A seis meses de asumir el cargo, el presidente de Bolivia Rodrigo Paz se encuentra asediado por protestas y bloqueos que mantienen cercada a la capital política del país. Tras dos semanas de cortes de rutas liderados por la Central Obrera Boliviana (COB), sindicatos campesinos y sectores mineros, el ingreso de alimentos y combustible a La Paz continúa paralizado. Las medidas de fuerza persistieron este sábado y la jornada terminó en violentos enfrentamientos entre la policía y los manifestantes, quienes exigen la renuncia del mandatario ante la falta de respuestas a la crisis económica.
El sábado, el gobierno ordenó un amplio despliegue militar y policial para liberar los accesos principales a la capital. El operativo se extendió por más de 12 horas y movilizó a unos 3.500 efectivos en La Paz, El Alto y la ruta hacia Oruro. Las fuerzas estatales intentaron dispersar con gases lacrimógenos a los manifestantes, sin embargo la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) reportó que en la madrugada de este domingo aún persistían 22 puntos de bloqueo, la mayoría concentrados en el departamento paceño.
La Defensoría del Pueblo informó a media jornada que al menos 57 personas fueron detenidas, de las cuales 47 aún se mantenían bajo custodia por la tarde. Además se reportaron cinco heridos.
Ciudad cercada
Con casi todas las rutas de acceso bloqueadas, los precios de los alimentos perecederos se dispararon durante la última semana en los mercados de La Paz, sede de los poderes Ejecutivo y Legislativo.
Ante el desabastecimiento, el gobierno activó un "puente aéreo" desde el domingo 10 para sortear los cercos viales y abastecer a la ciudad con carne y verduras, una estrategia recurrente en el país ante este tipo de medidas de presión.
Protestas en Bolivia. AFP 2
El viernes, Argentina, Chile, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Panamá, Paraguay y Perú emitieron una declaración conjunta sobre “la situación humanitaria” en Bolivia y rechazaron “toda acción orientada a desestabilizar el orden democrático y alterar la institucionalidad” en el país andino, al tiempo que exhortaron “a los actores políticos y sociales a privilegiar el diálogo y la paz social”.
Asimismo, el gobierno boliviano agradeció el apoyo del presidente argentino Javier Milei por el envío de dos aviones Hércules para tareas humanitarias.
Los motivos detrás de las protestas
Inicialmente, las protestas se centraban en demandas sectoriales. La COB y los maestros públicos exigían aumentos salariales, los campesinos reclamaban el abastecimiento de combustible, y el sector minero negociaba de forma independiente el acceso a nuevas áreas de explotación. Sin embargo, en los últimos días el conflicto escaló y varios sectores comenzaron a pedir la renuncia del presidente, que no tiene mayoría en el Legislativo ni un partido fuerte que lo respalde.
El gobierno de Paz alcanzó acuerdos con los maestros urbanos y con un sector de los trabajadores de El Alto, uno de los focos más conflictivos de las protestas. Sin embargo, la COB llamó a sus miembros a reforzar las medidas de presión.
"Salgamos a las calles a protestar porque lastimosamente el gobierno central no va a entender de otra manera", dijo Mario Argollo, máximo representante de la COB, en un video difundido por medios locales.
La respuesta del gobierno
"Las demandas reivindicativas han sido atendidas en gran medida conforme a la realidad, pero hay fuerzas oscuras que buscan desestabilizar la democracia", dijo el vocero de la oficina presidencial, José Luis Gálvez, en alusión al expresidente Evo Morales. El gobierno acusa a partidarios de Morales de estar detrás de las manifestaciones.
Galvez informó que después del operativo del sábado distintos cargamentos consiguieron entrar a La Paz. "El objetivo central de este operativo era tener estos insumos (medicinas, combustibles, alimentos) de manera inmediata en nuestra ciudad (...). Estamos más que satisfechos", dijo en una conferencia de prensa.
Rodigo Paz - 20-11-25 - EFE
Paz sostiene que heredó un "Estado quebrado", pero sus adversarios le reprochan su lenta respuesta ante la peor crisis de los últimos 40 años con escasez de combustibles y una inflación que el año pasado bordeó el 20%.
"Estamos en la anomia, no se avanzó en la agenda de cambio", dijo el expresidente Jorge Quiroga, quien compitió en el balotaje contra Paz, al tiempo que advirtió que "hay un movimiento subversivo que quiere cortar un mandato fresco".
¿Está Morales detrás de las protestas?
Desde 2024, Evo Morales permanece dentro en su bastión cocalero del Chapare, en el centro de Bolivia, evadiendo una orden de detención por no presentarse ante la justicia en una causa que lo investiga por el presunto abuso de una menor en 2016. A este expediente se sumó, el pasado lunes, un nuevo pedido de arresto bajo los mismos cargos.
Evo Morales. AFP
Evo Morales incentiva el voto nulo para las elecciones presidenciales de 2025.
AFP
El Movimiento al Socialismo (MAS), fuerza que gobernó el país durante las últimas dos décadas, primero bajo el liderazgo de Morales y luego con Luis Arce, sufrió una dura derrota electoral el año pasado, consecuencia de la cruenta fractura interna entre ambos líderes.
"El gobierno y la derecha dicen que soy un cadáver político y que no tengo capacidad de movilizar a nadie, pero me siguen culpando… mientras no se atiendan las demandas estructurales como combustible, comida e inflación no se frenará la sublevación", dijo Morales en la red social X.
Temiendo una posible captura de Morales, campesinos afines al expresidente tomaron también el sábado el aeropuerto de Chimoré, en la zona cocalera del Chapare, en Cochabamba, informó en X Mauricio Zamora, ministro de Obras Públicas.
Protestas en Bolivia. AFP 3
Un partido fragmentado y una economía en crisis
El fin de la hegemonía del MAS dejó al sistema político boliviano profundamente fragmentado y huérfano de una fuerza dominante. En ese escenario, Paz se alzó con una sorpresiva victoria electoral. Sin embargo, el Partido Demócrata Cristiano (PDC), que lo llevó a la presidencia, se dividió rápidamente en el Legislativo. Para complicar aún más su gobernabilidad, el mandatario mantiene un conflicto abierta con su vicepresidente, el expolicía Edman Lara.
Paz arrancó con fuerza su mandato y se abrió al mundo para romper el aislamiento internacional del MAS. Así logró promesas de inversiones y créditos, pero no todos se materializaron.
Como primera medida puso fin al subsidio a los combustibles, lo que hizo subir el precio de la gasolina y del diésel, pero sin que se produjeran protestas en una población cansada de la escasez anterior. Pero el gobierno importó gasolina de baja calidad que desató protestas de los transportistas por daños a sus vehículos que forzaron la renuncia del ministro de Hidrocarburos.
La falta de dólares sigue castigando a la economía y las reformas estratégicas prometidas por Paz están demoradas.