1 de noviembre 2025 - 11:10hs

Por las calles de Madrid, entre mochilas escolares y colectivos que llegan puntuales, una madre y su pequeña hija se convirtieron en "traductoras" entre el español castizo y el castellano rioplatense.

La influencer Julieta Forcato y su hija Lina —cordobesas de Río Cuarto— son ya un fenómeno en redes sociales: sus videos comparando las palabras argentinas y españolas combinan humor, ternura y choque cultural.

Lina tiene 10 años y una tonada cordobesa intacta, pero cuando cruza la puerta del colegio, se convierte en una madrileña más.

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Su acento, sus formas, sus modismos, la z pronunciada como tal: sus amigos españoles no sospecharon durante un largo tiempo que, en realidad, cuando llega a su casa cada día, vuelve a hablar bien argentino.

“Es como que tengo dos idiomas”, dice riéndose con total naturalidad. En sus videos, Lina le explica a su mamá que no se dice "nafta", sino "gasolina", que no se dice "auto", sino coche, o que no se dice "está lleno de gente", sino "está petado". La lista es infinita.

Julieta, una mamá con apenas 31, la mira con un orgullo que no necesita palabras. “En realidad empezamos a hacer videos porque yo no entendía nada —cuenta—. Ella me iba enseñando y dijimos: bueno, hagamos un video para ver si la gente también aprende español a español”.

Y lo que empezó como una broma doméstica terminó explotando. Hoy las reconocen en la calle, y no sólo chicos. “Más de la edad de mamá”, dice Lina entre risas, recordando cómo una señora la saludó camino al cole mientras ella todavía bostezaba.

Embed - Así no se dice

El dúo madre-hija tiene una dinámica de sitcom improvisada: Julieta trabaja ocho horas en la administración de salones de belleza en Madrid, hace streaming, edita videos y todavía encuentra tiempo para acompañar a Lina a castings y clases de baile. “Soy madre, laburante, streamer y productora, todo junto”, dice, sin dramatismo.

Lina, mientras tanto, sueña con ser actriz o streamer. “Quiero ser como mi mamá”, asegura muy determinada.

Y su madre, sin querer, ya le allanó el camino. “Yo antes daba clases de baile en Río Cuarto, pero nunca hablaba frente a cámara. Ahora con el stream me solté. Igual el centro de atención es ella”, añade Julieta, a minutos de ingresar al estudio de Streaming Barro, en las afueras de Madrid, donde comenzó un nuevo proyecto semanal con otros influencers.

Detrás de cada palabra mal entendida hay una historia de adaptación. Porque más allá de las risas, lo que cuentan sus videos es la aventura de emigrar: ese salto al vacío donde las costumbres se mezclan, los acentos se confunden y los afectos se reinventan. “Somos jóvenes —dice Julieta—, y si no lo hacíamos ahora, ¿cuándo? Fue una aventura. Y por ella, por la seguridad, por el cole, por todo”.

Lina lo resume más simple: “Yo no me quiero volver. Estoy bien acá”. Y cuando lo dice, no hay nostalgia, sino una certeza chiquita, sólida, de quien ya entiende que el hogar puede tener varios acentos.

Julieta y Lina no solo traducen palabras, traducen emociones: lo que se siente ser de un lugar y empezar a ser de otro. Entre biromes, bolis y mates compartidos en Madrid, construyeron su propio idioma familiar: el del amor, el humor y la valentía de irse, pero sin perder la tonada.

Y como diría Lina, con esa lógica simple que desarma: “No pasa nada. Extrañás un poquito o mucho, pero lo llevás. Es una aventura… y es divertida.”

Barro TV, el canal detrás de la historia

La historia de Julieta y Lina también se cruza con una movida más grande: el nacimiento de un nuevo espacio de streaming hecho por argentinos en España.

Después de varios meses de trabajo, los argentinos Federico Khaski Gragliay Gerardo Javier Khaski, lanzaron desde los estudios Infinia en Madrid un canal de streaming con una propuesta distinta: “Barro TV”.

Su lema lo dice todo: Ideas incómodas, sin filtro y sin permiso. La apuesta es meterse “en el barro” de todo tipo de temas —entretenimiento, maternidad, fútbol, gastronomía, lifestyle y más— con una estrategia clara: crear contenido de nichos que, juntos, forman un nuevo mainstream.

A pesar de ser un canal joven, sus primeros programas ya lograron un impacto inesperado: algunos cortes alcanzaron casi medio millón de visualizaciones, una cifra inusual para un proyecto recién nacido. Y su alcance no se detiene en España: ya se están tejiendo conversaciones para extender la comunidad hacia Latinoamérica, México y Estados Unidos, consolidando una red de contenido hecho por y para el mundo hispano.

En ese ecosistema, Julieta y Lina encontraron un lugar natural: el de los que cuentan historias de migrar, adaptarse y reírse de las diferencias. Porque si algo demuestra su éxito es que el humor —como la lengua— también se reinventa cada vez que alguien cruza el océano.

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