24 de mayo 2024 - 17:33hs

La austeridad llegó a las Olimpíadas. Quienes organizan los Juegos están pensando en algunos cambios. Nada más excitante, es cierto, que ser anfitrión. Todavía hoy se habla del “efecto Barcelona” por el evento de 1992 para referirse a eso que todos buscan: aquel deslumbramiento que catapultó a la ciudad hasta nuestros días.

Pero si bien no es una cuestión sólo económica, la cosecha del esfuerzo dura años, al punto de que el estudio sobre los Juegos de verano de París establece una línea de tiempo de 17 años para estimar los beneficios económicos.

En este horizonte se distinguen las ventajas que se perciben en la fase de preparación y las que llegan en el llamado período de legado. En total, podrían sumar 12.000 millones de euros. ¡Y son las Olimpíadas de verano!

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Es lógico que las ciudades quieran estar a la altura de semejante espectáculo. El punto es que las Olimpíadas también deben ser sustentables, es el nuevo mantra del comité internacional, que está pensando cómo reformular el proceso de selección para hacerlo más simple y sobre todo, menos competitivo.

Hoy las Olimpíadas no tienen que ser extravagantes. No se trata de quién gasta más, es la nueva mentalidad. Por eso el Comité busca una fórmula para elegir a la ciudad anfitriona en base al diálogo y no a la rivalidad.

"Vamos a gastar sólo en lo que podemos hacer", dicen en París

En forma discriminada, el beneficio económico para París se distribuiría así: 4.580 millones de euros por la actividad económica creada a partir de la organización del evento, 3.000 millones derivados del impacto en el sector de la construcción y 3.560 millones de euros como consecuencia de la contribución del turismo.

Son los números del escenario más optimista pero también el que consideran por lejos más probable.

Lo que resulta verdaderamente inusual es el discurso del organizador del evento, el francés Etienne Thobois. Cualquiera diría que se trata de un secretario de Hacienda al escucharlo hablar del ethos de la prudencia fiscal. Pero no, de hecho antes de París 2024 estuvo a cargo del Mundial de Rugby 2007.

Thobois está confiado de que van a cumplir su presupuesto de 4.400 millones de euros. “El objetivo fue siempre ser equilibrados y vamos a gastar sólo en lo que podemos hacer”, asegura.

El presupuesto para infraestructura es similar, de unos 4.500 millones de euros, pero es un mix de dinero público e inversiones privadas, destinado a no generar proyectos que vayan a languidecer y perder toda utilidad después de los Juegos.

Es lo que él llama el legado tangible. “No vamos a hacer ninguna infraestructura que no necesitemos”.

París puede esperar recibir entre 1.34 millones y 1.85 millones de espectadores durante los Juegos según la estimación más baja y alta del estudio, repartidos en forma pareja entre locales y extranjeros.

Río 2016 no costó u$s 2.700 millones sino u$s 13.100 millones

Pensemos en descalabros como los ocurridos en Río de Janeiro. Se estima que las Olimpíadas de 2016 costaron u$s 13.100 millones, cuando el presupuesto inicial era de u$s 2.700 millones.

Los funcionarios reconocían menos de un año después que la ciudad estaba repleta de sitios olímpicos a los que era difícil darles un uso que generara lo suficiente para cubrir los gastos de mantenimiento.

Los Juegos de Río y lo que vino después -el endeudamiento y la depresión- volvió a poner seriamente sobre la mesa la cuestión de la sensatez de que las ciudades construyeran cada tantos años cantidades de nuevas locaciones para poder alojar un evento que duraría apenas un par de semanas.

De todos modos, lo que le ocurrió a Río -la primera vez que las Olimpíadas se realizaban en América latina- no sería ninguna sorpresa para los investigadores de la Oxford University.

Se dedicaron a revisar los presupuestos de los Juegos desde 1960 a 2012 y descubrieron que si bien, una vez cada tanto se cumplen en tiempo y forma, la norma es que con una consistencia asombrosa las ciudades se excedan en un 100%.

Atenas alquila sitios de las Olimpíadas para casamientos

Fue lo que pasó en Atenas 2004, otro caso doloroso, por todo el simbolismo y la euforia que había generado en el país. Habían quedado afuera en 1996 y finalmente, le habían ganado a los favoritos, los romanos. Pero fue una catástrofe.

Por empezar, como decíamos, Grecia terminó gastando el doble de lo previsto, que ascendió a u$s 11.000 millones. Con siete años de preparación, desperdició los tres primeros.

Llegó un punto en que los organizadores olímpicos le advirtieron que si no aceleraban sus esfuerzos en forma drástica, corrían el riesgo de perder los Juegos. Comenzó entonces una carrera en la que se gastó sin mesura ni planificación.

Hoy algunos sitios olímpicos fueron vendidos y reconvertidos. Otros se utilizan ocasionalmente para conferencias o casamientos.

En el centro de remo en la mítica ciudad de Maratón, sólo quedan unos pocos chicos entrenando y varios perros callejeros jugando entre los pastizales crecidos.

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