24 de octubre 2025 - 13:15hs

Doradas, calentitas y crujientes, quizás no haya un fruto más característico del otoño que las castañas. Y es que cuando llegan los primeros días de frío, las calles se llenan de puestos de castañas asadas que perfuman el aire con un aroma cálido e inconfundible. Las que pedíamos a nuestros padres cuando éramos pequeños, y que seguimos comprando hoy en día, sin duda uno de los mejores remedios para combatir las bajas temperaturas.

Pero, como ocurre con las tradiciones más entrañables, a veces nos llevamos una sorpresa poco agradable. ¿Te has encontrado alguna vez con un gusano dentro de una castaña? Si no, es momento de tener cuidado.

Lo peor de las castañas: el pequeño huésped escondido

Sin embargo, un pequeño huésped oculto en su pulpa puede arruinar el momento: los gusanos y las larvas. Estos invasores son tan diminutos que muchas veces no somos capaces de identificarlos y, después de haber sido asados junto con el fruto, los acabamos ingiriendo sin saberlo hasta que aparece un desagradable sabor amargo.

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Existen varios tipos de estos seres invertebrados que invaden las castañas, pero la gran mayoría son inofensivos. Sin embargo, es necesario prevenir males mayores.

¿Es peligroso es tragarse un gusano de las castañas?

Lo primero que se debe saber es que estos minúsculos seres vivientes tienen muy poco en común con los clásicos gusanos de tierra o lombrices. En su mayoría, los gusanos que invaden las castañas son larvas de polilla o gorgojo. En esta fase de su vida, antes de la metamorfosis, nacen y se alimentan en exclusiva de la carne del fruto otoñal (carpófagos), hasta que alcanzan el tamaño suficiente como para salir y mutar a adultos.

En general, estos gusanos no representan un peligro para la salud. Aunque puede ser una experiencia bastante desagradable encontrar uno dentro de tu castaña, no son venenosos ni causan daños graves si se consumen accidentalmente. Aunque siempre es mejor evitarlos.

¿Cómo evitar a estos intrusos?

Antes de preparar castañas, es recomendable hacer una revisión cuidadosa. La cáscara de las castañas puede revelar señales de que han sido perforadas por pequeños insectos, como el Curculio elephas o el Laspeyria flexula, que dejan agujeros al entrar o salir de la cáscara. Si notas marcas, es un indicio de que algo no está bien.

Un truco infalible es sumergir las castañas en agua: las que flotan suelen ser las más problemáticas, ya que pueden estar vacías o infestadas con larvas. También, al golpear las castañas, las que suenan huecas podrían ser las más vulnerables, ya que indican que algo en su interior no está bien. Sin embargo, esta prueba no es infalible. Si tienes dudas, lo mejor es abrirlas y comprobar su interior antes de tirarlas.

El espectacular beneficio para la salud

Además de su sabor ligeramente dulce y su increíble versatilidad, las castañas tienen numerosos beneficios para la salud. A diferencia de otros frutos secos, son ricas en vitamina C. De hecho, media taza de castañas crudas (algo más de 100 gramos) nos aporta entre el 35 y el 45% de la ingesta diaria recomendada de vitamina C, ayudando a fortalecer el sistema inmunológico durante los meses fríos.

También, aportan energía, ayudan a regular el sistema digestivo gracias a su fibra y a fortalecer los huesos por su calcio y fósforo, También protegen el sistema cardiovascular al tener bajo contenido de grasa y son ricas en vitaminas del grupo B y minerales como potasio y magnesio.

Una tradición… con precaución

La magia de las castañas asadas, con su sabor y aroma inconfundibles, sigue siendo una de las costumbres más queridas de invierno. A pesar de los pequeños imprevistos nada debe empañar la alegría de compartir este pequeño placer navideño con los seres queridos.

Así que, antes de disfrutar de esa castaña calentita, bien vale echarle un ojo y que la tradición siga viva.

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