Diez años después de que la población británica acudiera a las urnas para decidir su salida de la Unión Europea (UE), el país se encuentra sumido en una profunda crisis institucional. El último síntoma de esta inestabilidad se ha materializado este mismo lunes con la dimisión del primer ministro, Keir Starmer, quien ha cedido a las presiones internas del Partido Laborista en medio de una crisis de liderazgo.
Transcurrida una década desde el histórico referéndum del 23 de junio de 2016, los análisis coinciden en que el Brexit ha frenado el crecimiento económico de Reino Unido. El devenir de un país que ha visto pasar a siete primeros ministros en tan solo diez años evidencia una situación de desgobierno que traslada al próximo inquilino de Downing Street la ardua tarea de hallar soluciones.
El primer ministro británico, Keir Starmer, hace una declaración en Downing Street, Londres, Gran Bretaña, el 22 de junio de 2026. Keir Starmer ha dimitido como primer ministro del Reino Unido.
Las paradojas de una campaña basada en "recuperar el control"
En 2016, la crisis económica y el rechazo a los migrantes extendieron la idea de que era necesario "recuperar el control" para redefinir la relación de Reino Unido con Europa y sus aliados bajo sus propios términos. Sin embargo, diez años después, ninguna de estas cuestiones ha sido resuelta, lo que los expertos califican como una evidente contradicción.
"Esta ha sido una de las grandes paradojas del Brexit y la demostración más clara de la ambigüedad de mensajes sobre los que se construyó el argumentario a favor del 'Leave'", señala Carme Colomina, investigadora del CIDOB, en declaraciones a Europa Press. Según la experta, el referéndum no ha solucionado los problemas atribuidos a la UE, tales como la inseguridad económica, la globalización desigual, la pérdida de confianza en las élites políticas y la percepción de que las decisiones democráticas se han alejado de la ciudadanía.
Aquel plebiscito se saldó con el 51,9% de los votos a favor del 'Leave' —campaña liderada por Nigel Farage— frente al 48,1% del 'Remain'. El resultado costó el puesto al entonces primer ministro David Cameron, sustituido por una Theresa May que inició las negociaciones y pasó tres años contra las cuerdas antes de abandonar el cargo.
El impacto económico del Brexit: PIB, comercio e inversión a la baja
Los datos oficiales reflejan la gravedad del impacto económico tras el divorcio con Bruselas. Los efectos del Brexit han supuesto una reducción del Producto Interior Bruto (PIB) británico de hasta un 8%, un descenso del comercio cercano al 15% y una caída del 18% en las inversiones.
Estas cifras coinciden, además, con un contexto global de creciente proteccionismo e inestabilidad geopolítica que ha erosionado aún más la competitividad del país. La mayoría de los expertos advierte que, incluso si se completara el supuesto reajuste normativo, la gran mayoría de las pérdidas comerciales sufridas por el territorio británico quedarían sin resolver.
Lejos de aplacarse, el voto antisistema que impulsó el Brexit ha seguido debilitando al Ejecutivo, permitiendo que formaciones como Reform UK, liderada por Nigel Farage, capitalicen el descontento de los ciudadanos.
El plan de acercamiento de Londres a la Unión Europea
Ante este escenario, las encuestas reflejan un giro de opinión en la sociedad británica: si mañana se celebrase un nuevo referéndum, el 63% de los ciudadanos apoyaría la reincorporación a la UE. Los estudios muestran un deseo mayoritario de estrechar lazos con el bloque comunitario, y los votantes de los principales partidos se muestran cada vez menos reticentes a admitir los errores del pasado.
Este clima ha empujado a Londres a trazar un plan de acercamiento con Bruselas. "Las heridas del Brexit todavía escuecen a ambos lados del canal de la Mancha. Por eso, desde Downing Street insisten en que este acercamiento con Bruselas no es una apuesta ideológica sino una estrategia únicamente en favor de los intereses económicos de los británicos", aclara Colomina.
No obstante, la investigadora del CIDOB descarta la convocatoria de una nueva consulta a corto plazo. A pesar de la sensación de error generalizada, el euroescepticismo y los miedos que agitaron la campaña de 2016 siguen vigentes. Además, Bruselas afronta con desconfianza el panorama electoral británico. Aunque exista una hipotética mayoría a favor de regresar a la UE, las encuestas de intención de voto sitúan actualmente a Reform UK en la ventajosa posición de primera fuerza en la Cámara de los Comunes.
Fragmentación política y auge de nuevos partidos en Reino Unido
El descontento social ha provocado una severa fragmentación del mapa político británico. En las elecciones de 2019, los dos partidos tradicionales sumaron el 76% del voto popular; una cifra que cayó drásticamente al 58% en los comicios de 2024. Los procesos electorales posteriores sugieren que este apoyo ha continuado disminuyendo debido al ascenso de los Verdes y de Reform UK. A este ecosistema se ha sumado recientemente Restore Britain, una nueva formación nacida como escisión de Reform UK tras la salida de Rupert Lowe.
Esta fragmentación es heredera directa del trauma que supuso el proceso de salida. Tras ganar las elecciones de 2019 prometiendo culminar el divorcio, el conservador Boris Johnson materializó la marcha aceptando una frontera regulatoria en el mar de Irlanda. Esta cuestión fue uno de los escollos más duros de la negociación, dado el riesgo de crear una frontera física en Irlanda del Norte que vulnerase los acuerdos de paz que pusieron fin a 30 años de conflicto en la región. El Ejecutivo de Johnson pactó un rápido acuerdo de libre comercio a finales de 2020, aprobado en plena pandemia, que dejó graves cicatrices tanto en la política interior como exterior del país.
El impacto de Trump y la geopolítica en la reconexión con Bruselas
A pesar de los recelos históricos, el actual contexto internacional está acelerando los contactos entre ambas potencias. "En estos últimos tiempos, cada nueva amenaza geopolítica ha servido para acercar un poco más Reino Unido a la Unión Europea, y especialmente en el último año, vemos cómo Londres y Bruselas se encuentran en un proceso de reconexión acelerada y silenciosa", analiza Carme Colomina.
La invasión rusa de Ucrania propició inicialmente la colaboración en materia de defensa. Posteriormente, la disrupción derivada del retorno de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, sumada a la inestabilidad económica y energética generada por la guerra en Irán, ha incrementado la necesidad de alcanzar un entendimiento económico y comercial.
La llegada del dimitido Keir Starmer al cargo buscaba restablecer estas relaciones con la UE, aunque bajo "líneas rojas muy concretas": no volver a la unión aduanera, no regresar al mercado único y no restablecer la libertad de movimiento. La justificación de Londres para mantener estos límites era no renunciar a las ventajas de los acuerdos de libre comercio negociados de forma bilateral.
Sin embargo, en una nueva época trumpista marcada por la inestabilidad política, el debate sobre el rumbo de las relaciones bilaterales ha cambiado ante la evidencia de que mantener dichas líneas rojas no resolverá las pérdidas comerciales provocadas por el Brexit.