La 61ª edición cerró con una imagen inesperada que encapsula las tensiones actuales en la relación transatlántica. Christoph Heusgen, presidente del evento, no pudo contener las lágrimas al expresar su preocupación por el discurso del vicepresidente estadounidense JD Vance, marcando un final simbólico para una cumbre plagada de tensiones geopolíticas.