Como suele pasar, la cruzada libertaria del presidente Donald Trump está repitiendo la historia pero en un mundo finamente interconectado a nivel comercial, en el que no sólo EE.UU. es tres veces más dependiente de las importaciones que en aquellos tiempos de miseria sino que la mitad de las Nike estadounidenses que usan los españoles en Europa se producen en Vietnam, un país asiático al otro lado del mundo.
Habían abandonado China para eludir una guerra comercial ya más antigua pero las represalias las alcanzaron. Como consecuencia, los estadounidenses deberán pagar más caro por cualquier producto importado.
Por efecto de la tarifa del 20% para la Unión Europea (UE), se estima que las exportaciones de España a EE.UU. se reducirán en torno al 15%.
Pero no es un mercado con gran peso para el país, ya que representa el 5% de las ventas al exterior.
La Unión Europea hoy ya aplica una tarifa promedio del 39% a los productos procedentes de EE.UU. Si las negociaciones fracasan y el bloque eleva las barreras arancelarias, todo lo que ingrese del mercado estadounidense, automáticamente será mucho más caro que antes.
Pero a su vez, que gran parte de las grandes marcas que todos consumen, no sólo estadounidenses, habían montado “hubs” de producción y suministro en lugares como Vietnam, Cambodia, Indonesia o Tailandia, que fueron arrasados por tarifas de 46%, 49%, 32% y 37%, respectivamente.
Aunque se trata de barreras para el ingreso a EE.UU., queda por ver cómo se manejan las grandes empresas a la hora de trasladar los costos a los productos y si no terminan afectando en alguna medida a todos los mercados.
Así y todo, están todavía por debajo de los aranceles chinos, que llegan a superar el 60%.
De hecho, muchas empresas chinas se trasladaron a estos países para evitar las sanciones de EE.UU.
Hoy la mitad de las fábricas de Cambodia son de propiedad china. Firmas como Toyota y Ford tienen presencia desde 2016 y 2017.
En Indonesia, por ejemplo, concentra su producción la japonesa Panasonic y tienen fábricas marcas de indumentaria de primera línea como Tommy Hilfiger y Calvin Klein.
Y aunque Nike concentra el grueso de su suministro en Vietnam, también está en Indonesia, al igual que la alemana Adidas, que produce el 39% de su calzado en Vietnam.
Las empresas aprovechan el bajo costo de la mano de obra y pero como muestran estos ejemplos, no están sólo en uno de estos países sino que suelen diversificar mercados. Esta relocalización tuvo su impacto en el sudeste asiático. Vietnam, uno de los países más exitosos en atraer inversiones, creció 7,1% el año pasado.
Existe una gran noticia para los españoles y los europeos en general.
En junio de 2010, la Unión Europea firmó un acuerdo de libre comercio con Vietnam, lo que implica la remoción de cualquier tarifa en el ingreso de productos. En el caso de Apple, por citar un caso, Vietnam es el cuarto proveedor global.
El efecto desinflacionario de un crecimiento más débil
Claro que nunca nada es tan simple. La lógica indica que, al menos todo lo proveniente de EE.UU., debería aumentar de precio. Pero no necesariamente.
En los dos días desde el anuncio de las tarifas recíprocas, el mercado ya aumentó de dos a tres las probabilidades de recorte de tasas por parte del Banco Central Europeo (BCE) este año.
De ser así, quedaría en 1,75%. Un nivel por debajo de 2% implica en política monetaria abandonar “territorio neutral” para pasar a la zona de estímulo de la economía. Y los inversores esperan que la primera baja llegue tan pronto como este mismo mes.
Esto significa que ven un panorama en que el crecimiento quedará en primer plano por el embate, mientras la inflación tenderá a volverse más benigna después de subir en un primer momento.
La ofensiva de Trump amenazará a la expansión económica más de lo que reactivará los precios. El golpe hará que cedan en la medida en que lo haga el consumo.
La expectativa es que la inflación de la zona euro se reduzca el año que viene hasta 1,5%, contra 2% el mes pasado y el nivel más bajo desde octubre.
Bloomberg Economics calcula que este impacto sería de 1% del PBI en el mediano plazo.
Aunque el horizonte de tiempo en la estimación es algo vago, la Unión Europea estimaba un crecimiento del 1% para la zona euro este año.
De todos modos, todavía faltan despejar cuestiones centrales. No es lo mismo si la UE logra negociar cierta relajación de los aranceles que si contraataca con medidas que redoblan la apuesta.
Mientras tanto, a contramano de lo que se esperaba, por ahora el euro sigue fortaleciéndose y volvió a un máximo de seis meses contra el dólar.
La divisa, si se debilita, empeora el escenario al aumentar aún más el costo de las importaciones para Europa.
Goldman Sachs coincide con esta lectura. En un informe del viernes sus economistas apuntan como muy probable un recorte de tasas este mes en la medida en que el shock comercial supone una presión a la baja para el crecimiento y la inflación.
Los analistas de Deutsche Bank coincidieron en que el ciclo de relajamiento monetario no puede detenerse ahora ante “el efecto desinflacionario de una expansión más débil”.