo marcadamente expresionista, fue en Nueva York, junto con Peter Blake en la icónica exposición de Nuevos Contemporáneos, donde se fraguó el advenimiento del pop art británico, un movimiento que quedaría indisolublemente asociado a su nombre. Su visión alegre y optimista de la realidad se extendió a lo largo de una carrera de más de siete décadas, convirtiéndole en el responsable de algunas de las imágenes más memorables del arte contemporáneo.

Las piscinas de Los Ángeles y la luz de California que inspiraron sus obras

Habiendo crecido bajo el perenne cielo gris de la ciudad industrial de Bradford, el joven Hockney quedó completamente cautivado por la luz deslumbrante y las libertades que imperaban en la California de los años 60. En busca de esa luminosidad ausente en su suelo natal, se mudó a Los Ángeles en 1964, convirtiendo dicho estado americano en su residencia principal durante un periodo de 40 años.

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Fue en los Estados Unidos donde pasaría más de tres décadas y donde nacieron algunos de sus trabajos más recordados y emblemáticos, entre los que sobresale "A bigger splash" (1967). A finales de los años 60 y comienzos de los 70, viviendo a caballo entre Los Ángeles, Londres y París, Hockney inmortalizó sus distintivas series de piscinas con colores vibrantes y composiciones geométricas perfectas. Este periodo luminoso consolidó su éxito internacional y comercial: en el año 1972, su célebre pintura "Retrato de un Artista (Piscina con dos Figuras)" se vendió en la casa de subastas Christie's en Nueva York por un récord de 90 millones de dólares (equivalentes a 82,4 millones de euros), una cifra histórica que le convirtió en ese momento en el artista vivo con la obra más cara jamás subastada.

Del lienzo tradicional al iPad: Un pintor vanguardista abierto a las nuevas tecnologías

La genialidad de Hockney residió no solo en su dominio de las disciplinas tradicionales, sino también en su insaciable necesidad de experimentar. A lo largo de su prolífica carrera, probó con absoluto éxito técnicas tan variadas como la pintura, el dibujo, el grabado, la acuarela y la fotografía. Su curiosidad innata le empujó de forma pionera a aventurarse con las máquinas de fax, las aplicaciones de ordenador y los programas de diseño digital.

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Gran apasionado de las nuevas tecnologías, si bien en su día coqueteó con las múltiples posibilidades estéticas que le ofrecía la fotografía Polaroid en un mundo entonces dominado por los teléfonos inteligentes, más tarde no dudó en incorporar soportes de comunicación contemporáneos como el iPhone. En la última etapa de su vida, su evolución digital fue tal que su paleta física terminó siendo sustituida de forma definitiva por los dispositivos tecnológicos, llegando a pintar sus últimas obras íntegramente a través de un iPad. Esta fusión de arte y vanguardia reafirmó su posición a la cabeza de los creadores más relevantes de las últimas décadas.

Visión de la homosexualidad sin dramatismos y el activismo a través de la pintura

David Hockney fue un hombre abiertamente gay en una época en la que la homosexualidad todavía constituía un delito ilegal en el Reino Unido. Lejos de ocultarse, el artista aprovechó con enorme entusiasmo la oportunidad de explorar su sexualidad de manera pública y creativa, convirtiéndose tal vez en el primer creador que retrató la vida gay masculina sin disculpas ni melodramas, reflejándola de la manera natural en que él y su círculo íntimo la vivían.

Como parte de este compromiso, materializó una célebre serie de pinturas protagonizadas por hombres desnudos o semidesnudos, las cuales él mismo catalogaría tiempo después bajo el término de "propaganda homosexual". Su enfoque, no obstante, estuvo siempre dotado de una singular frescura: "Sentí que debía hacerlo. Nadie más lo usaría como tema porque era parte de mí. Era un tema que podía abordar con humor", llegó a manifestar en una ocasión.

HOCKNEY

El regreso al Reino Unido y sus últimos años de refugio en Normandía

A finales de la década de los noventa, Hockney tomó la decisión de regresar a su país natal, inicialmente con el único propósito de acompañar a uno de sus mejores amigos, Jonathan Silver, quien se encontraba en estado terminal. Este retorno propició un redescubrimiento de los paisajes ingleses de su juventud en el norte de Inglaterra, unos escenarios visualmente opuestos al perenne clima estival de la soleada California pero que él supo sofisticar y dignificar a través de sus pinceles. Posteriormente, se estableció en la localidad costera de Bridlington, lugar de residencia de su madre y de su hermana, donde se dedicó a pintar con devoción el mar y los bosques británicos.

El alcance de su producción artística continuó expandiéndose, abarcando desde bodegones y paisajes rurales hasta innumerables retratos de familiares, amigos y sus inseparables perros —una constante en su trabajo—, sin olvidar sus aclamados diseños escénicos y decorados para el teatro y la ópera, destacando sus montajes para el Royal Court Theatre (en Glyndebourne) y la Metropolitan Opera de Nueva York.

Fumador empedernido hasta el final de sus días, Hockney llegó a defender este hábito en una entrevista concedida al diario británico "The Guardian", donde lo comparó con un símbolo de la libertad de los años 60, una década de liberación de la cual él mismo fue pionero. El pintor, que usaba audífono desde 1979 debido a un problema de sordera, contaba con una tarjeta sanitaria de California para adquirir cannabis con fines médicos, y desde 2018 preservaba su vitalidad nadando una media hora cada mañana. Al ser interrogado por su artista moderno favorito, siempre confesaba una absoluta predilección por el español Pablo Picasso, cuyo planteamiento cubista —según su criterio— reflejaba la búsqueda profunda de aquello que el artista realmente deseaba plasmar.

En la primavera de 2020, buscando aislamiento frente a la crisis sanitaria de la pandemia de covid-19, el creador se trasladó a vivir a una granja-estudio en Normandía (Francia), bautizada como La Grande Cour. En este refugio francés transcurrieron los últimos años de su fructífera vida y de allí brotó el material para su última gran exposición, titulada "Un año en Normandía", una muestra que actualmente todavía puede ser visitada por el público en los jardines de Kensington, en la ciudad de Londres, como testimonio final de su incombustible amor por el arte.

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