Qué pasa si Maduro resiste la presión de Trump: el costo para Washington y la oposición venezolana
La permanencia del mandatario venezolano en el poder pondría en entredicho el objetivo de Washington de reafirmar su influencia en el hemisferio y abriría un ciclo de mayor represión en Venezuela y fortalecimiento del régimen.
Ante una marcha de simpatizantes, Nicolás Maduro advirtió en tono desafiante este lunes que “no nos podrán sacar jamás” del camino de la revolución. Si el mandatario venezolano logra resistir la presión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el costo será doble: para Washington, una pérdida de credibilidad en su política hemisférica; para la oposición venezolana, una derrota que abriría paso a mayor represión y a la consolidación definitiva del régimen.
La administración Trump considera a Maduro, al igual que una larga lista de países, un presidente ilegítimo que se reeligió mediante un fraude electoral. En paralelo, lo acusa de liderar un cartel narcoterrorista y mantiene un poderoso despliegue militar frente a las costas de Venezuela. Trump incluso sostuvo una conversación telefónica con Maduro en la que le dio plazo hasta el pasado viernes para abandonar el poder, según reveló Reuters.
Nicolás Maduro y Donald Trump.AFP
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El gobernante venezolano habría planteado la posibilidad de apartarse de la jefatura del Estado, pero a cambio de una amnistía para él, su familia y más de un centenar de colaboradores, la suspensión del proceso que lleva adelante la Corte Penal Internacional y la permanencia de Delcy Rodríguez, actual vicepresidenta, al frente de un gobierno interino.
Todas estas condiciones habrían sido rechazadas por Trump en una muestra de que aparentemente no busca una transición pactada en Venezuela.
Analistas advierten que, si Maduro decide aferrarse al poder, su salida exigiría que Estados Unidos pasara de la estrategia de presión a una acción armada capaz de derrocar al régimen. Sin embargo, ese escenario sigue siendo incierto en un contexto marcado por la falta de consenso interno en Washington sobre un eventual cambio de gobierno en Venezuela y por el lobby de actores como Chevron, que mantiene operaciones en el sector petrolero venezolano.
“Nadie considera posible una invasión militar a gran escala que implique no sólo la caída de Maduro, sino un cambio de gobierno. Venezuela es un país muy grande, con una geografía complicada, y podría derivar en una guerra de guerrillas o incluso en convertirse en un Estado fallido”, señala Juan José Arteaga, ex embajador de Uruguay en Venezuela.
A la herencia de Hugo Chávez —el control de poderes y organismos clave— Nicolás Maduro sumó una alianza estrecha con las Fuerzas Armadas y los cuerpos de seguridad, consolidada en la llamada “unión cívico-militar-policial”.
Maduro en un campo de entrenamiento militar en Caracas - AFP
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Maduro convirtió a los militares en socios con intereses económicos y políticos, les otorgó protagonismo en sectores estratégicos, amplió su presencia en el gabinete y les concedió injerencia en la conducción del partido de gobierno. Reforzó la vigilancia interna con apoyo cubano, multiplicó los altos mandos para fragmentar decisiones y extendió el poder de grupos armados que operan como fuerza paralela. En este escenario, hasta ahora no se ha registrado señal alguna de quiebre en el respaldo militar.
Doctrina en jaque
La permanencia de Maduro pondría en entredicho la estrategia de la administración Trump, sintetizada por expertos como una reedición de la Doctrina Monroe y orientada a reafirmar la influencia de Washington en el hemisferio.
La historiadora Alejandra Martínez sostiene que la permanencia de Maduro tendría un impacto directo sobre la estrategia hemisférica del presidente estadounidense: “Toda esta idea de Trump de hacer una doctrina Monroe 2.0 y de alinear a la región a los intereses de Estados Unidos tendría un revés importante” que limitaría su capacidad de acción a lo externo.
