28 de mayo 2024 - 1:41hs

Rafael Nadal dijo adiós de entrada en Roland Garros, pero sin confesar si, a punto de cumplir los 38 años, fue una despedida para siempre del torneo que ha ganado 14 veces, el cimiento de su leyenda. El balear fue superado por Alexander Zverev, con un marcador de 6-3, 7-6 (5) y 6-3.

El día en el que el número 2 del mundo, el italiano Jannik Sinner, y la número uno, la polaca Iga Swiatek, superaban sin problemas su primera ronda, todas las miradas estaban puestas en el regreso, dos años más tarde, del hombre que más huella ha dejado en el torneo.

La central de París se llenó por vez primera para un duelo de primera semana, el que medía a Nadal contra el alemán Alexander Zverev, convencidos los aficionados de que allí pasaría algo histórico: o el fin de su leyenda o un nuevo milagro. Al final no fue ni lo uno ni lo otro.

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La recuperación del español fue insuficiente para rivalizar contra el número 4 del ránking, que llegaba con el título del Master 1000 de Roma bajo el brazo y que hizo un partido sólido, perfecto y de alto vuelo que impidió a Nadal renacer una vez más, ya que acabó perdiendo por 6-3, 7-6 (5) y 6-3.

Tampoco hubo fin de la leyenda, porque el español se negó a cerrar la puerta a un regreso a la tierra de sus mayores gestas, aunque todo en el ambiente apuntaba a que era el día del fin: "Quiero dar las gracias, ha sido increíble la energía que he sentido. No sé si es la última vez que estaré aquí. No lo puedo decir al 100 por 100. Pero si es la ultima vez lo he disfrutado. La gente ha estado increible y es difícil describir en palabras el amor que he sentido", expresó tras el encuentro.

El público enfervorecido, los balances poco velados, el discurso en la pista y la impresión de que se alejó del máximo nivel. Pero Nadal quiere explorar la posibilidad de seguir jugando y se dio de plazo hasta los Juegos Olímpicos de París, su nueva meta y prioridad, tras los cuales decidirá si está en disposición de querer seguir.

Rafael Nadal, el principio del adiós

Como se mencionó anteriormente, no fue un adiós oficial, porque Rafa se negó a recibir el homenaje que Roland Garros tiene tantas ganas de darle, pero la derrota ante Zverev tiene visos de conducir al adiós de una leyenda. Al de Mallorca le puede quedar otra cita con ese escenario, pero en los Juegos Olímpicos, y él se ha obstinado en dejar claro que no cierra la puerta a seguir compitiendo el año próximo, aunque matizó que es poco probable.

A lo largo de los años, el tenista de Manacor conquistó el Grand Slam de tierra batida, tanto en títulos como en el calor del público, hasta que lo ha convertido en el territorio sobre el que ha levantado su imperio. Entre el irreverente adolescente que irrumpió en 2005 con una cinta en el pelo, su media melena, su camiseta sin mangas, el pantalón pirata y el respetable padre de familia que ahora pasea por París, han pasado 14 títulos, solo cuatro derrotas, 116 partidos, muchos silbidos del público, muchos más aplausos y una estatua que marcará, para siempre, una historia irrepetible.

Nadal es Roland Garros y Roland Garros será siempre Nadal. Es así de sencillo. Ningún otro tenista dominó y reinó con tanta fuerza un torneo como el español lo ha hecho en París, a base de perseverancia, talento, fuerza y dedicación. Pero también con su amabilidad, su simpatía y una humildad que acabó por convertir al intruso en el ídolo de los aficionados.

Lejos quedan ya los inicios, su aparición aquel 25 de mayo de 2005 en la Pista 1, actualmente desaparecida, contra el alemán Lars Burgsmüller, reconvertido ahora en cardiólogo, el primero que probó la medicina del español, 6-1, 7-6 (4) y 6-1. De aquel día quedan dos detalles que se contrastan: el rostro serio, enfadado, de Nadal abandonando la pista y sus palabras: "¿Como voy a estar contento con un partido tan malo? Si juego así, no soy uno de los favoritos para ganar el torneo".

Entonces, aquellas palabras pudieron parecer pretenciosas, pero con el tiempo cobraron otro sentido: el de un tenista que no se conforma, que siempre quiere competir, sediento de mejorar constantemente y que con los años fue progresando hasta convertirse en una máquina casi invencible en París. Son 18 participaciones en Roland Garros y 14 conquistas para Rafa que, esperemos, no haya sido la última.

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