El pasado sábado 25 de enero, una familia visitó la granja escuela Diadegranja en Reus (Tarragona) y terminó llevándose a una de sus suricatas, llamada Bosc.
LA FAMILIA, CÓMPLICE
Según las grabaciones de las cámaras de seguridad, un niño de la familia, de unos 12 años, entró en el espacio de las suricatas y atrapó al animal usando una chaqueta, mientras el padre observaba desde afuera y lo felicitaba con un gesto en la espalda.
El personal del centro notó la ausencia de Bosc al realizar la distribución de comida, alrededor de las 16:00 horas. Tras revisar las cámaras, lograron identificar a los responsables y la matrícula del vehículo en el que huyeron. Gracias a esta información, los Mossos d'Esquadra localizaron a la familia. En un principio, negaron haber sustraído al animal, pero finalmente admitieron los hechos. Bosc fue devuelto al centro esa misma noche, cerca de las 22:00 horas, visiblemente asustado pero en buen estado.
Sara Ulloa, directora de la granja escuela, explicó que este tipo de incidentes nunca había ocurrido en sus 13 años de historia y confirmó que el animal ya se encuentra sano y salvo con el resto de suricatas del recinto.
LA SURICATA
La suricata (Suricata suricatta) es un pequeño mamífero perteneciente a la familia de los mangostanes. Es originaria de las regiones desérticas y semidesérticas del sur de África, en países como Botsuana, Namibia, Sudáfrica y Angola. Estos animales viven en grupos familiares llamados "clanes" o "pandillas", que suelen estar compuestos por entre 10 y 30 individuos.
De tamaño pequeño, las suricatas pesan alrededor de un kilo y miden entre 25 y 35 centímetros, excluyendo la cola. Su dieta se basa principalmente en insectos, aunque también consumen pequeños reptiles, huevos y plantas. Son conocidas por su distintiva postura de vigilancia, permaneciendo erguidas sobre sus patas traseras para detectar posibles depredadores.
SE ESTRESAN FÁCILMENTE
El manejo de las suricatas en cautiverio debe realizarse con sumo cuidado, ya que son animales sociales y pueden estresarse fácilmente fuera de su grupo. El intento de llevarse a Bosc no solo puso en riesgo al animal, sino que también demostró la necesidad de reforzar la protección y el respeto por la fauna en centros educativos y recreativos.