En paralelo, agrega, una victoria de la izquierda en Brasil y Colombia en las elecciones del próximo año, junto al gobierno de México, podrían dar inicio a una reconfiguración regional que dejaría a Estados Unidos en una posición geopolítica más débil. Para Martínez, el contraste es claro: mientras Rusia y China ganan terreno, Washington lo perdería en su propio hemisferio, lo que “plantearía consecuencias muy graves de cara al futuro”.
Arteaga advierte que la permanencia de Maduro “sería un éxito para China y, en mayor medida, para Rusia”, y agrega que “también le daría respiro a Cuba, porque si cae el régimen venezolano, Cuba peligra”.
Maduro con Xi en China - 2023 - EFE
Maduro con el presidente chino, Xi Jinping
EFE
La permanencia de Maduro en el poder representaría para China y Rusia una victoria geopolítica en América Latina con un costo mínimo. China ha continuado comprando el petróleo venezolano a pesar de las sanciones de Estados Unidos y Rusia ha colaborado con el mantenimiento de aeronaves y sistemas de misiles tierra-aire en Venezuela, pero no ha habido ofrecimiento de ayuda militar en términos relevantes.
Moscú continúa absorbida por la guerra en Ucrania y Pekín procura contener el desbalance de su economía. Al mismo tiempo, ambos países mantienen negociaciones con Washington sobre acuerdos comerciales de gran alcance y no parecen dispuestos a poner en riesgo esos intereses. En paralelo, el plan de paz impulsado por el gobierno de Donald Trump para resolver el conflicto en Ucrania refuerza el incentivo para que Rusia evite comprometerse de manera más directa en la defensa de Maduro.
Otro elemento a considerar es que la continuidad de Maduro supondría un revés político para Trump y afectaría directamente a Marco Rubio, secretario de Estado y principal promotor de la necesidad de desplazar del poder al mandatario venezolano.
“Sería un fracaso personal de Trump, que en parte podría deberse a la variedad de objetivos, a la complejidad y a la poca claridad con la cual ha expresado cuál es el objetivo esencial de Estados Unidos con esta alta presencia militar en el Caribe”, señala Arteaga.
Impacto interno
Más allá de las implicaciones geopolíticas, la permanencia de Nicolás Maduro tendría un impacto profundo dentro de Venezuela. La coyuntura le permitiría al régimen reforzar su narrativa de resistencia, intensificar los mecanismos de control y redefinir el horizonte político con consecuencias directas sobre la población y la oposición.
Nicolás Maduro (2) 1-12-25 - AFP
Maduro en una marcha con simpatizantes en Caracas
AFP
El sociólogo Rafael Uzcátegui, director de la ONG Laboratorio de Paz, explica que “las consecuencias serían muy difíciles para la población”. En su visión, el mandatario obtendría por primera vez un barniz de legitimidad tras el fraude electoral en las elecciones presidenciales de 2024, al presentarse ante el mundo como el “paladín de la resistencia antiimperialista”, narrativa que dominaría los próximos años.
Ese escenario implicaría una ofensiva represiva contra quienes el gobierno acuse de haber “alentado una invasión”, con un nuevo pico de migración forzada de líderes sociales y políticos. Uzcátegui señala además que se retomaría formalmente el proyecto de instaurar un Estado Comunal, mientras la falta de efectos del uso de la fuerza generaría un repliegue definitivo de buena parte de la sociedad, en lo que describe como “la peor derrota emocional de los últimos años”.
“No tendríamos a la vista ningún hito de movilización y organización de las fuerzas democráticas, por lo que habría que esperar hasta el año 2030” en que terminaría el actual período presidencial de Maduro, añade Uzcátegui.
Está por verse si, ante los costos políticos y estratégicos que implicaría la permanencia de Nicolás Maduro, Donald Trump estará dispuesto a dar el paso que hoy se considera altamente improbable: una acción militar a gran escala en Venezuela.