23 de mayo 2024
21 de marzo 2024 - 5:48hs

Fue histórico. Después de 17 años, Japón abandonó la tasa negativa.

La bazuca de Kuroda”, como se la llamó en su momento. La decisión de Haruhiko Kuroda, entonces gobernador del Banco de Japón (BoJ), de establecer en 2016 una tasa de -0,1% para luchar contra la deflación.

Una de las famosas “tres flechas” en que se apoyaba la política del primer ministro, Shinzo Abe (Abenomics). Fue histórico. Pero no por eso necesariamente acertado.

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Tres años antes, en 2013, la primera “bazuca de Kuroda” no había tenido los resultados esperados. Era un programa masivo de compra de instrumentos en el mercado. Una política ultra-expansiva de inyección de liquidez.

El anuncio que, en principio, dejó atrás estas viejas prácticas monetarias dispara varios cuestionamientos. Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia Pacífico de Natixis, los resume con total claridad. 

Por empezar, la movida del banco central, hoy encabezado por el gobernador Kazuo Ueda, se apoya en la convicción de poder alcanzar su objetivo de inflación del 2% en el mediano plazo gracias a un círculo virtuoso en la actual negociación de salarios. Pero los datos, asegura, no apuntan en esa dirección. 

Desde el banco central, no obstante, se asevera que las grandes compañías del país acordaron aumentos de 5,28% con los grandes sindicatos este mes, el mayor incremento en 33 años.

Durante mucho tiempo, ambas partes evitaron elevar los salarios demasiado por temor a lesionar la competitividad corporativa. 

Por otro lado, la suba de tasas fue demasiado modesta.

El mercado quedó decepcionado: pasó de -0,1% a 0-0,1%. Resultado: el yen se depreció. La moneda merodea un mínimo de tres décadas que tocó en octubre de 2022. El martes cayó 1,2% a su menor nivel en cuatro meses de 150,91 por dólar.  

A su vez, el organismo monetario nunca dijo que dejaría de comprar bonos públicos sino otro tipo de instrumentos. Esto significa que no hay vocación de recortar la emisión sino que el balance seguirá creciendo.

El ritmo de compras mensuales de deuda pública es de 6 billones de yenes. Un dato que, paradójicamente, también contribuye al debilitamiento del yen en plena suba de tasas. 

Desplazado por China y Alemania

Japón era el último país con tasas negativas pero no fue el único. También experimentaron con el mecanismo países como Dinamarca, Suecia y Suiza. Y después de todo, países como EE.UU. tuvieron durante años tasas de casi 0. 

Conceptualmente, es muy simple: con tasas negativas no existe incentivo para ahorrar sino que por el contrario, se estimula que los consumidores gasten y que las empresas inviertan para activar el crecimiento económico.

Pero el declive de Japón lleva años sin poder revertirse. Aunque la economía creció un 1,9% en 2023, el país está en recesión técnica al registrar una contracción en los dos últimos trimestres. 

El Producto Interior Bruto (PIB) del cuarto trimestre experimentó un retroceso anualizado del 0,4%, que se sumó al desplome del 3,3% del tercer trimestre. 

Así, Alemania superó a Japón como la tercera economía del mundo a pesar de que su PBI cayó 0,3% el año pasado. Hace ya más de una década Japón cedía el segundo lugar a China. 

Y es en gran medida la fuerte devaluación del yen frente al dólar la que dejó a Japón fuera de juego. Sólo en 2022 y 2023, la divisa perdió más de un 18%.

Por eso García-Herrero insiste en este efecto irónico y no buscado, que puede terminar generando daños colaterales. 

“El BoJ puede empezar a sentir la presión de los participantes del mercado, que buscan forzar más subas de tasas debilitando al yen. Esto sólo puede ponerse peor si la Fed sigue demorando los recortes de tasas más allá del consenso de mercado (junio de este año)”.

Los ajustes fueron mínimos. La política todavía es ultra-laxa. El mercado no compra lo que no es. Cuidado que las bazucas no le apunten al pobre yen. 

 

 

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