7 de junio 2024 - 17:48hs

Es un momento histórico. Histórico e inesperado. Hasta hace muy poco el mercado no albergaba duda de que la Reserva Federal de EE.UU. comenzaría con la baja de tasas antes que el Banco Central Europeo (BCE). Pero las certezas suelen ser tan frágiles como efímeras.

Mientras Jerome Powell (Fed) aún calibra el momento propicio, Christine Lagarde (BCE) recortará 0,25% el costo del dinero este jueves, poniendo fin a un ciclo que se extendió de julio de 2022 a octubre del 2023, cuando entró “en pausa”, con la tasa de referencia en 4,5%.

Será, como decíamos, histórico, inesperado e inusual. Es la primera vez en dos décadas que un banquero central decide relajar la política monetaria sin verse forzado por la emergencia de una crisis financiera.

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Las circunstancias nunca son del todo ideales. Tampoco en este caso.

De pronto, un rebote muestra a la economía de la eurozona mucho más robusta, las presiones salariales siguen aumentando y justo antes de la decisión sobre las tasas, llega una lectura de inflación levemente por encima de lo previsto.

Las dudas aparecen. El temor a un movimiento prematuro. Pero en el organismo parecen convencidos de que es hora de actuar.

Eso sí, el debate sobre la trayectoria de las tasas de ahora en más está virando.

Los últimos indicadores hicieron que el mercado modificara sus apuestas en relación a cuántas bajas deparará este año. Hoy están contemplando otras dos rebajas y otorgan un 25% de probabilidades a una tercera.

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Los economistas, por su parte, se mantienen en su mayoría por ahora firmes con su pronóstico de tres recortes en lo que resta del 2024.

Esto contrasta con la previsión de una única baja de tasas en EE.UU. y apenas una probabilidad del 20% de otro descenso.

Mientras la Fed no dilate la baja de tasas...

Lagarde ya dejó en claro que tanto ella como los miembros del BCE trabajan en forma completamente independiente de la Fed y no supeditan sus decisiones a las del banco central de EE.UU.

Aclarado el punto, el hecho es que lo que ocurra del otro lado del Atlántico tiene implicancias innegables para Europa.

Un relevamiento de Bloomberg entre inversores arroja que casi tres cuartos opina que la zona euro tiene su propia dinámica de inflación y no está simplemente yendo detrás de la Fed.

Sólo 6% reconoce que el BCE no puede desacoplarse totalmente de la Fed a la hora de fijar tasas.

Pero por otro lado, un 85% admite que el BCE deberá mantener las tasas más altas si la Fed dilata el inicio del relajamiento monetario.

Si Powell se toma demasiado tiempo en bajar las tasas, habrá una presión bajista sobre el euro (arrancó el año en 1,10 por dólar y hoy cotiza a 1,087).

Esto es porque al reducir la tasa de referencia, bajan los rendimientos de todos los activos en esa moneda. Eso quiere decir que cualquier inversión en euros tiene menos atractivo y por ende, también es menos demandada la moneda.

Ese diferencial de tasas, que hoy ya es importante, se ampliará. La brecha es de 4,5%, por un lado y 5,25%-5,50%, por el otro.

Y como sabemos, la devaluación cambiaria se traslada a los precios, con mayor o menor velocidad e intensidad según los mercados. Por eso, si el euro se debilita, el BCE deberá enfrentar nuevas presiones inflacionarias.

Por supuesto, otra opción sería no continuar con el ciclo de bajas, sobre todo si la Fed no da un poco de aire.

Los economistas calculan que el umbral es tres: Europa puede bajar tasas hasta tres veces si la Fed no hace nada y evitar esta dinámica perniciosa.

De todos modos, la buena noticia es que los últimos indicadores en EE.UU. le están dando las señales contrarias a Powell. Le están diciendo que no espere mucho más.

El dólar, de hecho, viene de cerrar en mayo su primera caída mensual desde diciembre.

Se debe precisamente a que la menor presión inflacionaria en EE.UU. alimentó la expectativa de que la Fed bajará las tasas antes de fin de año.

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El llamado Dollar Spot Index, un índice que mide al dólar contra las principales monedas, buen termómetro global de su valor, retrocedió 1% el mes pasado.

Powell respiró más tranquilo. Pensó que la economía se estaba acelerando pero no.

El PBI creció en el primer trimestre a un ritmo de 1,3% anualizado, por debajo de la estimación inicial de 1,6%. El principal motor de la economía, los gastos de consumo en bienes, avanzaron 2% contra 2,5% de la versión preliminar.

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En el frente inflacionario, más allá del clásico IPC o índice de precios al consumidor, su métrica preferida —el índice de precios de gastos de consumo personal— se incrementó 3,3% anualizado en el primer trimestre, apenas por debajo de la proyección inicial.

Excluyendo alimentos y energía, el indicador núcleo aumentó 3,6%, versus 3,7% en el cálculo previo.

Con estos datos, la Fed se sintió más cómoda. No implica que vaya a bajar las tasas también en junio como Lagarde (se reúnen el 11-12).

