6 de septiembre 2025 - 13:14hs

Con un verano más caluroso de lo habitual en España, los refugios climáticos se han convertido en una solución esencial para miles de ciudadanos que buscan refugio del calor extremo. Desde las colas frente al Círculo de Bellas Artes de Madrid hasta las iglesias y centros sociales que ofrecen su espacio como alivio, estos puntos de resguardo están siendo cada vez más demandados para sestear, trabajar, leer, jugar o simplemente hidratarse

En un contexto donde las olas de calor se intensifican debido al cambio climático, la necesidad de estos refugios ha puesto de relieve la falta de infraestructura adecuada en muchas ciudades españolas. Según Greenpeace, solo tres de cada diez capitales españolas cuentan con refugios climáticos en su red municipal, lo que deja a muchas poblaciones desprotegidas ante el riesgo de temperaturas extremas.

En respuesta, el Gobierno ha aprobado una propuesta de pacto de Estado frente a la emergencia climática, que incluye la creación de una red de refugios climáticos e infraestructuras verdes para proteger a la población de las olas de calor.

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Refugios en espacios inusuales: iglesias, centros culturales y sociales

Las iglesias, normalmente asociadas a la espiritualidad, han demostrado ser aliados inesperados en la lucha contra el calor. La parroquia de San Nicolás en Bilbao, por ejemplo, ha experimentado un notable aumento de personas buscando refugio del calor. Agustín, responsable de la iglesia, comenta que, aunque algunos visitan el lugar para rezar, la mayoría lo hace para escapar del calor.

“Las piedras de los muros pueden reducir la temperatura hasta 12 grados”, señala, lo que convierte a este templo en un oasis en medio de la ola de calor. El comportamiento de los visitantes varía, desde quienes permanecen durante horas hasta los que simplemente hacen una breve pausa.

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Iglesia de la Sagrada Familia en Gaza

Iglesia de la Sagrada Familia en Gaza

El calor también ha llevado a una adaptación sorprendente en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde 55.000 personas ya han aprovechado su refugio climatizado.

Santiago Hernández, del área de Desarrollo Estratégico, destaca que el espacio ofrece no solo alivio contra el calor, sino también oportunidades para trabajar, relajarse e incluso descansar en el ‘siestódromo’.

“Es un lujo común”, resume Hernández sobre el refugio, que se mantiene a unos agradables 27 grados durante las horas más calurosas.

El calor como riesgo laboral

Además de ser una respuesta a las altas temperaturas, los refugios climáticos también se han convertido en una herramienta para abordar el riesgo laboral asociado con el calor extremo.

En Jaén, el sindicato Comisiones Obreras ha abierto sus instalaciones como refugio para los trabajadores expuestos al calor. Manuela Barajas, secretaria de Salud Laboral del sindicato, enfatiza que el calor extremo debe ser reconocido como un riesgo laboral.

“La gente entra a refrescarse, no solo quienes trabajan en la calle, sino también aquellos que no cuentan con las condiciones adecuadas en sus empresas”, comenta. En este sentido, los refugios no solo brindan alivio físico, sino también un espacio para reflexionar sobre la necesidad de condiciones laborales más seguras.

Anticiparse al calor: un desafío para el futuro

El verano de 2025 ha puesto en evidencia la necesidad de anticiparse al calor. Elvira Jiménez, experta de Greenpeace, subraya que las administraciones deben prepararse con antelación, identificando espacios adecuados y priorizando los barrios más vulnerables.

“No se puede esperar a que el verano llegue. Debemos prepararnos como si se tratara de un incendio”, señala.

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Puerta del Parque del Retiro de Madrid en la esquina de las calles O'Donnell y Menéndez Pelayo, abierto en la fase 1 de la desescalada, cuya entrada supone la apertura de los grandes parques de Madrid, que permanecían cerrados para evitar aglomeraciones, y que se suman a los recintos de distrito con menos dimensiones.
Puerta del Parque del Retiro de Madrid en la esquina de las calles O'Donnell y Menéndez Pelayo, abierto en la fase 1 de la desescalada, cuya entrada supone la apertura de los grandes parques de Madrid, que permanecían cerrados para evitar aglomeraciones, y que se suman a los recintos de distrito con menos dimensiones.

Este verano también ha demostrado que zonas del norte, tradicionalmente menos afectadas por el calor extremo, han estado en alerta.

Por lo tanto, se hace urgente extender los refugios climáticos a todo el territorio español.

Greenpeace aboga por garantizar que estos espacios sean gratuitos, algo que ya se está haciendo en ciudades como Barcelona, donde se habilitan micro-refugios en comercios locales.

Una solución temporal, pero necesaria

El aumento de la temperatura y sus efectos sobre la salud, que van desde el agotamiento físico hasta problemas renales y cardiovasculares, hace que los refugios climáticos no sean solo una medida puntual, sino una solución imprescindible ante un futuro donde las olas de calor se volverán más frecuentes y peligrosas.

La creciente demanda de estos espacios refleja la urgencia de crear una infraestructura que permita a la población no solo sobrellevar los calores extremos, sino también adaptarse a un mundo cada vez más afectado por el cambio climático.

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