La Iglesia Católica detecta un repunte de los bautizos de adultos en España, mientras caen el resto de los sacramentos
Son datos recogidos en la Memoria anual de actividades de la Iglesia dado a conocer este jueves. Aseguran que las cifras demuestran que las vías de entrada a la fe están mutando: menos herencia cultural y más decisión adulta.
Madrid — La Iglesia católica cerrará 2024 con un retrato estadístico que confirma la tendencia de los últimos años: la práctica sacramental continúa a la baja en España. Pero entre los descensos generalizados hay un dato que rompe la curva y que, según fuentes eclesiales, merece una lectura más profunda. Los bautismos de adultos —mayores de siete años— crecieron un 12,5 %, convirtiéndose en el único sacramento al alza.
La Memoria anual de actividades de la Iglesia, presentada este jueves, muestra que el número total de bautizos disminuyó un 4 %, de 152.426 en 2023 a 146.370 en 2024. Sin embargo, dentro de ese retroceso global se esconde una excepción significativa: 13.323 de esos bautismos correspondieron a adultos, casi un 10 % del total, y muy por encima de los 11.835 registrados el año anterior.
El resto de sacramentos sigue la senda descendente que la Conferencia Episcopal atribuye al “movimiento natural de la población” y a los cambios demográficos que vive España. Las primeras comuniones bajaron casi un 5 % (154.677, frente a 162.580 en 2023), las bodas descendieron un 6 % (31.462), y las confirmaciones —que el año pasado habían repuntado— retrocedieron un 3,4 %, con 103.535 celebraciones.
La responsable de la Oficina de Transparencia, Ester Martín, subraya que estas cifras responden a transformaciones sociales y demográficas ya consolidadas. Pero el aumento de bautismos adultos introduce un matiz que desde distintas diócesis se interpreta como un fenómeno creciente: la incorporación tardía de personas que se acercan a la Iglesia desde procesos personales más conscientes, a menudo tras itinerarios catecumenales ligados a experiencias comunitarias o a búsquedas espirituales no vinculadas a la tradición familiar.
Aunque la Iglesia evita hablar de un cambio de tendencia, el dato abre un espacio de contraste en un panorama dominado por el declive. Y apunta, según varios analistas religiosos, a que las vías de entrada a la fe están mutando: menos herencia cultural y más decisión adulta. En un año de cifras a la baja, esa señal adquiere un peso simbólico inesperado.