Pero hoy la apuesta es que ese rango de 5,25%-5,50% que no se mueve desde julio de 2023 quizás pueda reducirse en septiembre.

Vuelven las apuestas por el euro

Los últimos datos de fines de mayo muestran que los contratos de quienes apuestan a la suba del dólar en el mercado de futuros cayeron por quinta semana consecutiva.

El monto que hoy está invertido en ese escenario es el más bajo desde marzo. En abril, esos inversores habían destinado alrededor del doble de dinero, un récord en casi cinco años.

En este gran rearme de posiciones uno de los grandes ganadores fue el euro, que resurgió como apuesta especulativa.

La pregunta que todos se hacen en el mercado es: ¿qué tan lejos puede aventurarse el BCE por su cuenta?

Como argumentábamos, una Fed demasiado precavida, que dilate demasiado una baja, puede jugarle en contra a Europa.

Pero si Powell también se pone en movimiento, Lagarde puede haber empezado algo tarde contra la inflación pero haber tenido los reflejos de armar la estrategia de salida justo a tiempo.

Y en ese contexto, más allá de los que indica el manual, no tendría por qué debilitarse demasiado sobre todo ahora que la economía europea ya no está tan anémica y endeble como hace seis meses.

De todos modos, como dice un veterano del mercado, antes cuando recortabas la tasa, era la primera de muchas bajas que debían sostener el crecimiento o suavizar una crisis.

Esta vez es distinto. Cuando hablamos de bajas, pasamos de “una no es nada” a “una y basta”.

Mal momento para un leve repunte de la inflación

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La inflación de la zona euro se aceleró más de lo anticipado, otro mal trago para Lagarde. Los precios al consumidor crecieron 2,6% interanual en mayo desde 2,4% en abril.

Sin los componentes volátiles como alimentos y energía, la inflación también superó las expectativas al acelerarse hasta 2,9%, cuando se anticipaba que hubiera dejado de caer por primera vez desde julio pero se mantuviera sin cambios en un nivel de 2,7%.

Por otro lado, varias economías todavía tienen una inflación superior al 2% y muestran incluso una aceleración como es el caso de Alemania, Francia o España. En Italia, los precios subieron a un ritmo más moderado que en abril.

Más preocupante es la tendencia en el sector de servicios, que mostró un salto de 4,1% en los precios durante mayo, producto de mayores costos laborales así como de una creciente demanda de los consumidores.

La presión sobre los salarios vuelve a dispararse

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Los salarios de la zona euro no lograron poner el freno en el comienzo de 2024, otra advertencia para el BCE: registraron un avance de 4,7% interanual en el primer trimestre.

Se trata de un aumento de 4,5% respecto de los tres meses previos que iguala el récord del tercer trimestre del 2023. Los economistas esperaban que el indicador declinara o se mantuviera estable.

En la medida en que los shocks de oferta de los últimos años ya no están en el mapa, gran parte de la preocupación actual se centra en la inflación del sector de servicios, que está fuertemente influida por los costos laborales.

“Difícilmente este dato haga cambiar de opinión al BCE respecto al recorte de tasas de junio pero claramente los mantendrá nerviosos sobre cómo seguir avanzando”, opinan en el mercado.

De la zona euro anémica al crecimiento

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La zona euro salió de la recesión en la medida en que sus principales cuatro economías crecieron de una forma mucho más vigorosa de lo esperado.

Después de la contracción de la segunda mitad del 2023, en el primer trimestre de este año, el PBI aumentó 0,3% respecto de los tres meses anteriores, el ritmo más intenso en un año y medio.

Un aporte fundamental fue la recuperación alemana, que está emergiendo de su crisis cimentada en el sector industrial.

En la medida en que la inflación siga cediendo, el ingreso de los hogares mejore y repunte la demanda extranjera, el BCE pronostica un crecimiento de 0,6% para 2024 y 1,5% para 2025.

Claro que más allá de salir de la recesión, hay problemas estructurales con los que la economía tiene que lidiar.

La pobre productividad -y con ella el bajo crecimiento potencial- es uno de ellos.

La brecha entre la economía europea y la estadounidense desde el 2000 alcanzó alrededor del 18% del PBI potencial de 2023, equivalente a u$s 3,3 billones, según Bloomberg Economics. Para 2050, será de casi 40%.

El ex presidente del BCE Mario Draghi pronto publicará un reporte muy aguardado sobre el futuro de la competitividad europea, que apela a un cambio radical que incluye desde una menor carga regulatoria hasta, en algunos casos, subsidios masivos.

Mientras, Lagarde hará historia esta semana. Muchos dicen por estos días que el repunte en la inflación observado en Europa se asemeja mucho al que viene experimentando EE.UU. y que el BCE no haría mal en tomar en cuenta el riesgo de re-flación.

Hace poco Lagarde dijo: “No creo que podamos extraer conclusiones basándonos en la suposición de que las dos inflaciones son iguales. Las dos economías no son iguales“.

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Christine Lagarde baja de tasas euro BCE inflación salarios crecimiento

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